
El público fue el protagonista
Unas 2400 personas participaron del encuentro, que mostró un buen nivel musical
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ROSARIO.- Será que el jazz gusta de vivir en las ciudades junto a los ríos. Parece que es así y Rosario, al lado del formidable Paraná, tuvo su cuota de swing durante un fin de semana largo por el que transitó la crema local del género. Nada de todo el esfuerzo realizado por la Secretaría de Cultura local ni del Centro Cultural Parque de España habría tenido sentido sin el apoyo del público, que de la primera noche hasta el cierre apoyó con su asistencia la muestra. Unas 2400 personas pasaron por el coqueto teatro Príncipe de Asturias, una cifra que para un festival de jazz no deja de impresionar.
El festival tuvo en la variedad estilística su fortaleza, como un biosistema que asegura su supervivencia en esa heterogeneidad; así ocurre en el jazz rosarino, aunque, claro, hay grupos que sonaron bien y otros que mostraron la falta de puesta a punto pero que mantienen la vista en el camino.
De las noches anteriores, subrayaremos las actuaciones de Juan Silvera, el músico más ovacionado de la muestra y la sorpresa, al menos para este cronista; la exquisita presentación del maestro Gerardo Gandini, que no es ninguna sorpresa, el excelente cuarteto del saxofonista Luis Nacht, en el que se volvió a lucir el virtuoso Francisco Lo Vuolo, El Umbral, el dúo de Olivera-Lúquez y, en el cierre, el dúo de Casazza-Lúquez.
Grupos como el Trío de Jazz Contemporáneo, el Trío de Guitarras, La Revancha, con la excelente Paula Shocron en el piano, y Rumble Fish tienen mucho potencial y decimos esto tomando como única referencia los pequeños sets que fueron sus actuaciones, es decir, los festivales tienen algo peculiar, las actuaciones son a "todo o nada" pues no hay mucho tiempo y, a veces, los nervios traicionan.
En fin, en cuanto a la música de la última jornada, estuvo algo inclinada al jazz fusión, tendencia muy marcada por los músicos de esta ciudad. Las actuaciones de Martina & Cía., trío del guitarrista Daniel Martina, un músico muy influido por Pat Metheny (incluso usa un Synclavier conectado a su guitarra), y Cinegraf, otro trío de fusión orientado en el mismo rumbo, mostraron que más allá de los arreglos el énfasis está puesto en las partes solistas. Los temas tienen largos pasajes de improvisación y, si bien son técnicamente correctos, terminan por dejar en evidencia que no tienen muchas cosas que contarnos. Sólo algunos músicos tienen la capacidad para desarrollar solos originales en cada uno de los temas.
Pero no todo fue fusión: en un precioso set acústico, el dúo del guitarrista Carlos Casazza con el pianista Leonel Lúquez fue lo más interesante de la última noche. Si bien ambos gustan también de embarcarse en procesos improvisativos, lo hacen dentro de un material armónico, por ejemplo esa pequeña obra de arte que es "Retrato em branco e preto", de Jobim, muy amplia y generosa.
Ambos son dos estilistas depurados y logran una química especial. Despojados de inútiles artificios, este dúo conversó en el escenario con un lenguaje maduro, variado, donde la sutileza y las humoradas estuvieron presentes. Dentro de la profusión de dúos que hay en el jazz argentino, éste es un tándem valioso. La versión de "Las golondrinas" fue exquisita, en particular la aproximación de Lúquez, un pianista de fraseo flexible, modo introspectivo y emocionalidad a los cuatro vientos.
El festival terminó con la presentación del quinteto del saxo alto Chivo González, con Pedro Casís en trompeta, Nicolás Polichiso en guitarra, Julio Fioretti en contrabajo y Sebastián Mamet en batería.
Hicieron básicamente clásicos. El combo sonó contenido, desde abajo del escenario no se los veía sueltos ni relajados. Por cierto, los mejores aportes de esta historia vinieron del lado del guitarrista Polichiso, que mostró variedad conceptual; por ejemplo, su primer solo, a poco de comenzar, fue edificado sobre acordes, un vehículo que es conocido pero que ningún guitarrista de todos los que pasaron por el proscenio utilizó. Sin estridencias, también mostró ser un buen armonizador.
Al Chivo González le faltó algo de concisión; la versión de Round Midnight (con el arreglo del quinteto de Miles Davis, en su grabación de 1954) la prolongaron excesivamente, para no decir demasiado, como también sucedió con el tema "All Blues", palabras mayores en cuanto a composición, y que sonó deshilachado.
No obstante, el grupo tuvo sus momentos, en particular cuando se soltaban y el swing planeaba sobre el teatro. La algarabía final del público fue más que merecida; ellos fueron los principales artífices del éxito de esta séptima muestra de jazz.




