Se reedita la obra completa de Jaime Roos

Ya están disponibles sus primeros 5 discos; es la primera vez que su álbum debut, Candombe del 31, tiene una edición en CD
Sebastián Espósito
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28 de febrero de 2016  

Un uruguayo con mucha música en su haber
Un uruguayo con mucha música en su haber Crédito: Gtza. Eloy Yerle

Jaime Roos es más uruguayo que el termo bajo el brazo y el mate de boca ancha en mano -por supuesto, ambos juntitos del lado izquierdo del cuerpo-, por eso a más de uno podrán sorprenderlo las primeras líneas del biógrafo Guilherme de Alencar Pinto (también autor de la memorable biografía de Eduardo Mateo, Razones locas).

Su debut solista, Candombe del 31 (1977), se gestó en París. Allí es donde "se afianzó como compositor", sostiene el biógrafo y autor de cada uno de los textos que acompañan la reedición integral de la obra de Roos.

Los 19 álbumes que conforman la discografía oficial del autor de "Durazno y Convención" saldrán en varias etapas a lo largo de este año, a un lado y a otro del Río de la Plata. La primera, comprendida por los primeros cinco discos (C andombe del 31, Para espantar el sueño, Aquello, Siempre son las cuatro y Mediocampo) ya está disponible en CD.

Sólo 100 ejemplares vendió Candombe... en sus primeros dos años. La historia que lo precede tiene los ingredientes típicos de la época: un viaje a Europa -en 1975- para alejarse de la dictadura militar, unas pocas horas para grabar cuatro temas en un estudio en las afueras de París y menos tiempo aún para completarlo varios meses después en Montevideo, gracias al interés del pequeño sello Ayuí. En el medio un viaje inspirador por América latina junto a su novia holandesa, Franca Aerts.

"Cometa de la Farola", "Candombe..." y "Te acordás hermano" son de aquel disco. De culto por décadas, ésta es su primera edición completa en CD. Pero fue entre el segundo y el quinto peldaño que el sonido de Jaime se templó. Y las temáticas más visitadas por el letrista: el fútbol, el carnaval y la contemplación de una ciudad Montevideo -que hoy es considerada la de mejor calidad de vida de la región-, encontraron entre 1978 y 1984 un período fértil.

La restauración no fue tarea sencilla. Los audios "fueron transferidos en alta definición a partir de las mejores fuentes originales disponibles". Conformar a un perfeccionista empedernido como Roos no es tarea sencilla. Y barajar y dar de nuevo fue la elección: obviar las reediciones de las últimas décadas y zambullirse en las cintas analógicas para encarar de cero la digitalización.

Pero el rescate no fue sólo sonoro. Aquí también se aprecia el arte de cada uno de los vinilos, los sobres internos y particularidades como la de Para espantar el sueño, su segundo disco, en el que Roos eligió describir entre paréntesis el género de cada tema para una mejor apreciación del oyente europeo. Es que Francia fue el país de su primera edición y París la ciudad en la que estrenó el repertorio. De "Aquello" a "Durazno y Convención" hay una línea imaginaria que une la cotidianidad de una ciudad en blanco y negro. "El barrio respira los tiempos de antes", canta Jaime, y aún hoy esa línea de "Aquello" tiene vigencia. Una copita de grapa-miel, los barrios "rivales y hermanos" de Sur y Palermo y la certeza del encuentro en ese bar de esquina: "Te encontraré en la barra, no creo que hayas cambiado de lugar".

Entre el primero y el tercer disco ese sabor montevideano estuvo básicamente en el mate amargo. Con residencia itinerante entre Francia y Holanda, con un buen sorbo de rock y psicodelia y dosis importantes de melancolía ("Los Olímpicos"; Aquello), aún así la inspiración vino mayormente de su "Uruguay nomás". En tiempos en los que anhelaba que hubiera "todo un país detrás" Jaime selló un pacto consigo mismo y lo llevó hasta las últimas consecuencias. "Del otro lado del mar" lo estaba esperando el hogar ("Parece") y sabía que allí había un lugar que sólo él podía ocupar.

Esta primera etapa cierra con un disco uruguayísimo como Mediocampo. Es una fotografía de época: el fin de la dictadura y un Jaime que apelaba desde la tapa a una lectura poética del momento. Con la camiseta puesta de un pequeño club de fútbol de barrio, Fénix, para referir a un país que, como el ave, renacía de sus cenizas.

Las músicas están cruzadas por la murga y el candombe, por el amor y la inspiración que le despertaron Los Beatles; por la canción de autor y el rock, incluso por alguna que otra experimentación con sintetizadores que no pasó de eso, pero que sirvió para la exploración de un artista que no ha dejado terreno por transitar.

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