Jason Lindner: "Conocer de cerca a David Bowie fue una experiencia hermosa"
El prestigioso músico de jazz participó de la grabación de Blackstar, el último álbum del Duque Blanco, y fue una de las presencias estelares del Festival Ecuador Jazz
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QUITO.- "No me pienso como un músico de jazz, porque me gusta tocar distintas clases de música. Y no todas esas músicas tienen que ver con el vocabulario del jazz. Pero sí toqué jazz muchos años en Nueva York y tuve la suerte de estudiar con viejos maestros", explica Jason Lindner, el tecladista de NY Gypsy All Stars, que formó parte del elenco que convocó David Bowie para grabar Blackstar, su último disco. Se acerca la medianoche, la plaza del Teatro Sucre está casi desierta, y entre Lindner y este cronista se interpone la estatua de bronce que honra al célebre humorista local Don Evaristo Corral. (Es, casi, como si estuviéramos en la esquina porteña de Corrientes y Uruguay, charlando en el sillón entre Borges y Álvarez.) Pero estamos en Quito, y desde el Teatro Variedades resuenan los ecos de una de las jam sessions que cierran las veladas del Festival Ecuador Jazz. Lindner, en ese instante, sostiene que adora el lenguaje de la improvisación. "Pero ojo", advierte. "También me gusta tocar partes escritas previamente."
Oriundo de Brooklyn, Lindner (1973) tiene un prontuario impactante. Desde comienzos de los 90 ha colaborado con artistas como Meshell Ndegeocello, Lauryn Hill, Roy Haynes, Chick Corea, Wynton Marsalis, Jon Hendricks y James Moody, entre otras figuras legendarias. Pero llegó a Ecuador como tecladista de un grupo que une la música de los Balcanes y del Mediterráneo con cierta impronta jazzística. Fiel a su espíritu inquieto, también tocó como invitado de Trivial, un cuarteto local que por su impronta rockera se transformó en una de las revelaciones del festival. NY Gypsy All Stars es sólo uno de los proyectos que integran la agenda de Lindner, que comparte el trío Now vs. Now junto al prestigioso baterista y percusionista Mark Giuliana (también colaborador de Bowie y del tecladista Brad Mehldau) y el bajista de origen griego Pangiotis Andreou, y que además lidera la atípica big band Breeding Ground (cuarteto de cuerdas, saxos, trombón y el cantante Jeff Taylor, además de sus compañeros de Now vs. Now), y tiene varios proyectos ligados a la música electrónica.
Lindner fue a una escuela Waldorf, y allí se empapó de ese método que desarrolla la sensibilidad artística de sus alumnos. "Hacíamos muchos dibujos, pintura, artesanías, y por supuesto mucha música. Pero eso no fue determinante. Creo que, definitivamente, hubiera sido músico de todos modos, porque la música tuvo una presencia muy fuerte en mi familia desde siempre. Mi padre es pianista y me llevaba a los ensayos, a los conciertos, a las giras, así que para mí fue muy natural dedicarme a la música", revela.
-¿Quiénes fueron tus maestros?
-Estudié con Barry Harris, que conoce el lenguaje de Thelonious Monk, Bud Powell, Charlie Parker y Dizzy Gillespie muy bien. Y también estudié con Chris Anderson, un maestro impresionante de armonía, y aunque llegó a grabar con Charlie Parker, no es demasiado famoso. El era de Chicago, fue maestro de Herbie Hancock y tocó con un montón de gente. Incluso tiene un disco a dúo con Charlie Haden, por ejemplo. Murió hace unos años y fue una enorme influencia para mí.
-¿De dónde surge tu vínculo con la música latina?
-Ya desde la adolescencia me acostumbré a tocar distintos tipos de música. Empecé tocando salsa, por ejemplo. Un bajista que estudiaba conmigo en la escuela de música tenía amigos en la Orquesta de Mario Bauza. Así que cuando formó su propia banda me invitó a tocar y aprendí la música cubana de un modo muy auténtico. Desde ese momento toqué mucho latin-jazz. Pero también tengo una conexión muy fuerte con la música tradicional africana, de América del Sur y de otras partes del mundo.
-En una carrera tan prolífica como la tuya, ¿qué importancia tuvo grabar con Bowie en Blackstar?
-Para mí fue un honor increíble. Es, definitivamente, la experiencia más importante de mi carrera.
