La perversión según The Jesus & Mary Chain
Los hermanos Reid volvieron a tocar en Buenos Aires
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Es de noche ya, arriba del escenario la banda toca "Some Candy Talking" y alguien debe estar pensando por qué aun no se ha premiado a The Jesus Mary Chain con el galardón de grupo más pervertido de los últimos 25 años: las melodías Beach Boys, el blues triste de Bo Diddley, la furia nihilista post punk y la sensibilidad brit en un mismo surco de vinilo atravesado por un chirrido insoportable. Feedback , decían en Inglaterra en 1985, cuando se editó el álbum debut, Psychocandy . La gloria misma o el infierno, según donde te encontraras parado. Dos hermanos de lo más deprimidos con pose de estrellas dark, dispuestos a derribar algún tipo de marca o récord o vaya uno a saber qué. "Queríamos ser una banda que tuviera las melodías de un grupo como Shangri-Las con la producción de Einstürzende Neubauten". Mezclar pop femenino norteamericano de los años 60 con música industrial alemana hecha con sierras y taladros, básicamente.
Tras vivir el karma de un debut consagratorio en la escena británica el grupo lidió con su propio mito, las adicciones y delirios existencialistas de uno y otro hermano Reid, Jim y William (unos Gallagher adelantados), y en poco más de una década pasaron de ser "la aparición más impactante desde los Sex Pistols" a separarse tras un olvidable show en Los Angeles, Estados Unidos, muy lejos de su Escocia natal. "Estábamos borrachos todo el tiempo y mi hermano, un día, en medio de la gira, me dijo que la noche siguiente sería su último concierto con la banda", cuenta Jim Reid, cantante de Mary Chain (tal como él mismo acorta el nombre de su banda), días antes de subirse por segunda vez a un escenario argentino.
"En los primeros años la idea con Mary Chain era no ser otra banda más. Si por accidente te encontrabas frente al grupo, queríamos asegurarnos de que nunca te olvidaras de nosotros. Pero todo eso se había desgastado y posiblemente las drogas hayan tenido bastante que ver con eso".
Después de una década ¿qué cosas cambiaron para que hayan decidido volver?
-Estamos más unidos, un poco más viejos y dejamos de tratar de fastidiarnos el uno al otro todo el tiempo. Dejé de beber y tengo la cabeza más limpia. Nos ofrecieron cientos de veces reunir al grupo pero nunca lo vimos como una buena idea hasta el año pasado que dijimos: Okey, hagámoslo y veamos qué pasa.
-¿Y cómo va por ahora?
-Los primeros conciertos fueron difíciles, no podía concentrarme pensando en cómo iba a aguantar un show entero sin alcohol. Nunca había hecho un show de Mary Chain estando sobrio. Ahora estamos bien, queremos que la gente disfrute.
Así las cosas, los hermanos Reid regresaron al país luego de aquel explosivo show que ofrecieron en 1990 en el estadio Obras, la noche anterior a la final de la Copa del Mundo de fútbol que la Argentina disputó por segunda vez consecutiva contra Alemania y en uno de los momentos más creativos de la banda. "Recuerdo que la gente estaba bastante excitada por el fútbol, pero ha pasado mucho tiempo y mi memoria ya no es la misma", confiesa Reid.
Aquí y ahora
Ahora, Jim Reid sobrio se sostiene con el micrófono y canta como si los años no le pesaran; William Reid, bueno, William Reid sigue teniendo aquel corte de pelo de lo más ridículo y su guitarra sigue siendo la más ruidosa de la cuadra, aunque ahora la tenga que apoyar sobre una panza prominente. Nadie se mira demasiado y mucho menos habla durante los 60 minutos de concierto. Decir que las cosas no han cambiado demasiado sería estúpido, pero ahora suena "Sidewalking", la batería machaca una y otra vez, y vuelta a empezar y aquella perversión sonora con la que estos tipos se graduaron de maestros de la generación noise parece transportar a los presentes en un viaje sin tiempo.
Cuando "Just Like Honey" (el tema que Sofia Coppola incluyó en el final de la película Peridos en Tokio , en 2003) y "Revenge" cierran la faena de manera memorable, no hace falta ver a los hermanos Reid bajar los escalones del escenario para darse cuenta de que la ensoñación se ha terminado y entre uno y otro concierto de los Mary Chain en Buenos Aires sí han pasado casi veinte años y todos los allí presentes se quedan con ganas de un poquito más, pero en fin, terminó, ellos, ahora, suenan así: tan contundentes como entonces, menos caóticos, más dulces y menos deprimidos, por cierto.
William aún vive en Los Angeles y Jim en Londres, pero a pesar de ello, juran que están intentando grabar nuevo material. "No es sencillo porque cada uno tiene su familia, pero está funcionando. William tiene sus canciones y yo las mías, ya no componemos sentados juntos en una habitación, y nadie nos apura, nos podemos tomar todo el tiempo que querramos, aunque eso puede ser un problema".
-¿Por qué Psychocandy se convirtió en una leyenda de la música británica?
-Me cuesta recordar qué teníamos en la cabeza entonces, pero éramos jóvenes encerrados en sí mismos, que compartían los mismos pensamientos, la misma colección de discos y que entonces funcionábamos como si fuéramos uno. Eso se reflejaba en la banda. Escuchábamos música noise antes de que sea tan popular como ahora, pero también teníamos una colección de buenas canciones.
-¿Qué creés que le aportaron a la música de hoy?
-Espero que un poco de ruido.



