
El flamenco, de duelo
A los 67 años murió el bailarín considerado heredero de Carmen Amaya y el cultor de la sensibilidad del folklore español
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MADRID (EFE).- El bailarín y coreógrafo español Antonio Gades murió ayer en Madrid, a los 67 años, víctima de un cáncer que padecía desde hace varios años, informaron fuentes próximas a la familia. Gades falleció en el hospital Gregorio Marañón, de la capital de España, en donde estaba internado desde hacía varias semanas.
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Murió Antonio Gades, y al conocer esta lamentable noticia cientos de imágenes de su arte empañan los ojos de los espectadores porteños que tuvieron la oportunidad de ver sus espectáculos. Desde su primera presentación en Buenos Aires, en 1966, el éxito lo acompañó y nunca vaciló en regresar con su baile a esta ciudad porque el público siempre le respondió.
Mencionar que era un artista, coreógrafo, bailarín de flamenco, es hablar solamente de algunas de sus facetas profesionales. Por sobre todas las cosas, Gades era un creador, un hombre que podía registrar en su cuerpo la sensibilidad dramática de su pueblo que sacudía la emoción del público.
Era un bailarín sobrio que no necesitaba recurrir a los gestos ampulosos ni al guiño acrobático para demostrar su arte. Apenas un gesto de su mano y la fuerza de su mirada alcanzaban para traducir físicamente la fuerza de los textos de los grandes clásicos españoles, con los cuales se sentía totalmente identificado. No en vano el éxito que consiguió sobre el escenario logró trasladarlo a la pantalla grande, instancia en la que subrayó sus grandes dotes dramáticas. Por esta misma razón fue un maestro que marcó la senda a los bailarines de generaciones posteriores.
En lo personal era un hombre íntegro que no tenía empacho en ser señalado por sus firmes convicciones morales y políticas, que desarrolló bajo una premisa que sostuvo hasta sus últimos días: antes de la estética, está la ética.
Así vivió y así murió.
Antonio Esteve Ródenas había nacido el 16 de noviembre de 1936, muy cerca del Mediterráneo, en Elda, en la provincia de Alicante.
Descubrió su inclinación artística con Pilar López, maestra que lo descubrió -según decía el bailarín- por casualidad, en la década de los cincuenta, en un Madrid de posguerra y penalidades. "Por mis venas no corría la sangre del arte. Por mis venas circulaba la anemia provocada por el hambre", declaró en varias ocasiones este hombre de gran magnetismo, que vivió sin arrepentirse de nada y que valoraba la humildad por encima de cualquier otra virtud.
A comienzos de los años 50 escenificó con la compañía de Pilar López "El sombrero de tres picos", "El amor brujo" y el "Concierto de Aranjuez", entre otras. Durante estos años, además, creó su primera coreografía, "Ensueño". Además de bailarín, Gades trabajó como actor en las obras "El hospital de los locos" y "La historia de los tarantos".
Incursionó en el cine bajo la dirección de Carlos Saura en "Bodas de sangre" (1981), "Carmen" (1983) y "El amor brujo" (1985).
En 1962 se trasladó a Roma para crear el ballet "Bolero" y posteriormente participó en el Festival Due Mondi, de Spoleto, donde intervino en la versión de "Carmen" y filmó una película con Vittorio Gassman.
Tras su estancia en Italia regresó a España, pero se volvió a marchar en 1964 para estar presente en el pabellón español de la Exposición de Nueva York. Esa participación le valió la Medalla de Oro al Mérito Turístico, pero no consiguió el mismo éxito con su adaptación de "Don Juan", en el Teatro de la Zarzuela.
El gran bailarín compartió escenarios con Carla Fracci y Rudolf Nureyev, donde obtuvo grandes reconocimientos a su arte, y, en 1969, armó su propia compañía: una cooperativa de poco más de una decena de integrantes que presentó en París y con la que mereció, en 1970, el Premio Nacional de Teatro. Con esta compañía, Antonio Gades paseó "El amor brujo" por los escenarios de Europa, América y Asia, y posteriormente su versión de "Bodas de sangre", en 1974, que lo consagró internacionalmente. Sin embargo, un año después anunció su retirada y más tarde la disolución de la compañía.
Tras el fin del régimen franquista aceptó dirigir, en 1978, el Ballet Nacional de España (BNE), hasta su cese, el 3 de marzo de 1980, fecha en la que se produjo la disolución del ballet por considerarse que no poseía entidad jurídica.
El 20 de diciembre de 1994 estrenó "Fuenteovejuna", su último espectáculo, una adaptación de José Manuel Caballero Bonald sobre el texto de Lope de Vega, espectáculo que presentó, a sala llena y ovacionado, en el Luna Park de Buenos Aires, la última visita que el bailarín hizo a la ciudad.