-¿Y qué fue lo que más te impactó de las sesiones?
-No podría quedarme con una cosa en particular. Creo que el feeling, cuando David estaba cantando con nosotros. No nos esperábamos que cantara con nosotros, aunque fueran voces de referencia. El feeling, la intensidad, la energía, el sentimiento de devoción durante ese momento. Todo fue realmente inspirador.
-¿Sentiste en algún momento que estaba enfermo, que podía ser una de sus últimas grabaciones?
-Desde el primer día supimos que tenía cáncer. Él mismo nos lo explicó, y lo hizo casi como para disculparse. Pensaba que tal vez no iba a tener la energía suficiente para estar todos los días en el estudio. Creo que por eso nos lo advirtió. Pero, realmente, nunca puso el foco en eso. Y nosotros tampoco. Nos pidió que lo mantuviéramos en secreto, principalmente para que no se filtrara a la prensa. Así que eso hicimos.
-¿Cómo surgió la invitación?
-Yo estaba tocando con la banda del saxofonista Donny McCaslin. Y una noche Bowie vino a vernos tocar en un boliche de Nueva York. Luego de eso le pidió a Donny que tocáramos con él. Yo quedé totalmente sorprendido por la invitación, pero me pareció una idea asombrosa. Yo no me vinculo como sesionista en ningún proyecto. Si estoy adentro me involucro y quedo empapado. En ese sentido prefiero eludir la música con la que no me siento conectado. Por eso me puse muy contento cuando recibí los demos vía mail, porque me encantaron. La verdad, no sabía bien qué esperar.
-¿Les explicó en algún momento por qué los había convocado?
-No, pero creo que de verdad le había gustado cómo sonaba ese grupo en vivo. Le gustaba mucho la música de Mark pero, principalmente, porque había algo especial en el modo en que tocábamos. Creo que se conectó, principalmente, con la variedad de sonidos.
-¿Y cómo fue la experiencia en el estudio?
-Conocer de cerca a David Bowie fue una experiencia hermosa. Fue muy relajado, muy profesional, muy enfocado, muy intenso. ¡Fue tremendo! Por supuesto era una situación de trabajo y David es extremadamente profesional en esa situación. También fue impresionante trabajar con (el productor) Tony Visconti y conocer al ingeniero de sonido, Kevin Killen. Es que cada uno de los que estaban en ese cuarto, en ese estudio, era un artista especial. Pero, especialmente, era una persona especial.
-¿Qué fue lo más importante de toda esta experiencia?
-Te voy a dar un ejemplo. Después de Blackstar, me invitaron a producir el nuevo álbum de la banda de afro-beat del percusionista puertorriqueño Henry Cole. Grabamos en Elecrtric Lady, los estudios de Jimi Hendrix. Y fue impresionante. Trabajando con ellos trataba de acordarme cómo se había comportado Tony Visconti en las sesiones de Blackstar.
-¿Y cómo se había comportado?
-Extremadamente generoso, extremadamente enfocado, extremadamente observador. No se metía con el trabajo de nadie. Dejaba que los músicos brillen por sí mismos, y sabía exactamente cómo hacerlo. Y cuando hacía alguna sugerencia era de un modo muy inteligente, y generalmente era muy acertada.
-Sos uno de esos músicos que están llenos de proyectos. ¿Cuáles son tus planes para la próxima temporada?
-Quiero hacer un disco de solo piano, con algunas composiciones que vengo tocando en Nueva York. Es un desafío, porque ese formato no es sencillo y tampoco pretendo hacerlo como lo haría un pianista de jazz. Quiero hacerlo de una manera única, porque son composiciones propias y quiero que involucre mi manera de tocar. También tengo otro proyecto, Future World Beat o Super Future Trío. Con el percusionista chileno Yayo Serka, que tocó muchos años con Claudia Acuña, y con otro percusionista, el brasileño Gilmar Gomes. Es un grupo muy influido por el electro-beat africano y el World electro-beat. Tocamos en vivo, con percusiones y sintetizadores. La idea es mezclar ritmos e instrumentos tradicionales, pero creando nuevos sonidos. Es un proyecto absolutamente bailable y muy latino. Involucra ritmos de Brasil, de Colombia, de Perú, de Cuba. Y tenemos algunos samples muy interesantes, algunos divertidos, otros políticos, otros folklóricos.
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