Ibrahim Ferrer, el rey del son y del bolero
El músico cubano actuará esta noche
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Ibrahim Ferrer camina por el hotel con paso elegante y la levedad de quien se siente libre de hacer lo que quiere en la vida. Ni siquiera los compromisos que el cantante cubano adquirió con el éxito del BuenaVista Social Club, que desde hace siete años lo mantienen ocupado entre giras y grabaciones, parecen pesarle en su cuerpo delgado. Una sonrisa cándida le dibuja el rostro cuando dice: "No me obligo a hacer nada que no quiero. Me siento libre de parar en cualquier momento, pero quiero disfrutar esta oportunidad que me da la vida para representar a ese pedacito de mi tierra cubana. Me siento orgulloso de eso".
Dentro de su gira por América latina, el cantante presentará esta noche en Obras Sanitarias las canciones de su segundo disco solista, "Buenos muchachos". Junto a una orquesta de 17 músicos, entre los que se destacan el contrabajista Cachaíto López, el pianista Rubén Fonseca, el trompetista Guajiro Mirabal, el guitarrista Manuel Galbán y el trombonista Demetrio Muñiz (productor artístico de su último CD), el cantante hará gala de su especialidad: el son y el bolero.
Ibrahim sigue sorprendido como un niño por todo lo que le está pasando. "Me gustaría poder vivir varios años más para disfrutar de todo eso, es lo que le pido a Dios". Reflexiona un momento y agrega: "Quiero llegar a ver cómo somos hermanos entre todos. No puedo entender que alguien quiera imponer sus cosas a los tiros o con guerras. Me gustaría que nos entendiéramos todos con nuestra individualidad y la libertad de vivir cada uno como quiera".
-¿Como se sintió cuando no pudo conseguir la visa para entrar en los Estados Unidos a recibir su premio Grammy?
-Eramos varios a los que nos dijeron que tardaría el visado. Un día antes de la ceremonia me dijeron que era un alto peligro para la seguridad de Estados Unidos y no podía entrar a ese país. Fíjate tú si este viejito con esta cara puede ser un terrorista. Eso me molestó porque en mi país siempre pude hacer lo que quise. En Cuba podemos llegar a pasar hambre, pero somos libres. Nadie nos tiene que decir lo que tenemos que hacer. Siempre digo que la historia se abre paso y que saldrá nuestra verdad, pero no a fuerza de la sangre de nadie. Esa es nuestra lucha.
De Santiago a La Habana
La vida de Ibrahim nunca fue fácil. Quedó huérfano de madre a los 12 años. De ella heredó su devoción por San Lázaro y un bastón con la imagen del santito del que no se despega ni para dormir. Cada tanto lo saca y lo acaricia para sentirse más cerca de ella. "Mi madre se llamaba Aurelia y era devota de este santo, así que me transmitió a mí ese cariño. No soy creyente, ni santero, pero sigo la costumbre y deposito mi confianza en él."
Protegido por el santo de su madre, Ibrahim trató de sobrevivir en las duras calles de Santiago de Cuba como vendedor ambulante. "Me tuve que poner a trabajar y no pude seguir estudiando -cuenta-. Sumaba algunos pesos extra en los bailes estudiantiles y aprendía de maestros como Reynaldo Hierrizuelo, de la Vieja Trova Santiaguera."
Su constancia, su exquisita voz y su talento lo llevaron a formar parte de las mejores orquestas de la región del oriente cubano como el Conjunto Sorpresa, el conjunto de Pancho Alonso y la Orquesta de Chepín. Tiempo después, durante los años de oro de la música popular cubana, Ibrahim se mudó a La Habana, donde fue invitado a sumarse a las filas de la Orquesta Ritmo Oriental y la legendaria banda de su amigo Benny Moré. "Pero mi figura siempre quedó opacada. Por ahí nombraban a los directores y los arregladores, pero nunca me mencionaban a mí. Eso me generó mucha tristeza. Cansado de luchar durante veinte años con Los Bocucos me jubilé de la música y lustraba zapatos. Hasta que un día vinieron a decirme si quería grabar para el Buena Vista Social Club, donde estaban Compay Segundo, Rubén González, Omara Portuondo y Elíades Ochoa, entre otros. Fue tremenda emoción, chico."
