Ismael Serrano: "Estamos perdiendo capacidad para reflexionar en profundidad"

El cantautor español repasó sus 20 años de trayectoria en un disco y un DVD; en mayo vendrá al país a recordar en directo lo mejor de su repertorio
El cantautor español repasó sus 20 años de trayectoria en un disco y un DVD; en mayo vendrá al país a recordar en directo lo mejor de su repertorio Fuente: LA NACION
En su nuevo disco el cantante español, que vendrá el año próximo a tocar en el
Cecilia Martínez
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29 de enero de 2018  • 19:19

“Hoy es siempre” es el aforismo con el que Ismael Serrano bautizó a su nuevo disco doble, acompañado de un DVD con el que celebra sus 20 años de oficio. En mayo volverá a la Argentina para reencontrarse con su público: en el Luna Park y en una serie de actuaciones en el interior. En su nueva obra une canciones hasta acá inéditas con flamantes versiones de sus clásicos. También hay interpretaciones de temas de autores que lo marcaron a lo largo de su carrera. Así, el cantautor madrileño intercala “Sucede que a veces”, “Vértigo” y “Vine del Norte”, con obras inéditas en las que le canta al amor, al desamor y a la literatura. Pero también hay covers, como “Las cuatro y diez”, de Luis Eduardo Aute; “Ojalá”, de Silvio Rodríguez, y hasta "Spaghetti del rock", de Divididos.

–¿Cómo fue el planteo musical a la hora de volver a grabar los temas que escogiste de tus discos anteriores, como “Vértigo” o “Recuerdo”?

–Fue una producción bastante ambiciosa, tanto la puesta en escena para el DVD como la revisión de las canciones, quise imprimirles una cierta épica, un cierto carácter de celebración. Revisarlas fue un ejercicio difícil, porque la versión original la tienes muy presente en la cabeza y el propósito es que no se desvirtúe su esencia, pero quería regrabarlas con cuerdas y darles un punto de sofisticación porque la celebración lo merecía.

–¿Qué te propusiste en esta nueva versión de “Papá, cuéntame otra vez”?

–Incluye un coro, quería hacer una versión como si se pudiese cantar como en Los Miserables, darle una épica especial. Me apetecía convocar a gente del público para que se sumase a la grabación a través de los coros, e hice la convocatoria por las redes sociales. Quería convocar de cierto modo a la gente que hizo posible que me dedique a esto. Es una forma de agradecimiento para quienes me han apoyado y crecido conmigo.

–El disco incluye un cover de “Spaghetti del rock”, de Divididos. ¿Por qué esta canción y por qué Divididos?

–Es una canción que me gusta muchísimo. Un día iba por Rosario y en un bar había una banda cantándola, con el público enardecido y con un punto festivo que me gustó mucho. Me gusta ese punto de letra que yo no cultivo tanto. Yo soy muy concreto, siempre tengo un pie en la realidad, y esta canción tiene algo muy onírico y quise incorporar esa lírica a mi repertorio, que es muy diferente. En este disco también quería remarcar mis vínculos con Argentina en una especie de homenaje. Incluí “Todo Cambia”, aunque es la letra de un compositor chileno pero identificada inevitablemente con Mercedes Sosa, y quería dejar constancia de que si hay algo que define de manera hegemónica a la música argentina es el rock. Y la música de Divididos tiene ese punto del rock clásico. Mollo tiene una forma de cantar muy característica y el reto era traer el tema a mi territorio.

–El DVD es una puesta músico-teatral en la que desplegás el repertorio junto a los músicos, recitás e interpretás. ¿Cómo surgió esta idea?

–Me divierte darle ese carácter teatral a la puesta en escena. Entiendo el concierto como un relato, como un cuento con una línea argumental. Quise incidir en que el músico está en la permanente búsqueda de una canción definitiva, de una voz propia, y entonces recreamos una especie de desván donde uno tiene los objetos perdidos o abandonados, y, entre todos ellos trata de encontrar esa canción. Hay una rosa, que evoca a la rosa de El Principito, que me ayuda a establecer ese diálogo y que me permite ironizar sobre mí mismo, sobre la rigidez y la solemnidad que acompañan a veces al cantautor.

Yo soy muy concreto, siempre tengo un pie en la realidad, y Spaghetti del rock tiene algo muy onírico; quise incorporar esa lírica a mi repertorio"

–¿Qué te han enseñado estos 20 años de carrera?

