"Lakmé", ópera exigente
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Opera en tres actos "Lakmé", de Leo Delibes , sobre libreto de Edmond Gondinet y Philippe Gille, basado en la novela "Le mariage", de Pierre Loti. Elenco: María Soledad de la Rosa (Lakmé), Miguel Angel Drappo (Gerard), Gui Gallardo (Nilakantha) y Melika (Alicia Cecotti) en los personajes protagónicos. Dirección de escena: Horacio Pigozzi. Directora del coro: Eduviges Picone. Coreógrafo y bailarín: Danjeev Kumar. Vestuario: Mini Zuccheri. Iluminación: Gonzalo Córdoba. Orquesta y Coro Estables. Director de orquesta: Fernando Alvarez. Teatro Argentino de La Plata.
Nuestra opinión: bueno
Fue un aporte positivo incluir en la temporada del Teatro Argentino la ópera "Lakmé", de Leo Delibes, título lírico ausente desde hace setenta y dos años en Buenos Aires, pero que es poseedor de valiosos pergaminos, ya que está considerada como la mejor obra del autor francés, y ha conquistado un récord notable al permanecer en cartel, después del día de su estreno mundial, durante ochenta temporadas. En 1960, L´Opera Comique de París celebró la representación número 1500 en su sala.
Exotismo
"Lakmé" es una obra atractiva porque trata el exotismo y el orientalismo, fenómeno que influyó en muchos creadores del siglo XIX y basa su temática simple en el amor prohibido por creencias religiosas y el choque de cultura e idiosincrasias. La historia es excusa de una música inspirada y de un canto que requiere de sólidos recursos vocales para tres de los principales personajes de la obra.
Por otra parte, "Lakmé" sobrelleva una fama extraordinaria por ser la ópera donde la protagonista canta la famosa "Aria de las campanas", algo así como sinónimo de virtuosismo y de agudos brillantes que provoca el recuerdo inmediato de las más famosas sopranos de agilidad de la historia del canto, y en especial la de aquellos ruiseñores inmortales como Marie van Zandt (creadora del personaje), Erna Sack, Miliza Korjus, María Barrientos, Lilí Pons o Joan Sutherland, por citar sólo a un puñado de ellas.
Por fortuna, desafiando el difícil compromiso, la soprano María Soledad de la Rosa cumplió un excelente desempeño al encarar el personaje protagónico, ratificando plenamente todas las virtudes que en meteórica carrera se le han reconocido en muy poco tiempo, esto es musicalidad, belleza de timbre vocal de encantador esmalte.
Si bien es cierto que la soprano no es una neta aguda de coloratura, llamó la atención su solvencia para resolver todas las dificultades que presenta la parte de Lakmé, así como descubrir su indudable y natural capacidad para abordar el repertorio francés, no sólo por su buen dominio del idioma, sino también por su refinada manera de encarar el fraseo musical, donde más allá del sonido bien emitido, predomina la búsqueda del matiz y la perfección del ligado elegante.
María Soledad de la Rosa, integrante del coro del Argentino de La Plata, que en apariciones en salas de conciertos y en espectáculos líricos como solista pasó a formar parte del selecto ramillete de figuras que puede abordar roles protagónicos en escenarios de primer nivel de nuestro medio, tiene por delante la posibilidad de llevar a cabo una brillante carrera.
Por eso se descuenta que es tema de su conocimiento (pero es una contribución recordarlo) que no debería apresurar el paso ni aceptar todo lo que seguramente se le ha de ofrecer a partir de ahora. Bien se sabe que el arte del canto requiere de un avance progresivo y de un estudio meticuloso, tanto de la música como de los contenidos expresivos, pero llevados a cabo en el repertorio adecuado al tipo de condición vocal de cada uno.
Elenco desparejo
El resto de los personajes protagónicos estuvo a cargo de un entusiasta conjunto de artistas entre consagrados y de las recientes promociones. Entre los primeros, el bajo Gui Gallardo, como Nilakantha, sacerdote de Brahma y padre de Lakmé, pese a su larga experiencia, no logró otorgarle toda la importancia vocal y actoral que tiene ese personaje, y como elemento en ascenso, el tenor Miguel Angel Drappo, encarnando a Gerald en una parte vocal excesiva para sus actuales medios vocales y técnicos.
Puesta estática
Por lo tanto los mejores momentos musicales fueron los que tuvieron como protagonista a la soprano, al igual que en el hermoso dúo del primer acto, con Alicia Cecotti como Malika, como no podía ser de otro modo tratándose la mezzosoprano de una cantante experimentada y de segura musicalidad.
Si bien la versión musical del director de orquesta Fernando Alvarez fue acertada en las dinámicas y planos sonoros, y el coro preparado por Eduviges Picote aportó su experiencia, no se logró el empaste ni las transparencias esperadas en los pasajes que pretenden crear atmósferas poéticas, plácidas y distendidas.
La puesta escénica de Horacio Pigozzi, aunque grata por la coloración matizada, fue sumamente estática y no hubo mayores posibilidades de un trabajo de actores coherente, ya que los espacios tropezaron con el uso de los famosos escalones que no dejan lugar para hacer teatro. También se dejó de lado la posibilidad de hacer un espectáculo visual atractivo en la gran escena del segundo acto, donde pareció pobre y reiterativo el baile de Sanjeev Kumar en un solo prolongado que dejó totalmente inactivas a las bellas bailarinas que sólo fueron elementos decorativos.
De todos modos, es justo señalar que el público ofreció al final un cálido y sostenido aplauso, seguramente al esfuerzo llevado a cabo por todos los integrantes del elenco y por las autoridades del teatro, que con buenas ideas y pocos recursos económicos continuaron haciendo funcionar la joven sala, y como se dijo al principio, por haber tenido la oportunidad de conocer una ópera que merece estar entre las del gran repertorio de Francia.
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