-¿Esa grabación fue como un antes y un después para su vida?
-Es como cumplir un deseo que siempre tuve, el de ser reconocido como artista. No lo vivo como una segunda oportunidad, sino como la primera que me da la vida.
-Para muchos, la llave del éxito fue su versión del tema "Dos gardenias".
-Fue increíble lo que pasó con ese tema. En realidad, no estaba en los planes de nadie, menos en el mío. Cuando gané el Grammy por ese tema ni siquiera me lo creía, pero creo que fue una casualidad linda.
-¿Por qué?
-Es que lo comencé a cantar junto a Rubén González como un juego. Estábamos recordando temas viejos y surgió este bolero, que tuvo miles de versiones por gente muy importante en los años cincuenta. Yo ni sabía que Ry Cooder lo estaba grabando hasta que terminamos de hacerlo. Pero se ve que surgió algo especial y quedó como una de las versiones más exitosas que se recuerden.
-¿Piensa que está cantando mejor que cuando era un adolescente?
-Por un lado me parece que sí y por otro que no. Hay una realidad, un carro del año 20 no puede tirar mejor que uno del 2000. Antes tenía una voz más clara y ahora la tengo gastada por los años porque nunca me cuidé. Dejé de fumar hace 6 meses y no tomo más, salvo un traguito de ron. Por otro lado, siento que éste es mi momento. A mis 77 años, ponga ochenta si quiere, me siento tan joven como antes.
-Después del éxito de Buena Vista surgieron voces críticas con respecto al papel de Ry Cooder.
-Primero debo decir que Ry Cooder es un excelente artista y con una notable sensibilidad para nuestra música. El nos puso en un lugar que la música popular cubana no tenía. Para mí es como un cubano más.
-También hubo voces que señalaban que abusaron del trabajo de muchos integrantes del Buena Vista, a pesar de que son personas grandes.
-No me imponen nada que no quiera hacer. Soy libre de espíritu y mente. Me siento un obrero de la música y me gusta trabajar. Tengo la hermosa responsabilidad de ser como un embajador de Cuba.
-¿Qué cosas han cambiado en su vida cotidiana?
-En realidad este éxito me permitió mudarme de mi apartamentico a una casa más cómoda y ayudar a mi familia. Pero sigo siendo el mismo padre, el mismo vecino y el mismo amigo. Por mi casa pasan miles de personas y las atiendo a todas. A veces descanso más en las giras, pero soy así. Cuando tú vas a Cuba y preguntas cómo es Ibrahim, te dicen: "El mismo de siempre". Ese es mi mayor orgullo.
Conexión
- Durante el tiempo libre en Buenos Aires, el artista cubano se encontrará con Ibrahim Ferrer Jr., uno de sus seis hijos, que está viviendo aquí. "No lo digo porque soy su padre, pero es un buen muchacho que está peleando mucho y seguramente triunfará", vaticina. Recuerdos de su juventud también lo ligan a esta ciudad porteña. "Lo primero que comencé a cantar cuando tenía 14 años fueron tangos, que conocí a través del trío de Irusta y de las películas de Libertad Lamarque. Mientras trabajaba en el campo picando carbón y leña me la pasaba cantando. Después incluí muchos tangos en mi primer repertorio. Mi preferido era el tema «Uno», que lo hacía en versión de bolero y que ahora estoy pensando incluir en mi próximo disco."
Para agendar
"Buenos muchachos" presentación del último CD de Ibrahim Ferrer junto a una orquesta de 17 músicos.
Estadio Obras Sanitarias. Hoy, a las 21. Av. Libertador 7395. Entradas desde: $ 35.




