
Grandes voces líricas del siglo XX
Una nueva entrega de la colección
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El undécimo volumen de la colección Las voces: Glorias de la ópera , que hoy aparece con LA NACION, tiene uno de los muestrarios más notables de los cantantes que hicieron historia en la primera mitad del siglo XX. El riguroso orden alfabético que gobierna la selección decide que el primero de ellos sea Martial Singher, el barítono que, en esta placa entona, en francés -todo un hallazgo-, un aria de Lohengrin , de Wagner.
Luego, entre aquellos grandes de la lírica, están el tenor turco Cristy Solari ("Se il mio nome", de El barbero de Sevilla , de Rossini), nuestra compatriota Hina Spani ("La canción del sauce", de Otello , de Verdi), la mezzosoprano neoyorquina Risë Stevens (la habanera de Carmen , de Bizet), la soprano Rita Storchio ("Ah! Non giunge uman pensiero", de La sonámbula , de Bellini, en un histórico registro de 1906), el barítono boloñés Ricardo Stracciari ("Di Provenza, il mare", de La traviata , de Verdi, tomado el mismo año) y la exquisita mezzo catalana Conchita Supervía ("Les tringles des sistres", de Carmen ).
Con todo, y más allá de las sensaciones extraordinarias que generan estos maestros de la ópera de la pasada centuria, la diferencia reside en cuatro registros de cantantes cuyas carreras se desarrollaron con posterioridad a 1950. La más notable es, sin dudas, la formidable Joan Sutherland, cuyo retrato decora merecidamente la contratapa del CD. Próxima a cumplir sus setenta y retirada ya de los escenarios, la soprano australiana está presente en esta placa con una inigualable interpretación de "Non mi dir, bell idol mio", del Don Giovanni mozartiano. De la misma ópera, se puede apreciar "Madamina, el catalogo é questo", cantada por el gran barítono italiano Giuseppe Taddei, con su recordada y cálida voz.
En la apertura del CD se encuentra otra verdadera joya: Beverly Sills cantando "Caro nome", de Rigoletto . Con solvencia y musicalidad, la soprano estadounidense pasa por las feroces coloraturas que Verdi escribió para que Gilda recuerde, ensoñada, el nombre del Duque. La cuarta del grupo de los "modernos" es Antonieta Stella, que aquí entona "Ritorna vincitor", de Aida , con una fuerza particular y también con las dudas de quien sabe que la victoria de Radamés significará la derrota de su propio padre.



