El Mozart muy italiano y años 50 que imaginaron dos "artistas gemelos"

Rubén Szuchmacher y Rubén Dubrovsky hacen en el Teatro Argentino de La Plata una versión de Così fan tutte, que combina ligereza y profundidad
Inés María Agosta
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9 de septiembre de 2016  

Szuchmacher, partitura en mano
Szuchmacher, partitura en mano Crédito: gza. guillermo genitti

Entre escenografías a medio armar y sopranos vestidas de jean, los dos "Rubenes" pulen los detalles para su versión de Così fan t utte en el Teatro Argentino de La Plata, que tendrá sus tres últimas funciones hoy y mañana, a las 20, y el domingo a las 17. Esta nueva versión de la ópera estrenada en Viena en 1790 busca despegarse del siglo XVIII y acercarse a los últimos años de 1950. Como Rubén Dubrovsky -el primero de los "Rubenes"- está radicado en Viena, las primeras decisiones las tomaron a la distancia. Sin embargo, no fue mucho lo que hubo que discutir: Szuchmacher -el otro- quería ambientar la ópera en una época alegre en la que todavía fueran importantes las formas y sin perder el anacronismo que permite a los espectadores crear cierto imaginario, y a su vez Dubrovsky tenía pensado un tempo muy ágil que congeniaba perfectamente con los años 50. De esta manera encontraron la forma de destacar el aspecto bailable de la obra y de acompañar la habilidad de Mozart para contar con ligereza cosas profundas.

Una versión dinámica

En su vuelta al rol de régisseur, Szuchmacher se propuso hacer una versión de Così fan tutte que no se pelease con las representaciones históricas, que no tuviese trabas culturales y que, además de ser un espectáculo dinámico, contara muy bien la historia, sin los reveses que suelen tener las puestas europeas. "Lo que más me interesa -dice- es llegar a un espectador que no conozca la obra".

Por su parte, después de 26 años, Dubrovsky volvió a la Argentina para cumplir por primera vez en su suelo natal el rol de director musical. Considera que su principal aporte a esta versión de la obra es el folclore que trae consigo de Viena, en donde Mozart es visto como una figura completamente local. Para Dubrovsky, más allá de la globalización, es importante mantener los colores locales y volver siempre a la fuente. Così... nació de la mezcla entre lo austríaco de la música de Mozart y lo italiano del libreto. Dice Dubrovsky: "La puesta de Rubén es muy italiana, sobre todo en la gestualidad. Yo puedo aportar el costado vienés y en ese sentido nos complementamos muy bien".

Durante su infancia, el aria favorita de Szuchmacher de Così fan tutte era "Soave sia il vento". Pero hoy ambos directores coinciden en que lo más maravilloso de la obra son sus finales, especialmente el del primer acto. La habilidad de Mozart para cambiar velozmente de caracteres, incluso manteniendo una música aparentemente similar, es una de las cosas que más les fascina. Szuchmacher afirma que "los finales son de un dinamismo increíble. Desde el punto de vista dramático me impresiona cómo, sobre todo en el final del primer acto, no paran de pasar muchas cosas".

Lo semejante y lo distinto

Las visiones de ambos directores sobre la obra confluyen en la decisión de incluir el aria "Rivolgete a lui lo sguardo", que originalmente perteneció a "Cosí fan tutte" pero que más adelante el mismo Mozart sustituyó por "Non siate ritrosi". Para ellos "Rivolgete..." es un aria larga y difícil de cantar, pero es también una de las más importantes para comprender el espíritu de la obra. Según Dubrovsky es interesante presentarla en Argentina porque se trata de un aria completamente latina. Pero, más allá de su importancia musical, la presencia de ésta parece repercutir también en la trama. Para Szuchmacher hay en ella un desarrollo profundo de los personajes masculinos que permite contar mejor la hostilidad y el hostigamiento de los hombres hacia las mujeres. "En esa escena se entiende cuál es la relación de ellos con ellas, son unas bestias."

Tanto Szuchmacher como Dubrovsky aseguran haber congeniado desde el principio. "Creo que hemos tenido un muy buen contacto, que no es frecuente en la relación del podio con la dirección escénica. Son almas en conflicto y en este caso pudimos ir bien", sostiene Szuchmacher. A su vez, Dubrovsky destaca: "Es un placer trabajar con un régisseur que conoce el libreto a la perfección y que realmente hace la obra que escribió Da Ponte. Además es tan musical que no sólo hace una puesta del libreto sino de la ópera entera."

¿Qué es lo que Szuchmacher más extrañó de su rol de régisseur en los últimos 12 años? Justamente el contacto con el sonido. "La gente cree que en la ópera soy un representante del teatro, y en realidad soy un representante de la música sólo que me toca trabajar con la parte de las palabras o de la historia. Pero yo con el sonido entro en éxtasis. El sonido me organiza, acá estoy en mi salsa de una manera notable y espero no bajarme por un tiempo."

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