
Johann Sebastian Mastropiero, Johannes Brahms y la achicoria
En nuestra historia y en nuestra memoria, la achicoria está indefectiblemente ligada al adelantado Don Rodrigo Díaz de Carreras, aquel prócer cuyas andanzas en tierras de indias fueron recordadas en una cantata que contó con la música del ilustrísimo Johann Sebastian Mastropiero. Después de su largo peregrinar, Don Rodrigo llegó hasta Puerto Rico, su último destino, y, mientras desembarcaba, escuchó un cantar que arrancaba "chabaia nege nimón, solangagian, engo" para rematar con "achicoria", ciertamente, un vocablo mucho más botánico que afrocaribeño. En el siglo XIX, cuando ni Brahms ni nadie imaginaban que algún día Les Luthiers habrían de fusionar música, teatro, arte, poesía y humor en un nivel superlativo, la achicoria era utilizada como un sucedáneo muy económico del café. En primavera y en verano, Brahms acostumbraba a levantarse antes de que saliera el sol para ver y sentir el amanecer caminando por los bosques de Viena. En una ocasión, luego de concluir su paseo, llegó hasta una posada y pidió una taza de café. Apenas dio el primer sorbo, se dio cuenta de que esa infusión era de achicoria. Brahms solicitó que la encargada del lugar viniera a su mesa. Le dijo: "Mi querida señora, ¿tendría usted algo de achicoria?" Un tanto sorprendida, la mujer le contestó que sí. Muy amable, Brahms continuó: "¡Qué bueno! ¿Podría verla?" Sorprendida, la mujer fue hasta la cocina y volvió con dos paquetes de achicoria. Como si fuera un experto, analizó las hojas ásperas y frescas y preguntó: "¿Esto es todo lo que tiene?" Cuando ella le dijo que sí, Brahms, que, a diferencia de Mastropiero, nunca compuso un lied que mencionara a la achicoria, dejó los dos atados sobre su mesa y le dijo: "Bien, ahora vuelva a la cocina y, por favor, tráigame un buen café".





