
Ensemble Stanislas
El desconocido Debussy de cámara, en un encuentro organizado por Festivales Musicales
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Ensemble Stanislas (Francia) : Integrado por Laurent Causse y Bertrand Menut (violines), Paul Fenton (viola), Jean de Spengler (violonchelo) y Mirta Herrera (piano) / Músico invitado : Luis Tauriello (contrabajo) / Programa: Trío en Sol mayor y Cuarteto en Sol menor op. 10, de Claude Debussy, y Quinteto en La mayor "La trucha" D. 667, de Franz Peter Schubert / Sala: Auditorio de Belgrano / Organiza: Festivales Musicales.
Nuestra opinión: muy bueno
De que Claude Debussy fue, desde la última década del siglo XIX, uno de los paladines de aquella "música del futuro" anunciada hacia mediados de esa centuria por el círculo enrolado en los ideales estéticos de Franz Liszt no cabe ninguna duda. Sobre todo en lo que respecta a los atrevimientos formales y a la disolución de la armonía que ya había plasmado de algún modo Gustav Mahler, que se prolonga en la obra de Igor Stravinsky y que en pocos años llegará a su culminación con el atonalismo de Arnold Schoenberg.
La prueba de tal ensanchamiento de la tonalidad y armonía tradicionales ha quedado consolidada en este único cuarteto de cuerdas escrito por un Debussy de 30 años, en 1892.
El que nos lo devuelve, en esta nueva sesión de Festivales Musicales, es el Ensemble Stanislas, de la ciudad francesa de Nancy, que cultiva la saludable costumbre de rescatar obras habitualmente ignoradas por las sociedades de conciertos.
Lo constata ya en la apertura, al ofrecer, además, y casi como en primera audición para nosotros, el encantador Trío en Sol mayor para piano, violín y chelo , que Debussy compuso en 1880, a los 18 años, durante una estadía en un lugar paradisíaco, y que fue descubierto cien años después (en la década del 80 del siglo XX). Si alguien nos hubiera asegurado que era un trío de Fauré, o de un Mendelssohn o César Franck adolescentes, lo hubiésemos creído a pie juntillas. Es que, salvo el perfume francés que emana de su límpida y transparente trama, nada nos anticipa del Debussy que romperá en pocos años más con la tradición clásica y romántica. En sus cuatro movimientos ( Andantino con motto : allegro appassionato , Scherzo , Andante expresivo y Finale : apasionato ) Debussy nos brinda un festín de juegos que nos recuerda las deliciosas miniaturas de su bellísimo ciclo "El rincón de los niños". Lo lúdico de los diálogos, los rasgos de ternura, los pasajes eufóricos que hacen juego con la placidez de una sencilla canción, los atisbos románticos, atrapan y subyugan por su frescura y por la proliferación de ricas ideas.
La contracara estética y estilística será el aludido Cuarteto en Sol menor O p. 10, que el Ensemble Stanislas nos acerca en una formidable versión. Este es el Debussy original, único. El de las osadías armónicas, el de los sorprendentes contrastes rítmicos y de ensamble instrumental; el de las insólitas transformaciones de carácter, ora restallante, ora sugestivo y enigmático. Los cuatro músicos cultivan esa esquiva y casi inasible agónica que desentraña el sentido del discurso musical a través de los sabios vaivenes de la articulación y de los fraseos. Los arranques, las aceleraciones y las acentuaciones de ciertas notas o determinados pasajes de lirismo o melancolía a los que invita esta creación, que es una isla entre el enorme océano pianístico del compositor.
El concierto se cierra con una de las obras de cámara más difundidas de Franz Peter Schubert: el bellísimo quinteto La trucha , título de uno de sus seiscientos lieder , que se instala y desarrolla en gozosas y conmovedoras variaciones en el cuarto movimiento.
La traducción del grupo francés es digna y por momentos alcanza apetecible vuelo.
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