La turbulenta vida del Teatro Real, el mejor para la ópera
Pasó clausuras, quiebras e intentos de demolición
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MADRID.– El Teatro Real de Madrid sabe quizás en demasía de golpes y caídas, y pocas palabras como "crisis" podrían ajustarse mejor a la definición de muchos períodos en sus 158 años de historia.
No obstante, esa aptitud para sobrevivir a una vida turbulenta supo encontrar en el resurgimiento de la economía española en la década del 90 un buen aliado para transformar esa sala en el mejor lugar de este país para vivir y sentir la ópera en toda su plenitud.
Este presente auspicioso, sin embargo, encuentra sus sueños de gloria, esplendor y grandeza aún depositados en el futuro, en un futuro que, en el mediano plazo, aparece como felizmente realizable gracias a la proyección de las más que buenas intenciones y el ánimo positivo que se respira en su actualidad, muy a pesar de una moderada crisis presupuestaria que aún no ha logrado recortar del todo el entusiasmo.
"El Teatro Real tiene que jugar en la misma liga que la Scala o el Covent Garden", confió su recientemente designado director, Gérard Mortier, al diario español ABC, en una declaración que al mismo tiempo reconoce la posición algo rezagada del Real respecto de los grandes colosos de Europa, aunque también la viabilidad del proyecto de ubicarse dentro de este grupo de elite.
La afirmación optimista de Mortier, quien asumirá en 2010, pero ya trabaja muy de cerca en la toma de decisiones vinculadas con la organización artística, se dio a conocer casi al mismo tiempo que el Ministerio de Cultura español anunció un "presupuesto de austeridad" para la temporada 2009 del teatro: 54,7 millones de euros; es decir, una suma casi idéntica a la destinada para el año que termina.
Desde esa dependencia oficial, que es dueña y administradora de la sala, se explicó que a pesar de que la partida se ha congelado por la crisis global, resultará "suficiente" para "mantener la actividad artística sin resentirla ni cuantitativa ni cualitativamente".
De este modo, se intentará que los 1746 espectadores sentados que pueden entrar por función tengan la posibilidad de elegir el año próximo entre una oferta de 100 representaciones de ópera, 13 presentaciones de ballet, 11 óperas en concierto y 6 recitales de grandes voces. El número de espectáculos proyectado es un calco del programa de la presente temporada, sobre cuyo inicio aún no se vislumbraban las dificultades financieras que hoy ensombrecen el horizonte próximo de casi cualquier producción artística de gran escala.
Pero para el Teatro Real y su historia, lo único realmente grave sería caer en el error de suponer que esta crisis pudiese amenazar su promisoria actualidad.
Inaugurado en 1850 a toda pompa con el estreno de la ópera La favorita, de Gaetano Donizetti, el teatro ya comenzó a experimentar serias dificultades económicas a los dos años de su existencia, pues resultaba extremadamente caro para las arcas públicas el costeo de los honorarios de los cantantes italianos y de los requerimientos de una sala que buscaba imitar –e incluso superar– a los grandes escenarios del continente.
Por esta razón, la Corona decidió ceder parte de su administración a un número sucesivo de empresarios que, con suerte dispar, debieron hacer equilibrio entre los precios de las entradas y la afluencia de la aristocracia española, único capital privado capaz de sostener el funcionamiento del teatro en la segunda parte del siglo XIX.
La ecuación con la que estos empresarios siempre debieron lidiar era tan sencilla de plantear como difícil de resolver con una situación que contentara a todos: o bien mantenían los precios elevados y el "prestigio" a salvo con el teatro apenas poblado con los poseedores de las localidades más caras, o bien bajaban los precios y ahuyentaban, en consecuencia, a la oligarquía tras hacer desbordar el teatro de pequeñoburgueses.
En esta lucha de manta corta, hubo, curiosamente, administradores que optaron indistintamente por una u otra solución, hasta que esta política siempre errática hizo naufragar las finanzas del teatro, que quebró y fue clausurado en 1896 y 1925.
Reformas edilicias
El segundo cierre, que se prolongó durante 41 años, no sólo se produjo por dificultades económicas, sino también por problemas edilicios de larga data que ya habían requerido la realización de numerosas reformas, como la de la fachada de 1884 (de la que hoy sólo quedan fotografías) o la modernización de 1875, que incluyó el cambio de techos y el reemplazo de cañerías de terracota por nuevas de plomo, además de la instalación de un por entonces necesario sistema de alumbrado de gas.
Después del fatídico 1925, el teatro cayó presa de varios intentos de demolición, hasta que en 1962 se resolvió transformarlo en sala de conciertos. Con ese propósito, fue reabierto en 1966 y se mantuvo hasta 1988, año en que se resolvió reacondicionarlo hasta devolverle su original condición de sala de ópera.
Así, en 1997, y luego de intensas gestiones en las que no resultaron ajenas ni discusiones ni desencuentros, el Teatro Real volvió a abrir sus puertas como el gigante de España que no sólo alberga los aplausos más elegantes, sino que, además, en los próximos años buscará llevárselos como coloso de la mejor ópera.
En números
- Más de un siglo . La historia del Teatro Real se remonta a 1850, año de su inauguración. Ya en 1875 sufre las primeras reformas, en techos y cañerías, y se instala un sistema de alumbrado de gas. Tras una quiebra en 1896, la sala se reinaugura con sistema de telefonía para que ancianos y discapacitados pudieran escuchar las funciones desde sus casas. En 1914 se renueva el foyer y los sistemas de calefacción y ventilación.
- 41 años cerrado. En 1925, el teatro quiebra por segunda vez y reabre en 1966, convertido en sala de conciertos. Sólo en 1997, el Real se alza como sala operística.
- Butacas y extensiones . En la sala del teatro, que ocupa una superficie de 65.000 m2, caben 1746 espectadores sentados. El escenario tiene 1430 m2.
- Camarines. Hay 11 individuales y varios colectivos, que pueden albergar hasta 324 personas.




