New wave, consumo e ingenierIa pop; cómo se configuró el trío que rompió los esquemas del rock nacional de comienzos de la democracia
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(Nota extraída de RS167 / febrero de 2012)

Y en el principio fue The Police... como rezara en cuanta biografía se tipee, el primer Soda Stereo absorbió la influencia del trío inglés, pero no sólo en su formación instrumental, el gen anglo de Charly y Gustavo o la forma cancionística. El influjo es más profundo: esa ingeniería flexible entre swing de reggae, geometría de new wave y desprejuicio dance del primer Soda no venía sino de los tres primeros álbumes de Sting y cía. La anfeta ska se tomaba de The Specials (el single “Stereotype/ International Jet Set” le aportó a Soda dos nombres clave). Aunque la furia punk no quedó reflejada discográficamente, vale la pena bajarse los piratas grabados en Marabú para descubrir perlas como “La calle enseña”, que los emparentan con Violadores, o “Dema a go-go”, muy cerca del dub-rock de Sumo. Pero profundicemos en el influjo “policíaco”.
The Police ya había pasado por Argentina en el verano de 1982, cuando comenzó a bocetarse el grupo de Gustavo, Zeta y Charly. Police dio tres shows en el país que instauraron un hito apenas reflejado en los análisis de “rock y dictadura”. No sólo fue la primera vez que una banda inglesa llegaba en pleno ascenso, sino que aquí se inauguraba una nueva forma de ofertar y demandar rock. Al romper prejuicios organizando una conferencia de prensa VIP antes de un show de rock en una discoteca como New York City (¡anatema!), Daniel Grinbank estaba revelando las ansias de un público más joven que el que había experimentado el rock setentista y ya iba por la madurez de Serú y Jade. Emergía un público nuevo, irrumpía un rock nuevo. Una forma de descontrol inesperada, un renovado “Rompan todo” que también sacudía el quietismo al que el rock se había resignado. Andy Summers pateaba a los policías que no les permitían a los fans bailar en primera fila. Esta generación perdía la cordura al moverse con el rock, y hasta podía ir presa por bailar.
Soda haría música a la medida de esa generación. La frase “¡El régimen se acabó!” de “Dietético” se comprende mejor en este contexto: juguemos a The Police que la policía no está. El manifiesto que proponía salir del agujero interior para bailar el wadu wadu lo había escrito Virus antes, pero finalizado el Proceso, será Soda el que lo haga comprensible y exitoso. Esta relación Virus/Soda es muy parecida a la de Leo García/Miranda! dos décadas más tarde: a uno le toca hacer el trabajo sucio de la ruptura; al otro, cosechar los resultados. Estos estudiantes de Publicidad, Cerati y Zeta, vinieron a ofrecer el producto efectivo para ese cambio que cantaba Federico Moura. El grupo decide llamarse como una mercancía y busca un nombre bien exportable.
Los Soda desatan el nudo que Serú había resumido en la lógica cínica. “Somos un grupo que al grabar un disco formamos parte del consumo y estamos bien por ser parte de él”, le decían a Crónica en 1985. Coherentemente, el trío presenta su LP debut en Pumper Nic. Apadrinados por Virus y aliados con Los Twist, Cerati y cía. encarnaban nuestra verdadera Nueva Ola. Y aclaremos: el poptimismo sódico nunca alcanzó la efervescencia de unos Miguel Mateos Zas, a bordo de un costumbrismo demagógico (“¡Tirá para arriba!”) sin las ambigüedades y desesperaciones que exhibían los versos bipolares de Cerati (“¡Apágalo, enciéndelo!”).
De ahí en más, la marca Soda Stereo se constituyó como una empresa de pop con voluntad competitiva y conquistadora de mercados. Podrían haber repetido la fórmula del primer éxito, pero prefirieron definir un estilo que se actualizaba según la meteorología británica. Es inevitable no reconocer que el crecimiento de los Redondos iba a darse con la actitud inversa, pero casi inversamente proporcional a la hora de los beneficios. Ante el nuevo público que se reveló post-Malvinas, el Indio y los suyos optaron por crecer desde lo micro, lo provincial. Ya mediando los 80, comenzaba una dialéctica que dividió a nuestro rock masivo hasta no hace tanto.
Pablo Schanton



