Las chicas del jazz se hacen escuchar
Nuevas ediciones de Ligia Piro y Barbie Martínez; y los próximos estrenos de Raventos, Oliver, Eubel y Amed
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Este 2010 también pasará a la historia como el año en el que algunas mujeres argentinas levantaron la voz y se hicieron escuchar como nunca. Puede sonar a manifiesto feminista, pero en estas líneas, al menos, de lo que se trata es de un puñado de talentosas cantantes argentinas de jazz que irrumpieron hace años con una tímida fuerza, pero hoy se están consolidando como un fenómeno que excede la cuestión de género.
Dos de las que mejor simbolizan este boom son una de las vocalistas más experimentadas de la escena jazzera local, Ligia Piro, que acaba de lanzar su cuarto disco, Strange Fruit , y una de las nuevas artistas que ya dejó de ser una promesa, Barbie Martínez, que editó hace pocos meses su sorprendente primer álbum, Swing! .
Pero ellas no estarán solas en las bateas: para los próximos meses se esperan las novedades discográficas de Guadalupe Raventos, una de las principales figuras locales del jazz cantado (se llamará Lady y saldrá en octubre por Melopea); de Delfina Oliver, otra de nuestras estilizadas voces ( Camino , una producción independiente que aparecerá en agosto); de Eleonora Eubel, una de las más vanguardistas cantantes y compositoras (el CD ya está terminado, pero aún no tiene fecha de edición), y de otra artista original como Roxana Amed ( Cinemateca finlandesa se llamará el álbum a dúo con el pianista Adrián Iaies, que se grabará el próximo fin de semana y se presentará en octubre).
Strange Fruit , la nueva obra de Ligia Piro, es el fruto maduro de una artista que no para de crecer, en este caso asociada luminosamente con el trompetista Juan Cruz de Urquiza, a cargo de la producción artística, los arreglos y la dirección musical. Una tarea clave en cualquier proyecto artístico, pero en este caso de complicada factura porque aquí la hija de Susana Rinaldi no recorrió un camino previsible: la acompaña una sección de vientos de ocho integrantes, en un repertorio poco convencional.
Es que hay standards de lo más emblemáticos, como la canción inmortalizada por Billie Holiday que da su nombre al disco, pero también una suerte de categoría de nuevo standard que no proviene del jazz, como la rockera "Message in a Bottle", de Sting; el clásico bolero "Noche de ronda" y esa obra maestra de nuestro folklore llamada "Debajo del sauce solo", de Valladares y Castilla.
Piro alcanza el pico de su madurez como intérprete y le da nueva vida a estos temas, que tampoco suenan fáciles, sino tejidos en una trama que sostienen un gran trompetista como Urquiza y sus siete magníficos: Richard Nant en trompeta, Juan Scalona y Juan Canosa en trombón, y Ramiro Flores, Ricardo Cavalli, Gustavo Musso y Víctor Skorupski en saxo. Nada sería igual, claro está, sin el aporte decisivo de Diego Schissi en piano, Carlos Alvarez en contrabajo y Daniel "Pipi" Piazzolla en batería.
La complejidad de Strange Fruit tiene su contracara en Swing! , la ópera prima de Barbie Martínez. No parece un primer disco de una cantante tan joven, en el que suelen predominar los tanteos, las indefiniciones, las obsesiones, antes que ciertos logros en la dirección de un lenguaje propio.
Aquí no hay un intento de innovación en sí mismo, aunque sí en materia de una relectura propia y virtuosa de once temas y un bonus track que se enrolan en esa categoría de "standards de jazz que sabemos todos". Barbie maneja su voz como si no lo hiciera, con una naturalidad que conmueve y unos recursos notables, aplicados a contramano de las inseguridades de cualquier debutante.
Hay que escucharla superar el desafío de la compleja "Dat Dere", de Bobby Timmons, y cómo contagia sensualidad en un blues incandescente como "Don´t Touch Me".
El otro secreto de este muy buen disco son los músicos: el pianista Miguel Marengo es una revelación a fuerza de creatividad, mientras que invitados como Carlos Lastra, en saxo; Pedro Rossi, en guitarra, y el legendario Angel Sucheras, en piano, son el complemento ideal para un voz en ascenso dentro de una escena poblada, por suerte, de tantas buenas voces femeninas que se hacen escuchar en el revitalizado jazz nacional.