En 2001, a los 65 años y ya sometido a un estrecho control médico, volvió a los escenarios con el Ballet Nacional de España para montar otra vez este último espectáculo, que fue considerado mundialmente una de sus creaciones históricas. Con este montaje de "Fuenteovejuna", Gades habló de "la solidaridad contra el poder", una obra "comprometida", como lo fue él mismo, heredero declarado de "mayo del 68".
El mismo confesó en 2002, tras dos años de convalecencia, que pidió a los médicos que le desconectaran tubos y cables, y que fue entonces, entre hospital y hospital, cuando pasó revista a su vida, pensó en sus cinco hijos y en su nieto.
Después de su unión con la tonadillera Marujita Díaz, que duró 20 meses, formó pareja con la bailarina de TVE Sandra Lebrouch. Posteriormente, Gades inició su relación con Pilar San Clemente, miembro de su compañía que conocía desde 1957, y con quien tuvo dos hijos, Elsa e Ignacio. Se separaron en 1971 y dos años después se unió a Pepa Flores "Marisol", con quien tuvo tres hijas: María, Tamara y Celia. Con ella rodó en 1977 la antes citada, "Los días del pasado", bajo la dirección de Mario Camus.
Desde hace unos meses estaba casado con Eugenia Eiriz, la persona que ha estado junto al bailarín en los momentos más difíciles de la enfermedad. Pocas veces Gades habló de su dolencia y fue parco en palabras con la prensa. El sabía hablar con los pies, comentaba, aunque también con su expresión, que lo llevó a encarnar personajes de raza en la pantalla grande, donde formó un inédito tándem con el director de cine Carlos Saura.
Fueron sobre todo tres películas, una trilogía, que antes había presentado en escena: "Bodas de sangre", "Carmen" y "El amor brujo", en las que el director español -quien veía en Gades a uno de los más perfectos representantes del flamenco- retoma la "tradición culta" de este arte (ver aparte).
Ovacionado en todo el mundo, Gades es uno de los bailarines más premiados de España (medalla del Círculo de Bellas Artes de Madrid, el premio Vicente Escudero de danza y coreografía y el premio Carmen Amaya, de quien se lo consideraba heredero directo), aunque tantos reconocimientos no le hicieron perder nunca el miedo a las tablas.
Una de sus últimas apariciones públicas fue a principios de junio, cuando recibió de manos de Fidel Castro, en Cuba, la Orden José Martí en reconocimiento a su carrera y a su "fidelidad" a la revolución cubana.
Antes de su muerte, Antonio Gades pidió a sus hijas y a su viuda que transmitieran "su más sincero agradecimiento a todos aquellos que han admirado y apoyado su obra". Por decisión del artista, su cuerpo será incinerado en la más estricta intimidad.
Su participación en el mundo del cine
La aparición de Antonio Gades en el mundo del cine se remonta a principios de los años 60, cuando Francisco Rovira Beleta lo convocó para ser parte del elenco de "Los tarantos" (1963), una impresionante versión -libre y gitana- de "Romeo y Julieta" escrita por el dramaturgo Alfred Mañas, éxito teatral en los años 50, donde encarnó a Mojigondo (el equivalente de Mercuccio), junto a Carmen Amaya. Desde ese momento el apuesto bailarín comenzó a ser observado por los productores. Jean Negulesco lo incluyó en un número musical de "En busca del amor" (1964), ambientada en Madrid, muy pero muy por detrás de Ann Margret y Tony Franciosa. A mediados de los años 60, en un nuevo cimbronazo del cine hispano en su intento por salir del esquema de censuras impuesto por el franquismo, apareció en "Con el viento solano" (1966), de Mario Camus; "Ultimo encuentro" (1967), de Antonio Eceiza (en la que incluso bailó tango); "El amor brujo" (1967), versión de Rovira Beleta; "Fortunata y Jacinta" (1970); "Los días del pasado" (1978), de Camus, y, finalmente, fue dirigido por Carlos Saura en una memorable trilogía danzada que convenció al cineasta aragonés y a su director de fotografía, el recordado Teo Escamilla, de seguir explotando esta variante del género musical. Ocurrió con "Bodas de sangre" (1981), que recrea el ensayo general de la puesta de Gades que adapta la obra de García Lorca; "Carmen" (1983), donde interpretó a un coreógrafo que termina enamorándose de la protagonista, y "El amor brujo", historia de amores, fantasmas y entreveros gitanos que cerró aquel ciclo, importante como vehículo de su arte por el mundo, considerado de lo mejor en la extensa filmografía de Saura.


