
Grandes nombres de la lírica, en el recuerdo
Séptima entrega de la colección
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La colección "Las voces: glorias de la ópera", cuyo séptimo volumen se entrega con la presente edición de LA NACION, reúne a grandes figuras, desde el notable bajo Emanuel List -que vino a Buenos Aires en varias temporadas a partir de 1938-, hasta Antonio Melandri, un tenor de excepcionales condiciones que, sin embargo, se lo conoce poco por la carencia de antiguas placas de 78 rpm: grabó sólo unas pocas, difíciles de encontrar.
Como esta figura cantó en el Teatro Colón en 1927, cuando formó parte de tres estrenos, con un total de once funciones y el CD incluye una impecable versión de "Ch ella mi creda libero e lontano...", de "La fanciulla del West", de Giacomo Puccini -grabada precisamente ese año-, se transforma en un documento de enorme valor, en especial para quienes indagan en la historia musical de nuestra capital.
Otras gemas de esta edición son un registro del tenor francés José Luccioni (nacido en Córcega), que Buenos Aires conoció en 1936, que se alternó nada menos que con Georges Thill, y la voz de Isabel Marengo -acaso una de las cantantes líricas argentina de mayor fama internacional- hasta el punto de haber cantado en la Scala de Milán con la batuta de Pietro Mascagni, invitada nuevamente a actuar en el mismo escenario con la dirección de Arturo Toscanini con motivo del centenario del autor, para formar parte del elenco estelar de "L elisir d amore", de Donizetti, junto a Tito Schipa y Salvatore Baccaloni.
Por fin, entre otras magníficas grabaciones, incluyendo algunas más modernas como la del barítono Robert Massard, de muy buen sonido, tanto de la voz como de la orquesta -resulta muy interesante escuchar el perfecto estilo de la famosa "Canción del toreador", de "Carmen"- y la del tenor Galeano Masini, que brinda la famosa despedida de Turiddu en "Cavalleria rusticana", de Mascagni, que inevitablemente hace rememorar, con dolorosa emoción, aquella función de gala en la que el artista, en ese mismo final del primer ejemplo del verismo, sufrió un accidente vocal traumático.
Suman interés otros nombres ilustres como los de Giovanni Martinelli, Christa Ludwig, George London y muy especialmente el de Esther Mazzoleni, una soprano rutilante que después de brillante carrera se dedicó a la enseñanza hasta muy avanzada edad. Murió a los 99 años y su gloria fue una realidad. Pero vale la pena señalar que la artista poseyó un sonido de voz emitido con un marcado vibrato (sonido con temblor) característica que suele ser mortificante cuando no es el natural, pero en este caso, y a pesar de su amplitud, fue un embrujo seductor.

