Gidon Kremer: entre los mejores y el más original
El maravilloso violinista letón y su Kremerata Báltica presentarán un recital de música de cámara en el templo de Belgrano
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Es letón nacido en Riga, hace sesenta y un años, en el seno de una familia judía de origen alemán y su padre, un sobreviviente del Holocausto, comenzó a enseñarle violín cuando tenía cuatro. Y el chico con nombre de juez bíblico comenzó a hacer carrera. Del Conservatorio de Riga marchó al de Moscú para estudiar con David Oistrach y, en un lapso de pocos años, se empecinó en ganar concursos, el último de ellos, en 1970, ni más ni menos que el Tchaikovsky de Moscú, en 1970. Tenía veintitrés y, desde entonces, se ha transformado en uno de los violinistas más notables aunque, por su repertorio, tal vez, el más original de todos. Y hoy este artista maravilloso toca en el Templo Amijai.
El año pasado, los encargados del área cultural de esta sinagoga de Belgrano sorprendieron con un extraño abono a tres conciertos de grandes violinistas. En distintas fechas, pasaron por el templo, Pinchas Zukerman, Shlomo Mintz y Gidon Kremer. El asombro fue mayor cuando, a comienzos de año, fue anunciado el segundo capítulo del mismo emprendimiento con los mismos tres fantásticos violinistas. Ya pasó Zukerman, hace algunos meses, dejando una estela gloriosa y falta una semana para que llegue Mintz. Pero hoy, con tres músicos de la veintena que integran y rotan en ese fantástico ensamble que, con una pizca de narcisismo, Gidon ha denominado Kremerata Báltica, presentará un recital de música de cámara que, a su modo, resume la variedad y los toques de singularidad que lo caracterizan.
Con técnicas descomunales y sonidos voluptuosos, los grandes violinistas, aquellos que conforman el top ten del rubro, tocan, casi todos, el mismo repertorio. Es que desde Bach o Vivaldi hasta Bartók, Szymanowski o Berg, existe una literatura violinística increíble, profusa, variada y lo suficientemente amplia como para que los músicos puedan navegar por esas aguas sabiendo que siempre encontrarán públicos ávidos y satisfechos. Pero Kremer, quizás con mayor intensidad que sus colegas, se ha dedicado a ampliar ese muestrario, incorporando, con persistencia llamativa, obras de las últimas décadas, muchas de ellas, por él encargadas, de compositores tan disímiles como Olivier Messiaen, Alfred Schnittke, Sofia Gubaidulina, Philip Glass, Valentin Silvestrov, Toru Takemitsu, Edison Denisov, Piazzolla, Luigi Nono y Arvo Pärt, entre muchos más.
Si la lista de compositores definitivamente alcanza para conformar a los espíritus más exigentes, también Gidon puede vanagloriarse de sus amigos. Si vemos desde el lado optimista y benévolo el "dime con quién andas y te diré quién eres", pues el currículum está completo. Con Martha Argerich ha dejado registros paradigmáticos de integrales memorables para violín y piano. Pero además, ha tocado con Mstislav Rostropovich, Oleg Maisenberg, Heinz Holliger, Mischa Maisky, Yo-Yo Ma, Keith Jarrett y Kim Kashkashian, por nombrar sólo a algunos, y su estampa de violinista hiperactivo sobre el escenario ha aparecido por delante de las orquestas más prestigiosas del planeta.
Para hoy, junto el pianista Andrius Zlabys, la violista Ula Ulijona y el chelista Giedre Dirvanauskaite, músicos de nombres inmemorizables pero, seguramente, excelentes, como todos letones, estonios y lituanos de la Kremerata, Gidon tocará In li´stesso tempo , un cuarteto con piano, de 1997, del georgiano Giya Kancheli, una trascripción para ensamble de cámara de Preludio, fuga y variaciones de César Franck y, por último, el Cuarteto con piano Nº3 en do menor, op.60, de Brahms. Es de imaginar que, con el entusiasmo que sus interpretaciones van a despertar, no será este cuarteto de Brahms la última obra que sonará hoy. Pero, en todo caso, habrá que estar por ahí para saber qué es lo que Kremer, con su violín Amati de 1641, tocará fuera de programa.
Para agendar
Gidon Kremer. Con la Kremerata Báltica.
Templo de la Comunidad Amijai. Arribeños 2355. Hoy, a las 20.30. Entradas, entre 150 y 300 pesos.




