El último héroe de la guitarra
A punto de presentar su primer disco solista y con sólo ocho años de trayectoria, el músico es el guitarrista elegido por Luis Alberto Spinetta y el Indio Solari para sus proyectos musicales
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"El guitarrista siempre tuvo un significado especial en el rock nacional y una presencia con mucho peso, pero a mí no me gusta el estereotipo del guitarrista, ése que hace solos larguísimos y todo eso. Prefiero otro tipo de concepto del instrumento, que la guitarra esté más en función de la canción y de la melodía", dice Baltasar Comotto, el flaco y alto de 33 años que, casi sin querer, se convirtió en el último héroe de la guitarra del rock de acá. Tanto es así que con apenas ocho años de trayectoria se adueñó del puesto de guitarrista en las bandas de Luis Alberto Spinetta y el Indio Solari. Nada menos.
Lo cierto es que no ser amante de los solos no es la única rareza de esta versión 2.0 del guitar heroe vernáculo. Durante la charla con LA NACION, Comotto confesará que nunca escuchó demasiado rock en castellano, que sus primeros años como músico profesional estuvieron ligados a la escena del jazz, que su forma de tocar la guitarra es tan válida para subir a escena junto con Emme como para una jam session con Dave Holland y que las mayores influencias de su primer álbum solista (que presentará oficialmente el 9 del mes próximo) provienen del hip hop, el rap, el tango y el funk. Escuchar para creer entonces.
"Siempre me interesó la música, pero nunca fui un estudioso ni tuve una formación musical de conservatorio -dice-. De hecho, a los 10 años me mandaban a una profesora de guitarra y yo me rateaba porque no me gustaba. Era como una obligación y en ese momento no lo aproveché. La cuestión fraternal con la viola llegó a partir de los 18 años, cuando empecé a estudiar y a tocar en serio, a sacar temas, a relacionarme con músicos, a armar un grupo, a tocar otros instrumentos."
-¿Por esa época escuchabas rock nacional?
-Nunca fui muy fan de la música argentina. No puedo decir que no escuché a Spinetta, porque algunas cosas me llegaron por mi hermano o por amigos, pero nunca fui fan de los grupos nacionales ni tuve una época en la que no paraba de escuchar a Charly García o a Fito Páez... Siempre me gustó más la música internacional y estaba como más metido en el sonido de afuera: me llamaba más la atención Red Hot Chili Peppers o Sonic Youth que una banda de acá.
¿Sacrilegio? Nada de eso. El guitarrista que por estos días bien podría alzarse con el primer puesto en las ahora casi extintas encuestas de fin de año, en la que músicos y público eligen a los mejores instrumentistas, ingresó al rock por una puerta lateral: la escena del jazz. "Lo que ocurrió fue que empecé a vivir de la música a los 20 años, tocando mucho en bares. A partir de ahí no hice otra cosa, no laburé de mozo ni nada, siempre me banqué con la música, y la verdad es que a esa edad es difícil vivir del rock. Por eso es que entré más por el lado del jazz, el blues y el funk, me vinculé con músicos más grandes, con más trayectoria, como Luis Salinas, Javier Malosetti y Patán Vidal".
Precisamente junto al pianista Comotto se hizo notar arriba del escenario del Festival de los Siete Lagos, en 2000. "Fue un quiebre para mí, porque empecé a darme cuenta de dónde estaba metido y con qué tipo de músicos estaba tocando. Fue como un baldazo de agua fría, un despertar. A partir de ahí empezó un nuevo período para mí a nivel profesional."
Tres años más tarde, Spinetta lo convocó para grabar el disco Para los árboles y, un año después, Solari lo sumó a las filas de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, la banda que formó para registrar su debut solista, El tesoro de los inocentes (Bingo fuel) . Luego llegarían los primeros shows con el Flaco y con el Indio y nuevas convocatorias para participar en las grabaciones de sus recientes trabajos ( Porco Rex , de 2007, y Un mañana , de 2008). "Fueron experiencias totalmente extremas y diferentes, muy enriquecedoras y en las que intenté moverme de la manera más perceptiva posible", recuerda (ver aparte).
Música en colores
Entre uno y otro proyecto, Comotto se las ingenió para componer sus propios temas y, luego de tres años de preproducción, a fines del último año editó de manera independiente Rojo , su álbum debut, que presentará oficialmente el 9 de agosto, en Makena.
"Con los chicos con los que estoy tocando ahora, Ramiro Naguil en batería y Jhonny Monty en bajo, estamos ensayando y probando cosas nuevas, porque como algunas canciones tienen ya varios años el tiempo las fue transformando. Ellos no grabaron en el disco originalmente, y eso nos permite ahora hacer una interpretación diferente. Somos un power trío que mezcla mucho el rhythm & blues, el rock, el heavy y el funk con la canción."
-La experiencia que tuviste en la escena del jazz ¿se infiltró también en el disco?
-Sí, por supuesto. Si bien no hay mucha improvisación, existen ciertos matices jazzeros. De hecho, el tema "Milestones" es un tributo a Miles Davis, que para mí es un prócer musical del siglo pasado.
-Hace poco, la revista Rolling Stone eligió los 100 mejores riffs de la historia del rock... Si tuvieras que elegir alguno del rock de acá, ¿con cuál te quedarías?
-Y, no sé, hay varios... "Todo un palo" de los Redondos es un pedazo de riff en el que el señor Skay se iluminó. Spinetta grabó cosas con Invisible en los años 70 que eran totalmente avanzadas para la época. Y Mollo también hizo varios riffs terribles. Es difícil elegir sólo uno, porque sin lugar a dudas en la Argentina hay muy buenos violeros.
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