Forever: Corea, Clarke y White

Los tres músicos regresaron a la Argentina con una formación de trío para recordar al grupo que compartieron
Mauro Apicella
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9 de junio de 2012  

Presentacion del trío, en Buenos Aires / Musicos: Chick Corea (piano), Stanley Clarke (contrabajo) y Lenny White (bateria) / Función: El último miércoles / Sala: Teatro Gran Rex

Nuestra opinión: muy bueno

El ámbito ideal para un trío de piano, contrabajo y batería no es un teatro para 3500 personas sino salas más pequeñas en las que se pueda escuchar el sonido de los instrumentos sin amplificación eléctrica. De ese modo se logra disfrutar de cada uno de manera más natural. Pero lo cierto es que un trío integrado por el pianista Chick Corea, el contrabajista Stanley Clarke y el baterista Lenny White no es de lo más convencional. Eso significa que puede funcionar ante una sala, repleta de público, que excede las 3000 butacas.

Es curioso: el jazz, que es considerado uno de los lenguajes más libres, tiene más convenciones que muchas otras músicas. Si se habla de un trío de piano, se hace referencia a uno de jazz, que se completa con contrabajo y batería. Y esa batería suele tener cuatro tambores pequeños; especialmente el bombo (el que se usa para bebop es realmente pequeño).

Claro que no será exactamente ese el caso de esta propuesta. Por eso quienes hayan ido el último miércoles al teatro Gran Rex con los oídos predispuestos a escuchar a un trío con todas sus convenciones, seguramente salieron dos horas después del concierto con una gran decepción.

En este trío, que se conoce como Forever porque el último año publicó un CD con ese nombre, aparecen algunos elementos de lo convencional del jazz y muchos otros que llegan de otras influencias, incluso de aquella banda emblemática del jazz rock de la década del setenta, Return To Forever.

Estos tres señores maduros subieron al escenario para evocar algunas piezas de aquella banda y dialogar en base a algún standard o pieza conocida del repertorio de Corea. Sonaron efusivos, expansivos en algunos solos (porque son tres virtuosos), pero también con momentos de buen lirismo e introspección, especialmente su líder.

Hay en el ADN de estos tres músicos una buena cuota de rock (eso que hizo del jazz rock algo diferente, en la década del setenta). Y será por esto mismo que los años -Stanley Clark y Lenny White, andan por los 60, Chick Corea cumplirá 71 el martes próximo- no los hicieron abandonar ciertas mañas y, al mismo tiempo, le sumaron cierta sabiduría en lo que hacen.

Corea sigue siendo un pianista con temperamento, un líder, y, a la vez, un artista sutil e inspirado. Clarke es un viejo zorro que toca el contrabajo con movimientos de contrabajista, pero busca en su instrumento la paleta tímbrica que se puede encontrar en un bajo eléctrico. Además, toca con arco, arpegia, rasguea, pellizca las cuerdas y se mueve con destreza y gran afinación. White, desde los tambores, es menos sorpresivo en recursos, pero responde a los estímulos rítmicos de sus socios.

Cada pieza que el trío interpretó en su concierto porteño tuvo muchas aristas. "No Mistery" es un ejemplo de esos cambios de situaciones y momentos. Y en el total del concierto se pudieron disfrutar de esos matices, muy propios de una época y de un lenguaje que, definitivamente, no es jazz sino jazz rock. Desde la exquisita balada "How deep is the Ocean" o "My One only Love", hasta una extranísima introducción para uno de los mayores éxitos de Return to Forever, "Romantic Warrior", que quedó reservado para el tramo final del concierto.

Hubo, también, un fragmento de otro éxito de Corea, "La fiesta" y un poco de blues. Hubo un intervalo para ajustar la afinación del piano. Luego se escucharon títulos de Return en versiones adaptadas para esta formación, como "After de Cosmic Rain"; y hubo un bis, "500 Miles High", que terminó de coronar un concierto muy disfrutado, que no fue apto para los oídos que buscan la creatividad en las formas convencionales ni para los que piden novedades.

Aunque en la batería no se escucharon los mismos matices que en el resto de los instrumentos, la cohesión grupal fue sobresaliente. Supieron aprovechar la posibilidad de evitar las convenciones del standard (exposición del tema-solos-final) para buscar la manera de intercalar, de una manera más ingeniosa, solos y arreglos de trío que parecían milimétricamente diseñados y ensayados, y que dieron cuenta de esa vitalidad que ostentan. Se conocen hace 40 años y no han perdido el buen hábito de combinar sus talentos.

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