Larralde: "Herencia pa´ un hijo gaucho"
Reeditan los discos publicados por RCA
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Se podría decir que la carrera discográfica del folklorista José Larralde comenzó como la de tantos otros artistas: unos productores lo descubrieron en el Festival de Cosquín de 1967 y lo fueron a buscar para firmar un contrato. Lo que lo diferencia es que si bien el cantor firmó el contrato, lo hizo cuando se le dio la gana. Y como se le dio la gana construyó su carrera. Por eso no será arriesgado decir que es uno de los músicos más coherentes y fieles a su labor artística que hasta ahora se han podido escuchar en la Argentina.
La serie de discos que grabó para la RCA Victor es ahora reeditada en forma completa. Entre el primero y el último long play ("Canta José Larralde", de 1967, y "El alegre canto de los pájaros tristes", de 1986) pasaron casi veinte años. Excepto por algunos bonus tracks, el lanzamiento de 24 CD no ofrece novedades: se reproducen los discos completos con las tapas originales. Sin embargo -y aunque el cantor continuó publicando por otros sellos desde mediados de los ochenta-, la serie da cuenta de esa coherencia artística.
Para empezar, los títulos son un buen comienzo: "Permiso", "Al tranco manso nomás", "Del corazón pa´ adentro", "Si yo elegí mi destino". "Amansando soledades". Larralde impuso su propio estilo en el canto surero con milongas, valses, de vez en cuando una canción, una chamarrita y algún loncomeo. Porque también difundió temas del autor patagónico Marcelo Berbel y hasta le dedicó un tema.
Sus canciones se ubicaron en la geografía del llano pampeano de la provincia de Buenos Aires. Y lo que más trascendió de su voz fue ese discurso con el que le habló al "patrón" desde el lugar del "peón". Siempre habló de los postergados y siempre fue en solitario como este bonaerense nacido en Huanguelén hizo su camino. De ese modo es como lo sigue haciendo, con sus versos y una guitarra de compañera.
Larralde le cantó al amor, a la soledad y al silencio, pero el tono social siempre estuvo representado en sus historias cotidianas. Y pudo grabar sin interrupciones mientras que muchos cantores de la música popular ni siquiera pudieron arrimarse a un estudio de grabación durante el último lustro de la década del setenta. En ese tiempo cada uno habrá entendido a su manera las "Décimas de Jacinto Luna" (de Osiris Rodríguez Castillos), que entonó al final del disco "Desde lejos". O tiempo antes, cuando Larralde se preguntaba "¿Quién me enseñó a ser bruto, quién me enseñó?".
En esas casi dos décadas de discos también aparecieron esos temas que prendieron en el público. De los primeros años ("Sin pique", "Grito changa", "Pa´ que dentre", "El porqué", "Con mi junta de nuncas", "Permiso", "Quién"). De "Galpón de ayer", donde hablaba de un festejo sin privarse de decir: "Milonga brava, galpón de ayer, olor a cuero, cuchillo fiero que tiene sed (...) Milonga brava, yo fui también". De principios de los ochenta, con el breve pero magnífico repertorio de "Amansando soledades" ("Forastereando", "Bajo el tinglao", "Malhaya de irlo sabiendo", o la milonga que da título a la placa). En esta reedición también figuran "Milonga de tiro largo", la banda de sonido de la película "Santos Vega" (1971), y los tres poemas que denominó "Herencia pa´ un hijo gaucho", publicados en dos discos, de 1968 y 1970.
"Más vale no diga nada si por no subir el tono me va a amordazar el alma", cantó una vez. Pero, nada tonto, en todo ese tiempo dijo mucho sin levantar el volumen de su voz. Siempre reflexivo, tantas veces profundo.




