
El "vaudeville" de Chejov
"El canto del cisne", de Anton Chejov, versión de Franklin Caicedo. Intérpretes: Franklin Caicedo y Osvaldo del Vecchio. Vestuario: Alicia Gumá. Dirección: Hugo Urquijo. Viernes, a las 21, en La Casona del Teatro, Corrientes 1979.
Nuestra opinión: bueno
Fue la primera de las piezas breves que Chejov caprichosamente denominó "vaudevilles", pequeñas obras maestras de humor ("El oso", "El pedido de mano") o, como en este caso, de compasiva ternura, y que durante años contribuyeron a reforzar sus magros ingresos como cuentista en publicaciones periódicas.
En asombrosa coincidencia con una obra actual, "El vestidor", aquí se trata del viejo actor que tras la velada de beneficio en celebración de sus bodas de oro con el teatro se queda dormido en su camarín y al despertar se descubre solo y aterrado. Errante por los corredores y los entresijos del escenario, alumbrándose con una vela, tropieza con el no menos vetusto apuntador que durante ese medio siglo le sopló la letra de tantos clásicos y que, dada su extrema pobreza, duerme a escondidas en el edificio.
El encuentro lleva, como cabe esperar, a la evocación de los grandes momentos de una carrera que, si tuvo sus cumbres, también -como la de casi todos los actores- abundó en abismos. El veterano se acusa de haberse dejado llevar por el teatro ligero y por la seguridad económica; el apuntador tan sólo recuerda los textos mayores, los personajes importantes, la voz de los poetas. De a poco, el protagonista recupera sus papeles consagratorios: Romeo, Macbeth, Segismundo... Innecesario anticipar el final de esta cabalgata magnífica y mortal.
El chileno Franklin Caicedo, largamente afincado en la Argentina, sabe decir como pocos el verso clásico y entonar con acierto las grandes parrafadas heroicas. La hermosa voz, la dicción perfecta, la justa medida de las pausas y los énfasis (sin resultar enfático, en absoluto), el estremecimiento amoroso o trágico, permiten disfrutar del placer sin límites de la música de la palabra en su expresión más pura, cuando es, simultáneamente, concepto y acción implícita. Junto a él, Osvaldo del Vecchio le da la réplica con justeza. Ambos, conducidos pulcramente por Hugo Urquijo.
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