Juana Molina: canciones conquistadoras
La artista se presentó en Manhattan luego de que su CD fuera elegido por The New York Times entre los mejores de 2004
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NUEVA YORK.- Juana Molina anda como caminando sobre nubes. Y no es para menos. Desde que hace dos semanas el prestigioso e influyente diario The New York Times incluyó su último álbum, "Tres cosas", como uno de los mejores discos de 2004 (junto a U2, Björk y Brian Wilson, entre otros), Molina no paró de recibir elogios y nuevos admiradores, sobre todo durante las dos presentaciones que realizó el fin de semana pasado.
Su primer show fue el viernes, dentro de la enorme librería Borders, en el centro comercial de las flamantes torres Time Warner, frente al Central Park. Allí, frente a un improvisado escenario montado entre las secciones de libros de Música y Paternidad, un centenar de personas aguardaban sentadas a la artista argentina que, con el pelo suelo, vestida de gris y acompañada por una guitarra y varios sintetizadores, entonó canciones de "Tres cosas" y de su disco anterior, "Segundo". Sus sonidos, peculiares, dulces y con un aire casi asiático, cautivaron a los presentes e hipnotizaron a los clientes de Borders que se acercaban desde lejanos anaqueles seducidos por esa curiosa música que invadía el ambiente.
Pocos sabían que esta sencilla mujer fue alguna vez todo un fenómeno en la TV argentina, que viene de acompañar a David Byrne en su gira por Europa y que aportó su voz para la versión en español de la película "Los Increíbles" (es Helen/Elastigirl). Pero nadie quería perderse este "nuevo sabor del mes" que tanto recomendó el Times.
Gestos de aprobación
"¿Pueden escucharme?", preguntó cuando el público ya se había casi duplicado con recién llegados, sobre todo cuando arremetió con "El perro", una canción que incluye quejosos ladridos entre rimas simples. Un joven padre -con "look" hip-hopero- que ojeaba un volumen para niños se paró a escucharla ni bien comenzó y se quedó hasta el final, desatendiendo los reclamos de su pequeña hija. "Me parece muy distinto de lo que se escucha ahora", señaló luego el hombre, Jason Chaney. "¿Será que éste es uno de los mejores discos de 2004?", se preguntó por su parte un desconfiado colombiano que cuando leyó en la revista Time Out que se presentaba una "rockera argentina alternativa" pensó en Charly García y Andrés Calamaro. "Interesante, muy experimental", fue su veredicto, aplacado por una espontánea ovación del público. En la primera fila, un hombre negro se puso incluso de pie para aclamarla durante varios minutos.
"¿Se van a quedar ahí? Vayan nomás que ya terminé", les tuvo que ordenar la propia Molina para que se retiraran. Pero fue en vano; la mayoría quiso quedarse para saludarla y felicitarla. "¡Fantástico! No conocía su música hasta hace un par de semanas", reconoció Mike Williams, un chef de 51 años siempre en busca de "nueva música", como dijo. "Nada que ver con las cantantes pop a las que nos tiene acostumbrados América latina, como Thalía o Paulina Rubio", apuntó.
Entre el público no faltaron varios argentinos, como los hermanos Solange y Daniel Croci, diseñadora y arquitecto, respectivamente. "Se nota su talento; se ve que tiene todo en la cabeza", comentó Solange, quien en la Argentina no había escuchado nunca los discos de Molina. Sí los había comprado Gustavo Szulansky, presidente de una asociación que promueve el fútbol en Estados Unidos -Super Soccer Stars-, quien quedó encantado con el show en vivo. "No esperé a que The New York Times le diera su bendición. Su música es a la vez simple y compleja. No sé hasta qué punto puede volverse popular, pero ciertamente lo del Times ayuda", dijo, mientras la gente, genuinamente entusiasmada, seguía haciendo cola para saludarla.
