
Juan Vattuone: el profeta lunfardo
Uno de los referentes letrísticos de la nueva generación presenta sus tangos en el Tasso
1 minuto de lectura'
La generación de tangueros que apareció en la década del noventa le debe mucho a este jinete solitario llamado Juan Vattuone, que, cabalgando con sus tangos al mango, lunfardos y callejeros, escribía la crónica de una ciudad oculta en composiciones como "El Yuta Lorenzo" o "El misántropo". Su aparición fue como la de un profeta del tango, anunciando todo un tiempo nuevo de letras y canciones para el género. El tiempo pasó y sus profecías se hicieron realidad.
"Mirando quince años para atrás, creo que se está viviendo otra etapa. Estoy feliz de que haya tantos nuevos compositores. Gran parte de mi historia pasa por ahí, por estar en la resistencia del tango y que les den bola a los compositores jóvenes. Pasadas las interrupciones democráticas que tuvimos, los jóvenes no se acercaban ni al tango ni a la política. Esto cambió y es maravilloso ver a tanto joven haciendo cosas", cuenta entusiasmado el cantautor.
Vattuone fue el faro para una generación que quería componer nuevas letras de tango perdiendo respeto a la historia. Fue un puente entre la generación de autores del setenta y el ochenta con un movimiento posible de nuevos letristas.
"Me gusta esa idea de puente, pero me siento más como una especie de quijote o un arlequín. Quizá sea un eslabón perdido del tango -bromea y se ríe estruendosamente-. Pero todo lo que viví y padecí en dictadura valió la pena. Veo que los pibes del tango me respetan y conocen mis letras. Se referencian conmigo más que los viejos. Seguramente algo traspasé a esta generación", dice el músico, mientras saluda a desconocidos detrás de un gran ventanal en un bar del centro.
Con un nuevo disco en el horizonte, Escuchame una cosa , compendio de obras nuevas que presenta esta noche en el Torquato Tasso, el cantautor vuelve a subirse con sus historias urbanas y ese lunfardo crudo que maneja naturalmente, acompañado por todo su colectivo familiar: sus hijas Anita y Julieta y su nieta Lourdes, todas ellas bailarinas, raperas y compositoras; su arreglador Víctor Lasear, y su mujer, la investigadora Silvana Boggiono, que acaba de editar el libro Tango oculto por Corregidor.
"Soy la cara visible porque soy el más chamuyero, pero siempre estuve acompañado por un montón de gente que colaboró para que sea éste que soy", confiesa el cantautor de verba lunfarda, que en su nuevo concierto estrenará tangos y canciones inéditas como "Saturnino", "Chabónbajá" o "Modernez".
Vattuone se ve como el hijo díscolo que no cumple con ninguno de los cánones tradicionales del ambiente tanguero oficial. "El tango va a ser eterno y es como una madre que va teniendo hasta hijos deformes pero los cría igual. Te diría que uno de estos hijos deformes soy yo, porque mi imagen no responde a los cánones o los estereotipos del tango. ¿Por qué me puse este gorrito? Porque cuando empecé a cantar mis tangos tenía una melena larga y me hinchaban tanto diciéndome que no podía cantar el tango con el pelo largo. Así que me pudrí y me puse este gorro para romper con esa boludez de la gomina, el smoking y el moñito."
-Te tuviste que reinventar para cantar tus propios tangos.
-Sí, me reinventé. La columna vertebral mía es el tango, mamé el tango, viví el tango de chiquito. Yo empecé con la orquesta de tango de Carlos Figari y sabés cómo suenan los bandoneones atriqui, hay que bancársela, pero es interesante mutar y transformarse en otra cosa.
Vattuone empezó a cantar tango cuando era un género marginal. "Yo era como una sapo de otro pozo porque cuando otros pibes estaban cantando «Hey Jude» yo cantaba «Vieja viola» -recuerda el letrista-. Por eso para mí nunca fue una excentricidad escribir y cantar tangos propios cuando otros no lo hacían. Era natural para mí. Tampoco pensé que iba a ser conocido por «El Yuta Lorenzo», y ojo que no fue fácil. Los músicos de tango me hicieron la contra y ahora me dicen que soy el Cátulo actual. Se dieron cuenta de que tengo mi sello".





