
Falú y la Camerata, otra vez juntos
Acaban de grabar un disco cuya edición está prevista para agosto; ya en 1971 habían registrado "Suite argentina"
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En tiempos poco propicios para encarar proyectos culturales, la Camerata Bariloche y Eduardo Falú acaban de concluir el registro de un compacto, que por ahora no tiene nombre y, con buena fortuna y si las expectativas se cumplen, verá su edición en agosto. Los memoriosos, seguramente, recordarán que ya hubo un disco que reunió al guitarrista y la orquesta.
En 1971, a Oleg Kotzarew, chelista de la Camerata Bariloche, se le ocurrió que podría ser una buena idea combinar el prestigio y las glorias de un gran artista del campo de la música popular como Eduardo Falú, por lo demás, un excelente instrumentista, con una agrupación tan joven y pujante, activa en el mundo académico, como era la Camerata Bariloche. Muchos años después, el vocablo crossover vendría a cuento para categorizar este tipo de experiencias de confluencias musicales.
El resultado concreto de aquella propuesta fue la composición y el registro de la "Suite argentina" para guitarra solista, orquesta de cuerdas, corno y clave, obra que, además de su presentación en disco fue muchas veces interpretada en vivo, en nuestro país y en el exterior. Ahora, y por una iniciativa en la que estuvieron involucrados Falú, José Bragato y, nuevamente, Kotzarew, se ha emprendido la realización del segundo episodio. Así, se han encontrado, para satisfacción de todos, el mismo guitarrista y una Camerata de otros integrantes, en realidad, la misma Camerata. Aunque, de Heráclito a Freud y de Hegel al más común de los sentidos, ni uno ni otra son los mismos, tampoco el país y el mundo son aquéllos.
Para hablar de aquel lejano primer encuentro y de esta nueva aventura, apenitas salidos de los estudios de grabación, se plasmó esta reunión con el músico salteño, Fernando Hasaj y Pablo Saraví, violinistas ambos y director de la Camerata el primero. Falú, a quien los músicos académicos, en curiosa inversión de lo que cierta tradición podría hacer intuir, no dudan en llamar, como corresponde, Maestro, cuenta sobre la génesis de aquel disco. Con su célebre voz profunda, no puede sino preludiar desparramando elogios hacia la Camerata: "La propuesta de Kotzarew, hace más de treinta años, fue una gran sorpresa. Imagínese el honor que significaba para mí tocar con un conjunto del prestigio nacional e internacional como el de la Camerata. Comencé a pensar en una obra que incluyera diferentes danzas y ritmos folklóricos, pero sin atenerme a una forma fija, mucho más libre. Después de concluirla, requerí la colaboración de Oscar Cardozo Ocampo, que la orquestó, y así fue que la grabamos. Tuvimos suerte para poder sacar el disco ya que, en aquel momento, los directivos de Segba decidieron cambiar la política habitual de entregar presentes convencionales a sus proveedores y usuarios e impulsaron la edición de un disco de música argentina". Y recuerda que aquel LP con la "Suite argentina" se completaba con "Jeromita Linares", de Guastavino. "Sólo después de que Segba concluyó sus atenciones, el master fue cedido a una discográfica para su edición comercial”.
Más allá de la voluntad musical de este actual proyecto común, Hasaj agrega que, desde la Camerata, este compacto forma parte también de las celebraciones por los treinta y cinco años que cumple el ensamble y que, de este modo, simbólicamente, rescata y valora su propia historia, además de otorgarle un significado añadido, con una nueva interpretación y con nuevos aportes, en este caso, dos obras nunca registradas, también de Eduardo Falú.
Junto a la antigua obra, los músicos han grabado también la “Suite norteña”, para guitarra y cuerdas, cuyo arreglo y orquestación es de José Bragato y que, refiere el autor, “ya ha sido presentada en público con la Orquesta de Cámara Mayo, cuando la dirigía Mario Benzecry”. El disco se completa con “Variaciones de milonga”, una pieza corta, también para guitarra y orquesta de cuerdas. “Yo la he interpretado en vivo, pero sólo en su versión original para guitarra sola. La orquestación y el arreglo, inéditos, le corresponden a Mario Allende.”
Cuando se consulta a los músicos de la Camerata acerca de qué tipo de dificultades debieron afrontar con un repertorio que no es el que habitualmente tocan Saraví señala que, independientemente de las peculiaridades propias de las obras de Falú, no es un tipo de repertorio tan ajeno, ya que la orquesta ha interpretado innumerables composiciones argentinas de Guastavino, Ginastera, Aguirre o Gianneo, entre muchos más, que incluyen elementos devenidos de la música folklórica. Pero aclara que, siempre, “el tema más importante por resolver es el rítmico”.
Hasaj se explaya sobre las diferencias de cada una de las dos suites, habida cuenta de que fueron orquestadas por distintos músicos. “Tanto el arreglo de Cardozo Ocampo como el de Bragato están muy bien hechos. Pero son muy diferentes entre sí. La «Milonga», por su brevedad, no tiene tantos elementos como para analizarla tan intensamente. La suite orquestada por Bragato está muy bien trabajada desde los dos ángulos, tanto el clásico como el popular. El domina perfectamente ambos campos. El aspecto rítmico de la música folklórica, que es particularmente complicado para una formación clásica, lo resuelve de una manera cómoda. En cambio, la «Suite argentina», que para nosotros tiene costados sentimentales y afectivos importantes, es mucho más complicada. Cardozo Ocampo, tal vez deliberadamente en la búsqueda del choque, ofrece pasajes de mucha dificultad rítmica en el ensamble –por ejemplo, el «Bailecito»–, con la alternancia y la mezcla de ritmos ternarios y binarios, en un tipo de orquestación muy interesante, pero que debe ser muy bien trabajada para destacar esa contradicción.” Y remata: “Pero contamos con el asesoramiento del Maestro sobre estas cuestiones, que fue esencial y altamente ilustrativo”.
Falú devuelve las gentilezas: “Los músicos de la Camerata son excelentes y tienen una gran ductilidad. Se adaptan rápidamente. Cuando hicimos aquella grabación, para el «Bailecito», que dura un poco más de dos minutos, estuvimos en el estudio desde las 22 hasta las 5. Ahora, apenas si tardamos una hora”. Con respecto al “Bailecito” tan temido, Hasaj, con buen humor, dice que estaban preparados para pasar una larga temporada en el estudio de grabación, pero que, “por suerte, salió bastante rápido”.
Después de la “Suite argentina” y la “Suite norteña”, Falú se ríe cuando se lo inquiere acerca de si no piensa abarcar otras geografías argentinas, por ejemplo, con una suite sureña. Hasaj le dice que una milonga, la de este disco, ya tiene. Y Falú, pensando en voz alta, imagina un malambo, un estilo. Y lo compromete a Hasaj: “Usted es un gran orquestador. Yo sé que siempre está muy ocupado, pero me parece que juntos vamos a hacer un malambo”.
Concluida la grabación, ahora es el tiempo de la edición y de la búsqueda de un sponsor que pueda garantizar una buena difusión nacional e internacional. En un país que no tiene más empresas como Segba y en el medio de una crisis profunda, la tarea no parece sencilla. No obstante, y aun cuando este compacto todavía no ha salido a la luz, la inexistente pero probable suite sureña indicaría que nuevos capítulos se podrían agregar a la saga de la Camerata con Eduardo Falú. A lo sumo, si deciden encarar un tercer episodio, es de esperar que el lapso hasta su realización sea menor que el que se extendió desde aquel histórico LP hasta este todavía inédito CD.





