Homenaje íntimo para Mozart
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Tercer concierto del Primer Festival Mozart , organizado por Ars Novilis en el Auditorio Ameghino. Recital de canto a cargo de la mezzosoprano Virginia Correa Dupuy junto al piano de José Luis Juri. Lieder, arias y Rondó K. 485, de Wolfgang Amadeus Mozart, y dos sonatas de Frantisek Xaver Duschek, para piano.
Nuestra opinión: muy bueno
Llegó finalmente el canto -tras las tretas del invierno contra pulmones y gargantas de los dos cantantes anunciados- al promediar este Primer Festival Mozart, organizado con envidiable tesón por Mabel Mambretti al frente de Ars Nobilis en esta décima temporada. Y lo trajo la mezzosoprano Virginia Correa Dupuy junto al pianista José Luis Jury. Quizá porque estaban inicialmente programadas como parte del "Recital Mozart en Praga: una soirée en la Bertrámka", quedaron en el repertorio sendas sonatas de Frantisek Xaver Duschek, anfitrión privilegiado en Praga, junto con su esposa, la cantante Josephine, en esa misma ciudad que lo acogió con desbordante entusiasmo sobre todo como compositor.
Por cierto que ni este Duschek compositor, amigo de Mozart en Praga, ni estas sus sonatas (las escritas en Fa mayor y en Mi bemol mayor) pudieron pasar a la historia. Una sencillísima construcción de aire galante dotado de una ingenuidad candorosa, permanecerán apenas como rasgos de este estilo imperante en la niñez y adolescencia de Mozart, cuya inventiva sin par transfiguró con suprema genialidad.
Para rescatarlas del olvido, el pianista José Luis Juri supo, por musicalidad, domeñar la dureza del piano Mason & Hamlim, que se niega a las sutilezas de los pianissimi . Siempre alternando con las partes cantadas, Juri sorteó idéntica prueba al entregar con ductilidad y transparencia el conocido Rondó en Re mayor, Köchel 485.
En este año en que festejamos el cumpleaños número 250 del genio de Salzburgo no se considerará desatinado acercar (como se lo hace con su presunto enemigo Antonio Salieri) a otros de los compositores contemporáneos de Mozart. Sin ir más allá, la de su admirado Johann Christian Bach, el menor de la dinastía, de cuya música se embebió, tras conocerlo de pequeño aún, durante su viaje a Londres.
El tema del amor
Se entiende que el lied es casi sinónimo de Schubert, Schumann, Brahms, Mendelssohn, Wolf y algún otro inspirado compositor del Romanticismo. Por esto mismo se tiende a olvidar que sus primeros brotes surgieron en las postrimerías del siglo XVIII, con Haydn y Mozart. Es que Mozart amó la voz humana. Además de enamorarse de cantantes como su adorado amor imposible: Aloysia Weber, y su hermana Constanza (con quien finalmente se casó). Fue así que compuso arias de concierto para voz solista con orquesta, cerca de treinta canciones con piano, para dos o más voces solistas con diversos acompañamientos, cánones y música religiosa amén, por cierto, de las bellísimas arias de sus óperas.
Claro que si el lied es expresión de desahogo, de confidencia de profundos sentimientos, sobre todo de amor, en Mozart no ocupa un lugar relevante.
No obstante basta que asome el primer lied Abendempfindung (sentimiento vespertino) en la voz prístina -intensa y delicada a la vez- de Virginia Correa Dupuy para saborear esos climas introspectivos y apasionados de un Mozart en plena madurez. Atmósferas que, de pronto, alcanzan inesperado dramatismo junto al teclado con el que dialoga. Mucho antes había compuesto Mozart sendas arietas francesas, como esta "Dans un bois solitaire" (En un bosque solitario), impregnada de melancolía, pero alterada por efusivos arranques del enamorado, donde la voz eufónicamente pastosa de Correa Dupuy desgrana estas notas afines a lo operístico con un fraseo más cautivante. Pero es, sobre todo en la extensa partitura de "Ah, lo previdi" (Ah, lo preví), dedicada a su amada amiga Josephine Duschek y cuyo texto, de Cigna-Santi, se remonta a la mitología, donde un Mozart de apenas 21 años despliega, mediante una gran aria de ópera seria, intercalada de recitativos, su poderosa fantasía y su don dramático. Es en este desafío vocal y expresivo donde el arte de Virginia Correa Dupuy resplandece. Pero sin dejarse llevar por el alarde de sus privilegiadas cuerdas vocales. La mezzosoprano ha preferido transmitir los climas a través de matices, sutilezas y fuego sagrado.
Y si bien la cantante reasume el alemán, en "Als Louise die Briefe ihres ungetreuen Liebhabers verbrante" (Cuando Louise quemó las cartas de su amante infiel), sin el énfasis de sus consonantes, es capaz de internarse con unción y profundidad en esta otra aria que se aleja del lied en sus cromáticos aprestos operísticos. Y con idéntica entrega y empatía estética asumirá el italiano, para expresar la doliente tonalidad menor entretejida con pasajes de impresionantes cromatismos, en "Bella mia fiamma, addio" (Mi bella llama, adiós) en la que un Mozart de 31 años ya prefigura el élan romántico.
Virginia Correa Dupuy coronará su estupendo recital con "Non piú di fiori", aria que Mozart incluyó en su última ópera "La clemenza di Tito", al transmitir con cautivante unción ese entrañable metodismo mozartiano, pletórico de sentimientos humanos.
El piano de José Luis Juri fue elaborando en todo momento los climas más afines a cada partitura. Incluso en esa despedida de enorme ternura: la diminuta y preciosa canción de cuna, Wigenlied, que nos transporta hacia épocas doradas de nuestra juventud. Virginia la cantó, casi como un susurro, sentadita al lado del pianista.