La música me permitió cumplir muchos sueños. Era impensable que compartiría escenario con Serrat, con Silvio (Rodríguez) o con Aute. Y toda la gente que conocí, gran parte de mis mejores amigos están de este lado del océano. Tengo una hija mitad española, mitad argentina. Le debo muchísimo a este oficio, haber vivido experiencias maravillosas, el haber estado con las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, haber recorrido Latinoamérica, Argentina entera. Y la música también tiene ese valor terapéutico que te ayuda a mantener un poco la cordura.

–La canción social es parte de tu currículum y has escrito temas referentes a diversas problemáticas. ¿Pensabas, en tus inicios, que las cosas irían a mejor?

–No me he hecho un planteamiento sobre qué sería lo mejor o lo peor, no es una cuestión estudiada. Le canto a lo que me emociona: a mis encuentros y desencuentros sentimentales y también a la visión de un mundo desigual, a la realidad política, a los anhelos y frustraciones colectivas. Supongo que le canto a eso porque forma parte de la tradición musical y familiar en la que he crecido, de forma natural y sin pretensiones. Pero ya no solo en mi carrera, sino en la de cualquier cantautor, la canción social no ocupa un porcentaje muy grande del repertorio. En todos mis discos, hay tres o cuatro canciones con esas connotaciones.

–Tres o cuatro temas por disco es un buen número en comparación con otros autores. Hace unos años mencionabas una frase del músico español Iván Ferreiro en relación a que muchos cantantes no sienten pudor a la hora de revelar en una canción con quién se acuestan, pero sí a quién votan. ¿Por qué pasa esto?

–Creo que se debe un poco a cierto pudor, a un prejuicio y a una estética musical que se ha impuesto en relación a que la música tiene que ser evasión y a que cualquier anclaje con la realidad es un anacronismo. Se ha caricaturizado la figura del artista que se compromete, la del cantautor, la del cineasta y la del escritor. Se le exige como un doble argumento, pero creo que hay que asumirlo con naturalidad y veo estéril ese empeño de querer gustarle a todo el mundo, es absurdo. Tampoco uno canta a lo social en busca de la confrontación o del impacto, sino desde el sentimiento que te produce la mirada del mundo que a uno le toca vivir.

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–Como cantautor, ¿qué te gusta ver en tus pares?

–Los cantautores me han hecho sentir protagonista de pequeñas historias que encerraban una épica de la que no era consciente, el día a día, el levantarse cada mañana, ir en metro (subte), caminar por la calle. Eso está lleno de una poética y de una grandeza que no siempre somos capaces de ver. Por eso cuando estamos abatidos y vivimos un fracaso sentimental, escuchamos las canciones de amor más terribles que existen, buscamos rescatar del olvido lo vivido y darle esa grandeza que tienen esas pequeñas batallas, para darles la verdadera heroicidad que supone vivirlas.

–¿Cuenta hoy el cantautor con plataformas para exhibirse?

–Creo que no son tantas las plataformas de difusión que tiene. La canción de autor no es la más radiada, se ha impuesto una estética musical que tiene más que ver con el escapismo, con el hedonismo, no digo que toda la música tenga que ser comprometida, pero sí puede haberla. La canción de autor trata de generar un espacio de reflexión que hoy no tenemos. Un cantautor no basa su carrera en un hit radiofónico, sino que es una trayectoria que va conformando con un repertorio, con una mirada a largo plazo, que a veces el mundo ha perdido. Estamos perdiendo capacidad para reflexionar en profundidad. Las redes sociales son maravillosas para establecer vínculos y contactos inmediatos, pero tienen que ver con el like inmediato y no con la reflexión en profundidad.

–Uno de los cantautores a los que rendís homenaje en el disco con una versión de “Y sin embargo” es a Joaquín Sabina, quien el último año llenó once veces el Luna Park. ¿Qué cosas te unen a él?

–Joaquín es uno de los mejores letristas y que mejor ha sabido crecer, de manera coherente y siguiendo su camino sin aceptar injerencias de ningún tipo. A mí eso me conecta, admiro su trabajo, él habla mucho de la figura del perdedor, del relativizar la derrota o de darle una grandeza al perdedor. Hay una poética en torno a la derrota que me gusta mucho.

–¿Qué es Argentina para vos?

–Tengo una hija (fruto de su matrimonio con la actriz argentina Jimena Ruíz Echazú) que mezcla el vos con el tú, gran parte de mi familia está aquí, de mis mejores amigos y gente con la que trabajo. Es un poco cliché, pero es mi segunda casa. Me encanta, vivo Buenos Aires casi como vivo Madrid, que a veces la amas pero a veces la detestas por lo que tienen de insufribles las grandes ciudades. El argentino vive con un cierto fatalismo, que le da un punto épico y desde el punto de vista creativo eso es maravilloso.

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