
La pianista china Xiao-Mei Zhu, esta noche en el Colón
Es su segunda visita a la Argentina
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Xiao-Mei Zhu llegó el jueves último a Buenos Aires para ofrecer hoy un recital de piano con 17 Sonatas de Scarlatti y la Partita N° 1 en Si bemol mayor BWV 825 de Bach, en el Teatro Colón.
Pero antes de esta función, correspondiente a la temporada de Festivales Musicales, la destacada pianista china, radicada desde hace tiempo en París, viajó a la localidad bonaerense de San Antonio de Areco, donde ofreció nuevamente un concierto, por su expreso pedido.
"Me encanta tocar en pequeños pueblos para gente que no acostumbra ir a conciertos de música clásica, o que, incluso, sea su primera vez", explica, con su voz tenue y su tono amable, Zhu, en diálogo con LA NACION.
El año último, durante su primera visita al país, en la que deslumbró con su original y profunda lectura de las "Variaciones Goldberg", de Bach, ella preguntó si no podría tocar en alguna localidad cercana a Buenos Aires. Así fue que llegó a la municipalidad de San Antonio de Areco para tocar a sala llena y cumplir su misión musical de sacar a su amado Bach del bronce y devolverle su carácter humano: "Normalmente, la gente ve a Bach como una estatua en un pedestal, como algo estricto y serio. Pero me gusta contarle a la gente que Bach era una persona, como nosotros. Toqué y me quedé tan entusiasmada que ahora regresé allí para tocar".
-En esta nueva visita a la Argentina decidió centrarse en las Sonatas de Scarlatti. ¿Cuál es su visión sobre ellas?
-Comencé a estudiar Scarlatti siendo muy chica, porque mi maestro en China era un especialista en su música. Considero que se trata de un compositor cercano a la cultura oriental.
-¿En qué modo?
-Es simple, muy simple; es liviano, como el aire fresco. Es como el arte chino, por ejemplo, en sus pinturas. Scarlatti a veces es melancólico, pero nunca demasiado. La filosofía china es un poco decir: "No te tomes las cosas demasiado en serio".
-¿Las Sonatas las ve como una sola obra?
-Normalmente toco las 17 Sonatas sin detenerme. Es una sola respiración. Desafortunadamente no se podrá hacer porque hace falta un intervalo en el concierto.
-Usted viene tocando la música de Scarlatti desde su infancia. ¿Cambió su modo de interpretarlo con el tiempo?
-Por supuesto, cambió mucho. Cuando era joven todos los estudiantes lo veíamos como ejercicios en los que lo que parecía importante era el virtuosismo. Ahora cambió por completo. Aprecio su simplicidad, su sinceridad.
-¿Por qué eligió la Partita N° 1 de Bach para complementar el programa?
-Porque su estilo se acerca al de las sonatas de Scarlatti. Es más etérea que las otras, como la sexta, que es más densa.
-¿Encuentra también en Bach puntos de contacto con la cultura oriental?
-La música de Bach es, en algún modo, cercana a la religión budista. Busca el balance como los chinos buscan el punto medio, no los extremos. Bach es así, nunca demasiado. La clave para interpretarlo es tener clara su construcción general. La estructura de Bach es muy clara, para mí es como una catedral, en la que la estructura es evidente. Si uno entra en los detalles se puede perder.




