Fiesta al ritmo de los acordeones
Raúl Barboza vuelve a presentarse esta noche
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Presentación de los acordeonistas Raúl Barboza y Luiz Carlos Borges . El viernes, en La Trastienda, Balcarce 460. Próxima función: Hoy, a las 21.30.
Nuestra opinión: muy bueno
Sonaba el himno correntino del chamamé y La Trastienda era una fiesta. ¡Quién lo hubiera dicho! Tanto jolgorio en una actuación de Raúl Barboza. La música de este acordeonista puede ser por momentos muy extravertida, es cierto, pero tiene mucho más de reflexión que de festejo.
Sucede, a veces, que los encuentros con otras músicas o intérpretes pueden ofrecer nuevos resultados, quizá no impensados, pero diferentes. Tal vez haya sido eso lo que sucedió el último viernes, cuando Raúl Barboza tocó con su grupo e invitó a su colega brasileño Luiz Carlos Borges al escenario. En realidad, el convite fue muy generoso porque no se trató de compartir un par de canciones a dúo, sino de ir cincuenta y cincuenta, en cantidad de temas para cada uno, y luego el tramo final, ese jolgorio que se armó en la platea con muy buenas versiones de "Pueblero de Allá Ité", "Kilómetro 11", "Villanueva" y "Forastero", sonando como sexteto (Barboza y los suyos, más Borges en compañía del guitarrista Yuri Menezes).
La presentación de esta noche será sólo de Barboza porque su colega ya estará de regreso en sus pagos del estado brasileño de Río Grande do Sul. Y seguramente no sonará menos interesante que la del viernes último; simplemente será diferente. Porque Barboza desplegará en algo más de una hora y media esa muestra de cinco títulos que ofreció en la primera función.
Como buen anfitrión, para esa actuación subió primero al escenario y entregó un puñado de piezas instrumentales, algunas de ellas incluidas en su más reciente producción discográfica editada en la Argentina.
Para muestra sobra un botón. ¿Así es el dicho? Lo de Barboza fue brillante porque sonó virtuosístico, elegante, sobrio y con gracia, todo eso mezclado en equilibradas porciones. El cuarteto le sienta muy bien, especialmente este que lidera y que se completa con guitarra, percusión y contrabajo. Este acordeonista tiene ciertos giros muy propios en su manera de tocar que pueden ser adivinados por un oído habituado a escucharlo. En cambio, en este tipo de concierto pone su música en función del conjunto y hace que fluya de otra manera. Esta formación es una muy interesante alternativa para escuchar a Barboza.
Por su parte, Borges también tocó un puñado de canciones en este equitativo reparto, antes del cierre que hicieron todos juntos.
El músico gaúcho explora dos frentes musicales. Por un lado, su pasión por el chamamé, que parece no tener freno y lo empuja a interpretar un repertorio argentino que toca y canta correctamente, aunque no más que eso (no mejor que otros músicos argentinos). Sin embargo, hay en su música piezas más singulares, como un chamamé que le escribió a su hijo y que se llama, justamente, "Mi hijo me ha pedido un chamamé".
Pero, sin duda, lo que más se disfruta de este músicos en tierras argentinas es cuando toca vanerão, un género de su tierra gaúcha . Se trata de una música popular, rítmicamente difícil (si se la quiere interpretar correctamente) como lo son algunos géneros del litoral argentino. Luiz Carlos Borges lo hace con gracia y maestría. Y lo hizo con gracia y maestría en esa, su última actuación porteña, desde el primer título "Una gurupa do baião".


