
La 33, con muy buen mambo
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La 33 / Músicos: Sergio Mejía (director y bajo), Santiago Mejía (piano), Juan David "Palo" Fernández (timbal), Diego Sánchez (bongó), Vladimir Romero (trombón), José Miguel Vega (trombón), Juan Felipe Cárdenas (saxo tenor), Roland Nieto (trompeta), Alejandro Pérez (congas), Guillermo Celis (voz), David "Malpelo" Cantillo (voz), Pablo Martínez (voz) / Función: el último miércoles, en Niceto Club / Nuestra opinión: muy bueno
En los últimos quince años, la recreación que encararon muchos grupos veteranos y jóvenes, la avidez del público snob y la de una generación sin prejuicios (que tiene entre 20 y 30 años) hizo que la música tropical en las más variadas vertientes pudiera coincidir en un mismo escenario gracias a las fusiones más diversas. Lo que décadas atrás era sólo para un sector social hoy es recibido por muchos otros con la nostalgia por lo no vivido. Hay tantos que recuerdan la "La pollera colorá" en la inconfundible voz del wawancó Hernán Rojas, pero nunca la bailaron. Raro, ¿no?
Por esnobismo o por desprejuicio (o por la suma de ambos) estas músicas de barrios bajos confluyen en un mismo espacio como algo sumamente novedoso e, incluso, le dan lugar a la salsa, aquella expresión acuñada por los latinos radicados en Nueva York y utilizada para difundir una serie de ritmos nacidos en varios países del Caribe. Este contexto explica el hecho de que un miércoles por la noche, en Niceto Club, el DJ alterne cumbias y salsas de todas las épocas: desde el groove de la clave salsera de "El negro bembón" al toque cumbiero de "Grande de caderas" del mexicano Mike Laure, y a otras canciones que suenan con ruido de fritura de púa. Todo transcurre con buen flow, a telón cerrado, hasta que por fin comienza a sonar en vivo la orquesta que todos fueron a ver.
Cuando el telón se abre, la numerosa banda larga toda su energía y el público también. Media hora después se puede sospechar que la devoción se debe a que buena parte de la gente es colombiana, como los músicos en escena, pero el resto de esa audiencia es local y baila y se divierte con la misma intensidad. La 33, recién llegada de Bogotá, por primera vez a la Argentina, festeja su viaje, se da cuenta de que no ha sido en vano, que los que están ahí abajo corean sus canciones. Pero más allá de cualquier fanatismo, los méritos son propios.
Se trata de una orquesta de salsa de diez años, joven, con pasado rockero, pero alineada con el estilo salsero boricua de Nueva York, y con muchos códigos que la convierten en una expresión de nuestra época. Eso se nota tanto en los arreglos como en la actitud de sus tres cantantes al momento de plantarse en el proscenio, cada uno con su estilo. El resto de los músicos también tiene un rol importante en lo grupal y por eso alcanzan muy buenas versiones de temas de sus tres discos o de hits de Henry Mancini ("La pantera rosa" convertida en su muy conocida "La pantera mambo") y Sting ("Roxanne"). Excepto por el saxofonista, no hay virtuosimo individual sino una fuerza arrolladora desde lo grupal. Es imposible no bailar.

