
Excelencia para Vivaldi
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Orchestra Barocca di Venezia , con el violinista Giuliano Carmignola, como solista, para Nuova Harmonia. Programa: Conciertos para cuerdas y bajo continuo en Do mayor RV 114, en Do menor RV 156, en Re menor RV 127 , y Sinfonía en Sol mayor para cuerdas y bajo continuo RV 146 ; y conciertos para violín, cuerdas y bajo continuo en Do mayor RV 190, en Mi menor RV 278 y en Sol menor RV 331 , de Vivaldi, y Concierto en La mayor para violín , cuerdas y continuo D 96 de Tartini. En el Teatro Coliseo.
Nuestra opinión: excelente
Como centro prominente de la música barroca de los siglos XVII y XVIII, Venecia no podía dejar de evocar una y otra vez, a lo largo de los siglos transcurridos, la personalidad y la obra de su hijo dilecto: Antonio Vivaldi. La Orchestra Barocca que lleva el nombre de la ciudad no es en ese sentido una excepción. Sí lo es en cuanto a su excelencia, por su extraordinaria capacidad de transferir a la audiencia las obras del genio del barroco italiano con impresionante sensación de actualidad.
Por supuesto, la presencia del esclarecido director, organista y clavicembalista Andrea Marcon, uno de los más destacados especialistas en música antigua, hubiera colmado esta presentación del conjunto veneciano. Pero su ausencia en la gira que realizada por América del Sur, justificada por motivos de fuerza mayor, no impidió apreciar la coherencia de este cuerpo orquestal, su admirable coherencia y ajuste que hacen del lugar común una virtud: constituyen un solo instrumento, principalmente cuando se halla frente a un virtuoso eminente del violín como lo es Giuliano Carmignola. Después de escuchar a estos músicos, no cabe duda de que son adalides incuestionables de la restauración del valor de la música instrumental que Vivaldi se impuso a sí mismo en su tiempo frente al arrollador avance de la ópera.
Vaya como ejemplo la serie de cuatro conciertos de Vivaldi que ejecutaron en la primera parte. En cada caso, ese "instrumento" orquestal estuvo liderado por su excelente primer violín Luca Mares. La calidad del sonido sin vibrato , que el conjunto extrajo de sus instrumentos históricos, generó planos sonoros que, unidos al fraseo, la puntuación musical y los acentos, constituyeron en cada caso un apasionante fresco de dramáticos contrastes en los rápidos movimientos iniciales de cada concierto. Los matices expresivos llegaron a la sutileza sonora y aun a la nostálgica ensoñación en los movimientos intermedios, y se caracterizaron por un pujante ardor en los finales.
Naturalmente, la afinación debió ser corregida una y otra vez entre los movimientos, dada la índole de los instrumentos barrocos. A ellos se añadieron, como en el segundo en Sol menor RV 156 (así como en los conciertos en Mi menor RV 278 y en Sol menor RV331 ) una tiorba y una guitarra barrocas en el bajo continuo que, junto al violonchelo y el violón, dieron profundidad orquestal al conjunto. La sonoridad y el colorido vivaldianos tuvieron expresiones muy ostensibles en el Concierto en Re menor RV 127 , donde los planos sonoros escalonados establecieron un equilibrio dinámico admirable; además, el aumento y la disminución de la intensidad sonora dio a las ejecuciones el colorido y la expresión emocional capaces de establecer la identificación de la audiencia con la gama de emociones y que encierra cada concerto vivaldiano.
Brillo instrumental
La intervención del eximio violinista Carmignola contribuyó, indudablemente, a dar mayor realce a la sesión desde su aparición como solista del bello Concierto en La mayor D 96 de Tartini, que puede citarse como paradigma de la música barroca, y que en el presto finalalcanza gran brillo instrumental. De una expresividad atrapante fue el movimiento final añadido por el autor, que es un solo con acompañamiento orquestal y demuestra la "cantabilidad" del arte instrumental de Tartini. Carmignola confirió intensidad al natural brillo de su sonido, virtudes ostensibles particularmente en la segunda parte, constituida por tres conciertos de Vivaldi a los que su intervención confirió singular realce por la precisión de sus golpes de arco y su infrecuente ductilidad y sutileza en los matices, a menudo con inimitable dulzura sonora.

