
La emoción de las bodas de oro
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Conciertos del Mediodía del Mozarteum. Celebración de los cincuenta años del Coral Femenino de San justo, con su subdirectora, Bibiana Fischy. Obras de Hernán Aguiar, Javier Busto, Alberto Balzanelli, Nukt Nystedt, Arnes Mellnas, Gustav Holst, Augustin Kubizek, Egisto Macchi, Eduardo Sánchez de Fuentes, Astor Piazzolla, Oscar Escalada. Gran Rex.
Nuestra opinión: muy bueno
Quienes ocuparon gran parte del teatro -en el mediodía anteayer del Mozarteum- se sintieron convocados, apenas, por un concierto de coro a cappella : el que ofrecieron treinta y nueve coreutas de San Justo para celebrar solamente cincuenta años de vida de la agrupación. Casi nada
Y no es porque las cantantes hayan producido el primer impacto emocional al ingresar en procesión, que muchas personas salen del concierto conmovidas hasta las lágrimas. Ni tampoco porque por vez primera su fundador y director, Roberto Saccente, no está al frente de ellas por haber sufrido una indisposición.
Es que los coros que cultivan el canto a cappella saben conjugar lo inmanente con lo trascendental. Lo inmanente, por la intensa, introspectiva, profunda sustancia musical. Lo trascendental, por la unión de voces solas que van depositando, de tal meollo espiritual, un sedimento duradero en la memoria del corazón de todo oyente atento y sensible; muy lejos de fugaces impactos sensoriales proclives a la exhibición social.
Hace 50 años que el Coral Femenino de San Justo nos regala un copioso repertorio que arranca desde el siglo XIII, se detiene en el Renacimiento, el clasicismo y el romanticismo, y acoge de modo generoso obras de creadores contemporáneos.
Este festejo honra de verdad la vida musical argentina. No por mera acumulación de años, sino por su permanente búsqueda de la excelencia artística. Sus frutos son los variados premios cosechados en concursos internacionales desde hace 40 años.
En este penúltimo Concierto del Mediodía, el coro de San Justo sabe ratificar tales conquistas al escudriñar en las arduas partituras de compositores del siglo XX. El ecléctico programa -en el sentido griego de "elección"- acoge a compositores de diversas nacionalidades (Brasil, el País Vasco, Noruega, Suecia, Inglaterra, Italia y nuestro país), afines a una tónica común: la música de inspiración sacra sobre textos latinos. Implícitas sus exigencias, el Coral Femenino logra transmitir el desenfadado sincretismo del Salmo 150 , de Hernán Aguiar; la unción del Salve Regina , de Javier Busto; la intrincada trama del Jesu Dulcis , de Balzanelli; las oscilaciones rítmicas de Sok Herren , de Nystedt; los atrevimientos disonantes, onomatopeyas, parlatos y racimos armónicos del Aglepta , de Arnes Mellnas; el exquisito, transido y devoto melodismo del Ave María de Holst; el expresivo y claro politonalismo del Laudate , de Augustin Kubizek, y el esotérico y pujante O vos omnes , de Egisto Macchi.
En el final, la habanera Tú , de Sánchez de Fuentes, se diluye en pulsos anodinos y anémicos. Parecida suerte le toca correr, por lo lavado, a Verano porteño, de Piazzolla, y bastante dignas terminan resultando las Mudanzas de Oscar Escalada.
Bibiana Fischy dirige -como otras varias colegas- con notorio despliegue de brazos. No obstante, alcanza resultados expresivos. El público pide bis, y Schumann -a 150 años de su muerte- es decorosamente honrado con su canción Soldatenbraut .




