Juventud, divino tesoro

Tocan sus temas, hacen arreglos de clásicos, sacan pósters en fanzines y tienen entre 15 y 25 años: es el nuevo fenómeno de las orquestas de tango integradas por jóvenes
Gabriel Plaza
(0)
25 de julio de 2006  

Parece una obviedad decirlo, pero Aníbal Troilo era un joven veinteañero cuando formó su primera orquesta en 1937. Como él, otros músicos de su tiempo habían debutado en el tango pidiendo permiso a los padres porque todavía usaban pantalones cortos. Eran los comienzos de la época de oro, cuando el baile, con la explosión de las orquestas típicas, se convirtió en un fenómeno social. El tango era entonces, definitivamente de los jóvenes. Durante las tres últimas décadas la típica como institución estuvo a punto de desaparecer. Pero en los años noventa la semilla de la orquesta típica prendió en una nueva generación de músicos. Primero fue El Arranque que en 1997 despertó conciencia revisitando los grandes directores, se conectó con maestros como Leopoldo Federico, Julián Plaza y Emilio Balcarce e impulsó proyectos como la Orquesta Escuela, con el fin de recuperar los distintos estilos de las típicas para que lo toquen jóvenes instrumentistas. Después llegaron otras formaciones con una actitud más punk en escena como la Fernández Fierro, que generó un semillero propio de músicos que terminaron formando otras orquestas como El Astillero.

En 2006 el panorama de orquestas con un promedio de edad de veinte a veinticinco años creció y despertó un resurgir del formato de la típica. Fervor de Buenos Aires, El Afronte, La Brava, La Imperial, La Furca, La Bidú de Florencia Varela y Vayan Saliendo de Avellaneda, entre otras, agrupadas en la UOT (Unión de Orquestas Típicas), animan la escena actual. Todas concuerdan en varios puntos: el uso de instrumentos acústicos; la creación de tangos nuevos y arreglos originales de clásicos; una vestimenta desacartonada; una formación mínima de diez integrantes y un repertorio que aborda diferentes estilos.

"Cada una tiene su personalidad. Hay orquestas que toman más de Troilo, Pugliese o Di Sarli como nosotros, pero eso tiene que ver con cómo le resuena el tango a cada uno. Lo bueno es que hay una gran variedad de estilos y búsquedas, y eso también permite que la gente siga a varias orquestas y no a una sola", cuenta Javier Arias, director de Fervor de Buenos Aires, una mezcla entre un joven Charly García y su admirado Di Sarli.

Vivito y coleando

"La típica era un dinosaurio dormido que despertó. Ahora son los pibes los que tomaron la posta", dice Ildefonso Pereyra, presidente de la UOT y organizador de las trasnoches de tango con típica en el Club Social y Deportivo GON (Garay Odeón Neptunia). "La movida está creciendo todo el tiempo -agrega este gestor cultural-. Nosotros buscamos impulsar este movimiento a partir de la organización. Es difícil mantener una orquesta y la unión de todas estas típicas jóvenes sirvió para fortalecer el movimiento, pero también para que los grupos no se desarmen." Unas de las acciones para promover la movida a través de la UOT fue conseguir un piano vertical que pueden utilizar todas las orquestas que conforman la agrupación. La otra son los ciclos en el GON de Boedo.

Hay buen ambiente en el club social para ver a Cerda Negra, una de las típicas sensación. Está lleno de adolescentes y jubilados mezclados. Por la asociación barrial pasaron algunas de las orquestas más importantes de los cuarenta y el mítico boxeador Ringo Bonavena era uno de sus milongueros habitués. Ahora en el lugar suenan los Redonditos de Ricota de fondo. Es la previa de la actuación de la joven orquesta con un promedio de edad de 20 años y con un bandoneonista, Emiliano Guerrero, de 16 años, que todavía no terminó la secundaria.

Cuando salen al pequeño escenario los diez músicos desbordan energía. Tocan sus propios tangos: "Bronca del pueblo" y "Pies raros", e incluyen arreglos de su autoría en "Danzarín" y "Quejas de bandoneón". Parece una postal inesperada para los viejos aficionados que asisten y vivieron los años dorados de las orquestas, y una especie de ritual extraño y magnético para los adolescentes que siguen a estos nuevos grupos con la misma pertenencia con la que se puede seguir a Los Piojos o La Renga.

Para Agustín Guerrero, de Cerda Negra, este regreso de las orquestas es un fenómeno casi natural. "Se está dando como un momento histórico, pero era algo que tenía que pasar -dice el joven director y arreglador de 17 años-. La típica logró una música tan rica y desarrollada que era muy difícil que se pierda así porque si. Nosotros sólo estamos retomando eso que se dejó. No había razón para que no se continuara y es casi lógico que las orquestas estén formadas por gente joven. Antes todos eran jóvenes y el público que las seguía también."

El músico habla con la lucidez de un veterano. En vivo comanda la orquesta con la misma veteranía. "Por ahí llama la atención que siendo tan chicos armamos una orquesta típica. Para nosotros fue como hacer un grupo de rock, pero con la diferencia de que nos gusta el tango desde chicos. Con mi hermano tocamos desde los ocho años. Con la orquesta hacemos cosas de Aníbal Troilo, Pugliese o Salgán, pero pensamos que la típica puede sonar muy actual. Por eso hacemos nuestros propios tangos que reflejan nuestra realidad."

La movida de estas típicas empieza a crear sus propios códigos. Generan ciclos y fiestas en el GON. Hacen circular la información a través de Internet -¿se lo imaginan a Troilo chateando con sus aficionados?-, comparten foros y páginas de fotolog, divulgan sus actividades en el programa de radio "Fractura expuesta" y también crearon su propio fanzine llamado Orquestódromo que viene con un póster de regalo de cada típica joven, a la manera de las revistas rockeras.

"De a poco se empieza a cambiar una imagen vieja del tango y los chicos se empiezan a acercar para escuchar. Les gusta esta cosa colectiva de que sean muchos músicos; a la vez les llama la atención el sonido y ver un grupo tan numeroso tocando tango. Es un formato bien argentino", cuenta Marco Bellini, cantante de El Afronte, una de las jóvenes típicas formadas en 2004.

Esa nueva referencia generacional arriba del escenario y una actitud más informal está contagiando a los jóvenes músicos. "Muchos de nosotros vimos a otras orquestas como la Fierro tocando en vivo y quisimos armar la nuestra. A muchos les pasó lo mismo", apunta Javier Arias, de Fervor de Buenos Aires.

Para Gabriel Atum, el violinista y joven director de El Afronte, e impulsor de la UOT, el momento de las orquestas llegó: "es normal volver a la orquesta típica. Aunque todos estamos a miles de kilómetros del sonido de las típicas del cuarenta y tenemos que reinventar todo, hay una diferencia de actitud en los chicos. Es algo que por ahí se perdieron nuestros viejos por culpa del Club del Clan, pero ahora nosotros estamos acá para recuperar la típica con nuestro propio sonido".

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Espectaculos

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.