Hoy, el folklore según Tukuta Gordillo, en la sala Cátulo Castillo
Como otros chicos de la quebrada, Tukuta Gordillo aprendió a tocar instrumentos de caña siendo muy chico. Eran sus juguetes los sikus y las quenas. Sus abuelos eran de Puno, a orillas del Lago Titicaca, su madre, cocinera increíble, del norte de Potosí, y su padre, minero de Oruro, era integrante de una banda de sikuris muy importante en Bolivia. "Mi viejo tenía 17 años y tuvo que ir a pelear en la guerra contra el Paraguay, al caer herido, pasó con el tren por la quebrada y no se quiso ir más", Tukuta nació en la tranquila Maimará, bordeada por cerros de colores. Desde hace años vive en Tilcara, donde tiene un bar en la esquina de la plaza principal, una casa con un horno de barro en la vereda, un estudio de grabación, donde hace sus discos, frente a la iglesia del pueblo y encuentra su remanso en el Pucará, el mismo lugar donde tocó con Divididos.
Continuó la tradición musical de su padre apenas tuvo conciencia de los sonidos naturales que nacían de ese cordón andino. Ese callejón que baja desde el Ecuador hasta Santiago del Estero y que antiguamente formaban parte del Tawantisuyo. "En todos esos lugares encontramos como instrumento el sikus o la quena, lo que hay que diferenciar es el estilo de cada zona."
La quebrada es una quena profunda y pausada como toca Uña Ramos o Raúl Olarte. Si vas para el lado de Chile suena mas fresca el aire del mar, tiene más brillo, mientras que en Potosí es más fuerte, para que se escuche desde el fondo de las minas. Cada músico tiene su sonido de acuerdo con su región o su entorno", aclara este instrumentista, cantor y compositor, que hoy, a las 21, actuará en Buenos Aires, dentro del ciclo "Demasiado Corazón", en la sala Catulo Castillo (Bartolomé Mitre 970). El músico mostrará algunas canciones de su disco "Yawar América", editado por Epsa, donde reúne composiciones propias "La vieja a la siesta", clásicos "El seclanteño", poemas de Jaime Dávalos y Jorge Calvetti, diferentes ritmos de los andes y sus trabajos para las bandas de sonido de películas y cortos del cineasta Miguel Pereyra, o la insólita inclusión de un tema de Joan Manuel Serrat. "Nosotros somos de una generación marcada por los músicos populares y maestros como Atahualpa Yupanqui. Pero nuestra base y raíz son esos miles de sikuris bajando para semana santa, aunque por ahí hacemos alguna travesura con el sonido de acá. Yo tengo información de gente como Serrat, de los músicos de Potosí, de los sastres y los carpinteros, pero también nos da ganas de tocar otras cositas y por ahí se nos filtra en la digitación algún mechudo como Jimie Hendrix. Pero somos defensores, de este sonido andino y nos maravillamos cuando escuchamos ese viento del Pucara a las tres de la tarde".
El músico maimareño, siempre buscó hacer la música de su región, fabrica sus propias cañas y experimenta con otras posibilidades en los instrumentos de viento. "Mi compromiso de vida es trabajar sobre la música andina. Pero a nosotros nos gusta escuchar y hacer otras cosas como esos amagos que hace Jaime con la música. Nosotros aprendimos mucho de él. Pero hay cosas que salen inconscientemente. Por ejemplo, en mi grupo tengo un chico que es picapedrero, y a veces no puede tocar bien porque estuvo haciendo la base de una casa y de pronto mete una escala que no está en la música andina y a mí me llena de gozo, porque sale de su propia forma de expresión. Acá hay varios changos que son así, y me parece genial, porque están buscando con su tiempo otra cascara nueva al tronco."
De verano y de invierno
La voz profunda de Tukuta impresiona tanto como una contextura que mete respeto. Sin embargo, el músico nunca se enfrenta a las leyes naturales de los antiguos. Se vuelve niño cuando tiene que escuchar a sus mayores. "Los ritmos tienen que ver con el paisaje y con el año agrario. Hay instrumentos de verano y de invierno. Salieron de una raíz étnica y por lo tanto pertenecen a la naturaleza. El hombre no es la base sino parte del equilibrio del sistema. El erke es para la soledad del invierno, por eso si los mayores te ven tocando el erke en verano te miran fiero, porque para ellos estás atrayendo el frío. Lo mismo que la llamada de los erkenchos y los armónicos de las ruedas de coplas son para el carnaval. Todas son distintas tonalidades para un panorama musical riquísimo", detalla Tukuta.
Sin perder toda esa sabiduría popular, de los antiguos habitantes de la quebrada, el instrumentista tira su propia visión de la quebrada. Saliendo de esa postal típica, Tukuta Gordillo busca una visión universal, pero enclavada desde el corazón de su aldea. Esa que fue desarrollando en sus viajes a Japón, su aprendizaje al lado de Jaime Torres o de su encuentro con poetas de la zona. "Quiero mostrar ese pedazo de América y la quebrada, el sonido del minero, de los carpinteros, la raíz de Dávalos y Calvetti, esos buenos duendes que han escrito para siglos lo que hoy es Tilcara y ves saliendo a la calle. Cantar o decir algunas de esas coplas es satisfactorio es como la continuidad de la historia a través de nuestro sonido y nuestra voz." En este momento está preparando su próximo material íntegramente grabado en escenarios naturales de la Quebrada de Humahuaca. "Queremos ir a grabar a salinas grandes, que tiene esa soledad inmensa y el sonido del viento,también a la iglesia de Susques, que tiene una acústica muy particular y es del 1500, y pasar por Laguna de Pozuelos, donde vamos a tocar con tambores de barro y de agua. En vez de enchufarnos estamos volviendo para atrás, de donde venimos realmente. Es una forma de resistir con nuestra cultura ante lo despiadado de la globalización. Nosotros peleamos por la diversidad y en eso estamos metidos."


