
Feliz reencuentro con Pedro Aznar
Recital de Pedro Aznar. Presentación del disco "Parte de volar". Músicos: Alejandro Devries (teclados, coros), Diego Clemente (guitarra, aerófonos, percusión, coros), Facundo Guevara (percusión), Aznar (voz, bajo y guitarra). Invitados: Charly García, Lito Epumer, Juan Carlos "Mono" Fontana, grupo La Chilinga. Anteayer, en el Teatro ND/Ateneo.
Nuestra opinión: bueno
La vuelta a un escenario que no pisaba desde hace muchos años, temas frescos y un par de inéditos, la grabación del concierto, la reunión con viejos compañeros de ruta y, para el cierre, la presencia del grupo de percusión La Chilinga y del rockstar Charly García como invitado de lujo fueron los elementos de una tabla (excepcional, no periódica) que Pedro Aznar reunió para conseguir una buena química.
El concierto fue promocionado, inicialmente, para el estreno en Buenos Aires de "Parte de volar", su más reciente producción discográfica. Pero si el show que fue registrado se publica dará cuenta del universo musical que rodea a Aznar desde hace algunos años. El de un músico que creció desde su virtuosismo y la música instrumental y que fue hacia la canción popular, el folklore latinoamericano y, especialmente en su última placa, hacia la búsqueda del verso comprometido, propio o ajeno, para ponerse a tono con los tiempos que corren.
Porque ya no es el que tocaba "Boston" o "New Wave Bop" en su primer long play, ni el de "Verano en Nueva Inglaterra" o "23" junto a Pat Metheny, Lyle Mays y compañía, para el álbum "Contemplación". Tampoco el de los sonidos "programables" de "No me cuentes tu historia", plasmados en el disco "Fotos de Tokyo". Sin embargo, todo ese bagaje musical creado en los comienzos de su carrera fue tamizado y aparece de una manera sutil o inconsciente.
"Fotos de Tokyo" (el tema) es, en la versión más actual, una bella canción que se apoya en los rasguidos de una guitarra. Y muchas otras piezas del repertorio que ofreció anteanoche llevaron a veces la belleza y otras el peso de la palabra. Aznar quiso decir de otra manera, y aunque es novato en el rubro, lo hizo desde frases como "Muñequitos de papel (...) quién les puso cascabel vino a ver/bailen bien" y "Todos se han quedado sin trabajo/ sin pan ni voz"; luego recurrió a la tinta y la melodía de quienes se dedicaron a retratar el testimonio social desde la música (para los bises, por ejemplo, reservó aquel "Manifiesto" de 1973 proclamado por Víctor Jara).
Al estar dividido en pequeños segmentos, y a pesar de mínimos desniveles, el concierto tuvo tiempo y espacio para buena parte de su propuesta. Siempre dentro de una instrumentación modesta, la necesaria, que combinó percusión, teclados, bajos y guitarras, no faltaron los acentos peruanos de "María Landó", los uruguayos de "El tungue le", o los aires de chamamé de "Zapatillas y libros". Y dos piezas del trabajo que realizó sobre poemas de Borges, "Caja de música" y "El gaucho", quizá las más logradas de ese repertorio. Además, ratificó su devoción por Lennon, criticó a McCartney y el público se dio el gusto de entonar, con inusual afinación, los estribillos de "A primera vista" y "Como la cigarra".
Dentro de la veta más telúrica seleccionó algunas joyas. En este terreno ha crecido como intérprete, aunque todavía le falta un poco de paisaje. Sin embargo, tuvo la habilidad para trasladar todo su talento a "Soledad, Jujuy 1941", de Yupanqui, o para versionar la "Zamba del carnaval", de Leguizamón, junto a la cantante Angela Irene, y "El seclanteño", una exquisita vidala del gran autor (aunque no lo suficientemente reconocido) Ariel Petrocelli, que Pedro arregló y produjo para un disco de Suna Rocha y que tomó para incluir en su flamante CD.
Cerca del final convocó a Lito Epumer y Mono Fontana, sus ex compañeros de Madre Atómica, para recordar con el "Setembro" de Ivan Lins la época en que eran adolescentes pelilargos y dieron el último concierto del grupo en esa misma sala. Más tarde invitó a García para "Viernes 3 AM" y el potente "Mientes"; se hundió en los tambores chilingos con el pegadizo "Dicen que dicen" y se despidió con "Plegaria para el alma de Layla", que, de algún modo, contempla su presente y su pasado, el universo de Pedro Aznar.





