
El rock desató una gran fiesta en Córdoba
Fin de semana de música y neohippismo
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LA FALDA.- Para el cordobés de unos 50 años, los chicos que se acercan mochila al hombro y remera de "su" banda al pecho son los nuevos hippies. El está sentado en un bar, viendo la Copa Davis por tevé y leyendo La voz del interior. Aunque aparente estar a años luz de esos chicos que, en su mayoría, vienen de distintos puntos de la provincia de Córdoba (más locales que nunca), su comentario tiene como único objetivo aprobar la manera en que se divierten las casi 3000 personas que se acercaron a ver la primera jornada de La Falda Rock 2002.
Más de doce horas después de la apreciación del lugareño, desde el escenario, Gustavo Cordera, cantante y líder natural de Bersuit Vergarabat, destaca el espíritu de diversión que ya se palpaba a la mañana.
Aunque la mayoría fue casi exclusivamente a ver a la Bersuit, se llevó una buena impresión de La Chilinga, que no sólo hizo su set en escena sino que también se mezcló entre el público para cortar la espera de Babasónicos primero y de la Bersuit después; la sensación de que vio a una de las revelaciones del festival, Las Manos de Filippi; la confirmación de que Kapanga en Córdoba juega de local; y el contundente show de Babasónicos.
Como en el pasado Cosquín Rock, las bandas que abren el cartel del festival generan una contradicción. Es interesante apelar a la renovación y a la federalización, convocando a un concurso para elegir a un puñado de bandas de distintos puntos del país, como así a las locales de mayor convocatoria, pero las largas jornadas pueden resultar tediosas. Así lo entendió la gente el viernes, que sólo comenzó a entrar en buen número sobre el final de La Chilinga, cuando ya habían tocado Amanda, Abril Siempre (seleccionadas en el concurso Pre Falda Rock) y las cordobesas Cartelera Ska y Armando Flores.
Después sí, fue el turno de Mimi Maura, con un set compacto, sin demagogia. El resultado fue el aplauso respetuoso de un público que estaba ahí para ver a otras bandas. Como Las Manos de Filippi, que comenzó con un pogo propuesto por no más de 200 fieles y terminó atrayendo a los 1000 que estaban en el anfiteatro Municipal.
Tras el feeling que Kapanga tuvo con la gente en el pasado Cosquín Rock, la productora Perro Récords decidió darle más espacio y los ubicó como primer plato fuerte de la noche. Después de arrancar con una parodia al tema "A Dios le pido", de Juanes, el Mono y su gente apelaron a lo que mejor saben hacer, improvisar una fiesta a puro vértigo, con su cóctel efectivo de rock-cumbia-ska-reggae, más la lectura de las banderas del público como manera de agradecimiento.
Lejos de atrasarse el horario de salida de cada banda, Babasónicos salió a escena media hora antes y hasta quedó la sensación de que hizo un show más corto de lo previsto. No son del palo, fue el comentario más escuchado fuera del anfiteatro.
Ahí está el mejor síntoma de la noche del viernes, la comprensión, después de años de malas experiencias, de que las bandas y el público pueden convivir, más allá de sus estilos, sus tribus de seguidores y sus posturas.
Entre "El tiempo no para" y "Se viene", pasaron 90 minutos de una Bersuit Vergarabat generosa.
Se detuvo en cada uno de sus clásicos, invitó a sumarse a escena a Sokol (cantante de Las Pelotas), primero y al Mono de Kapanga, para el cierre y tuvo a un Pelado Cordera efusivo, tan showman como en sus mejores noches.

