Entre el rock y la música de Bach
Por Cecilia Scalisi Para LA NACION
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BERLIN.- Desde hace quince años, Dominic Miller es "la mano derecha e izquierda" del ex líder de la legendaria banda The Police, al lado de quien lleva más de mil conciertos, siete grabaciones y la autoría compartida del popular hit "Shape Of My Heart", y "la guitarra virtuosa" de unos cuantos gigantes del rock y el pop (como The Pretenders, Phil Collins, George Michael, Elton John, Paul Young, Sheryl Crow, Peter Gabriel y Rod Stewart, entre otros).
Su último álbum, "Shapes", es el primero en el que el talentoso músico (inglés de sangre y argentino de nacimiento) se atreve a sus propias transcripciones para guitarra de grandes clásicos como Beethoven, Schubert, Satie, Elgar y Albinoni, pero en el que principalmente expresa su profunda admiración por la grandeza del arte de Johann Sebastian Bach. La atípica grabación incluye las participaciones de Plácido Domingo en la "Misa criolla", de Ariel Ramírez, y en el "Ave María", de Schubert; de Sting, en una versión del mencionado hit y en dúo con Domingo, y la de su amigo Alejandro Lerner en la adaptación de una obra de Bach.
Durante su doble gira por Alemania, en la que acompaña a Sting y presenta su CD (en locales intimistas, más acordes con su música y a medianoche recién al cabo de los megaconciertos con el ídolo inglés), Dominic recibió a LA NACION en la moderna torre berlinesa de Universal Classical. En la charla, lejos de la típica imagen de un músico de rock, Dominic se mostró tan agradable, cálido y sereno como su propia música.
-¿Cómo surgió la idea de grabar Bach?
-La idea estaba siempre ahí. Adoro Bach, lo estudié cuando pasé por la escuela de música, pero nunca lo grabé y siempre quise hacerlo. Después de un par de pruebas, el productor me escuchó, le gustó y allí se abrieron las posibilidades.
-Mitsuko Uchida dice que Bach es uno de los pocos compositores cuya música puede ser trasladada a cualquier lenguaje, desde una lectura historicista hasta una versión electrónica, sin perder su esencia. El mensaje permanece allí, inmutable y reconocible. ¿Coincidís con ella?
-Es completamente cierto. La música de Bach es muy teórica y matemática, pero hay un alma en esa información. Eso es lo increíble. Si escuchás a una nena practicando Bach, mal, suena más precioso que nunca. Si lo tocás mal o en diferentes lenguajes, como decís, el mensaje efectivamente sigue allí y eso no pasa con otros compositores. Su mensaje es algo como de Dios, una música que viene de otro lugar.
-¿Tuviste en mente a un público determinado para este trabajo?
-Pienso en los que tienen miedo de la música clásica. Si le decís a un chico de 17 años que vas a tocar Bach, te dirá que no le interesa, que nada que ver con él. Así que lo primero fue el desafío de decir "¡Ok! Voy a tocar algo para vos, la gente de la calle y vamos a ver si entendés lo que el compositor ha tratado de decir". Se trata de tocar el alma de la gente y la música es muy poderosa para eso. Pero si no sos honesto, eso jamás sucede.
-¿Cómo decodificaste la lógica y los procedimientos de composición para reconstruir las piezas en una versión propia?
-Primero que nada, se trató de una diversión. El problema con la música clásica es que mucha gente cree que es demasiado seria. Claro que hay reglas, pero las reglas están ahí para respetarlas y también para romperlas. Es cierto que tuve que desarmar todo. Lo que hice fue poner esas partes sobre la mesa, estudiarlas y elegir los elementos que me tocan en algún punto. Recién allí reconstruí la música.
-Al seleccionar, ¿qué resignaste del original y qué agregaste de propio?
-Lo que le saqué, definitivamente, es la solemnidad. Siento vergüenza de decírtelo, pero le saqué esa seriedad y le agregué colores modernos.
-¿Es difícil animarse a recrear y grabar Bach sin el prejuicio de la fidelidad al texto? ¿Te encontraste con comentarios de puristas?
-No es difícil para mí porque yo no tengo problema con eso. Claro que encontré comentarios, pero nadie me puede decir que no puedo grabar esto, ésa es mi regla. Yo adoro esta música y la veo como un artista del pop, como una canción que cuenta una historia.
-¿Por qué incluiste la "Misa criolla"?
-Es mi homenaje a la Argentina. Un tributo que quería que estuviera en este disco. A la "Misa criolla", además, la respeto por su solemnidad, así que no cambié muchas cosas, el arreglo quedó en lo mismo. Para la grabación del Kyrie pensé a lo grande, en Plácido [Domingo], que no sólo es el mejor del mundo por su voz sino también por ser un gran músico. El lo hizo como folklore, por el acento con que lo cantó, el tempo y el timing que le puso.
Al lado de los mejores
-Has trabajado con muchos grandes, ¿quiénes han sido definitivos en tu evolución artística?
-Phil Collins fue el primer artista que me hizo sentir que llegué. Antes de él me empeñaba demasiado en ser increíble, en mostrar todo lo que podía. Pero con él, algo me ayudó a comprender que para hacer pop hay que tener otra actitud. Take away! Sacá toda tu técnica, olvidate de lo que estudiaste y hacé algo simple. Eso es: hacer sólo lo necesario. Le doy siempre las gracias por haberme dado la oportunidad de encontrar esa clave, porque a partir de ese momento se me abrieron las chances para expresarme mejor.
-¿Cómo es ser el guitarrista de Sting?
-Sting es como mi hermano mayor. Lo adoro y lo odio, porque tiene más plata, más éxito, es buen mozo. ¡Lo tiene todo! Lo conozco desde hace muchísimos años y somos como hermanos.
-¿Admirás a algún músico argentino?
-Creo que Charly García es el patrono del pop en la Argentina. Pero lo que más me gusta de allá es el folklore. Muchos me preguntan por Piazzolla y yo no creo que eso sea verdaderamente argentino, suena demasiado europeo. Es la música de un compositor que no escribe con el sonido real del tango. ¡El tango para mí es Carlos Gardel!
-¿Cuándo volvés al país?
-Puede ser que el año que viene vaya con Sting. ¡Ojalá, nos encantaría! Todavía hay problemas, pero seguro que llegaremos a un acuerdo.
-En tu CD hablás de la Argentina como "ese gran país del que siempre habrá parte dentro tuyo". ¿Cómo es tu relación con lo argentino?
-Increíble. Soy de Hurlingham. Nací en Buenos Aires, viví allí hasta los 11 años, fui a la escuela en castellano y en mi casa se hablaba inglés. Me encanta el ambiente argentino, la gente, la ciudad de Buenos Aires, no hay lugar que se le parezca porque es como todos los lugares juntos. Mucha gente me dice: ¡pero vos no tenés sangre argentina! Y yo respondo que no es cierto, porque las cosas son así: soy hincha de River, todavía tomo mate, juego al truco y ¡soy campeón del torneo de truco en Inglaterra 1997! [dice serio y con expresión de orgullo], y si bien la música no fue una gran influencia cuando estuve allí, me dejó muchísimo. Si hablamos de fútbol, cada vez que Inglaterra juega con la Argentina, yo estoy por la Argentina. No sé por qué, pero es así. Es muy difícil para mí vivir en Inglaterra y mirar el fútbol porque cuando veo los colores de la celeste y blanco me emociono. Siento tantas cosas.




