
Homenaje a Pía Sebastiani
Un encuentro musical para celebrar los 85 años de la pianista y compositora
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Concierto homenaje a Pía Sebastiani , piano; junto con Rafael Gintoli, violín, y Marcelo Balat, piano. Programa: Sonata Nº 3, Op. 108, de Johannes Brahms; Dos nocturnos, de Frédéric Chopin; Imágenes Nº 2, de Claude Debussy, y Sonata Nº 2, de Sergei Rachmaninov. Auditorio Amijai.
Nuestra opinión: muy bueno
Un homenaje a Pía Sebastiani en la temporada musical es un hecho de estricta justicia para con una pianista y compositora argentina que enorgullece al círculo musical de Buenos Aires.
Las razones, muy sencillas, por el solo motivo de celebrar sus 85 años y en reconocimiento de su destacada trayectoria artística, fueron bien expuestas por Eugenio Scavo, director artístico en el templo de la comunidad Amijai.
Efectivamente, Pía Sebastiani fue una de las discípulas de Gilardo Gilardi y de Jorge de Lalewicz -este último, el maestro polaco que había estudiado en Rusia con Rimsky Korsakoff y con Liadow-, asimismo, compositora de obras para orquesta como Concierto de 1941 ; Coral, fuga y final de 1945, Sonatina de cámara (1946), preludios y numerosas canciones muy refinadas, para voz y piano sobre textos de Paul Verlaine y Leopoldo Lugones, además de cantos y páginas de sabor popular.
Con esa elegancia natural que la distingue, Pía Sebastiani apreció en el escenario el cariño y recibió un cálido aplauso como es lógico que aconteciera.
De inmediato, en dúo con el distinguido violinista Rafael Gintoli, ofrecieron la tercera sonata, de Brahms, para esta combinación instrumental, que se caracteriza por una escritura menos tormentosa que las anteriores, acaso impregnada de un lirismo que fluye con mayor libertad y sosiego.
Y sorprendió Pía Sebastiani por la calma y sabiduría de su versión desde el teclado y la siempre visceral forma de frasear que distingue a Gintoli con su violín. Aquí cabe recordar que la obra es de aquellas que han logrado amalgamar en un plano de similar importancia el violín y sus cuatro cuerdas, con todo un teclado del soberano piano. Entonces por la conjunción lograda con el violín, la solidez expresiva de Sebastiani y la búsqueda constante de equilibrio de sonido, quedó en evidencia que es continuadora y custodia indudable de la estirpe de músicos y pedagogos, que fluye en su sangre y en su luminosa personalidad. El aplauso fue emotivo y generó el agregado de un movimiento de la octava sonata, de Beethoven.
En la segunda parte, se pudieron medir los quilates de Sebastiani también de otra forma, esto es, a través del arte de su distinguido alumno, quien encaró con aplomado desempeño, dos nocturnos, de Chopin. Luego, dando evidencia de conocer el lenguaje cristalino de Debussy, ofreció " Peces de oro", de Imágenes para teclado . En tanto que para cerrar una noche para el recuerdo, Marcelo Balat encaró con resolución y robustez en el sonido, la segunda sonata de Rachmaninov, composición algo inconsistente en cuanto a sustancia, pero de comprometida pirotecnia para el teclado, resueltas aquí con inteligencia.
Como fuera lógico que ocurriera, en este infrecuente y grato recital, los aplausos al joven, asimismo estuvieron de alguna manera dirigidos a Pía Sebastiani, quien retornó al escenario, dando evidencia de felicidad, y ambos, maestra y alumno, dictaron una cátedra exquisita el entregar con refinamiento algunos de los valses para cuatro manos de Brahms, joya delicada y valiosa para tan mágico momento que, no se duda, ha de quedar escrito en la historia y estudio de las venideras generaciones.
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