Músicas del mundo
Un ambiente menos intimista tuvo la presentación de Molina como parte del GlobalFest, el festival de "world music" en el Public Theater del East Village, que el sábado a la noche reunió a trece artistas de varios países (Eva Ayllón, de Perú; Rokia Traore, de Mali; Paris Combo, de Francia, y la local Spanish Harlem Orchestra, entre otros). El anfiteatro estaba lleno de periodistas especializados en "world music" de Estados Unidos y Europa, así como representantes de compañías discográficas y disquerías alternativas.
Si bien el show de Molina, de casi una hora, comenzó con la capacidad del lugar repleta, con más de 250 personas, en el medio varios se retiraron para escuchar a otras voces, en otros ámbitos. "No es exactamente lo que estoy buscando, pero es asombroso verla tocar, ella sola es una banda entera", explicó Kurt Husenmoller, dueño de una disquera en Manhattan y ferviente admirador de la cultura argentina, quien para comprobarlo mostró que llevaba consigo un ejemplar en inglés del "Facundo", de Sarmiento. Otros, muy satisfechos, lo hacían notar al acompañar el ritmo con palmadas sobre sus piernas, mientras Molina tocaba "Cúrame", "El pastor mentiroso", "Misterio uruguayo" y "Sálvese quien pueda".
Dispuesta a compartir el hallazgo, una mujer sacó su teléfono celular y le mandó un mensaje a un amigo que estaba en otra sala para que no se pierda a la cantante argentina. "Sorprendente", escribió sobre la pantallita del celular. Al terminar, Molina fue aclamada con aplausos y gritos, y varios se acercaron a felicitarla. Ya despejado el ambiente, LA NACION pudo dialogar con ella.
-Se te ve cómoda sola sobre el escenario. ¿Por eso es que dejaste a los músicos con que tocabas?
-No, todo fue casualidad, pasaportes que se perdieron y visas que no se pudieron recuperar, y tuve que salir sola. Extraño mucho a Alejandro Franov, que es un gran compañero musical, pero tenía que ser capaz de hacer un show sola. Ahora estoy cómoda y mi lema es que no hay mal que por bien no venga. Me quería morir cuando Alejandro perdió el pasaporte y no podía venir a la gira, pero fue como una señal que me dijo: "Ahora bancátela sola". Armé un show que me satisface bastante.
-¿Qué reacciones has tenido luego de que The New York Times eligiera "Tres cosas" como uno de los 10 mejores discos de 2004?
-En Buenos Aires fue una locura, increíble, me llamaron de todos lados. Acá no me doy cuenta porque vine por tres días. Pero sí sé que se vendió mucho el disco después de eso; no me preguntes cuántos porque no estoy en esas cosas, pero han tenido pedidos de todas partes; en Amazon se agotó y estoy best seller. Ayudó muchísimo lo de The New York Times, es importantísimo, y soy la primera argentina, lo cual me da un orgullo especial. Hubo gente que en la librería me dijo felicitaciones por lo del Times, pero no sé si vinieron por eso.
-¿Y qué te espera ahora?
-Voy a parar por unos meses porque tengo que hacer otro disco. En abril, salgo de gira por Europa y en junio vendré otra vez a los Estados Unidos. Y voy a tocar en el Festival de Jazz de Rochester, seré la única que no hace jazz. Es como que siempre soy la única que hace otra cosa. Acá soy la única que hace música no tradicional, ahí seré la única que no hace jazz?
-¿Te gusta eso de ser rara?
-Me gusta, pero no es una cuestión de ser rara. Es que lo que hago encaja en cualquier parte, no es encasillable. Puedo estar en todas partes, eso me parece gracioso. Puedo estar un festival de jazz, o en uno de rock, o en esta feria de world music, o en un concierto de pop o de música electrónica. Me parece valiosísimo, no es algo que yo me había propuesto, pero es lo que está pasando. Por ejemplo, en las disquerías de Japón estoy en seis lugares distintos porque no saben dónde ponerme; me encontrás en Latin, en World Music, en Avant-garde?
-Camaleónica, como los personajes que hacías en televisión con "Juana y sus hermanas"?
-Claro, ¡ahí está! Muy camaleónica. Se ve que es algo que llevo dentro.
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