Los chicos, con el folklore
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"Risas de la tierra", por Magdalena Fleitas. Recital de música folklórica por Magdalena Fleitas en voz, guitarra y flautas; Valeria Donati, en los coros; Fernando Tomasenia, en guitarra, acordeón y cavaquinho; Amadeo Gallardo, en bajo; Gabriel Ostertag, en batería y percusión; Eric Giles, en flauta, y Sami Abad, en violín. Acrobacia, baile y cintas: Trinidad Padilla y Nina Lenze. En el Malba, Figueroa Alcorta 3415, el viernes y el sábado, a las 15. Informes y reservas: 4808-6500. Entrada: 7 pesos.
Nuestra opnión: bueno
Dentro de un clima de sencilla alegría se desarrolla este recital de música popular autóctona dedicado a los niños.
El conjunto irrumpe con todo vigor con un candombe, "El negrito José", y desde el comienzo establece el clima de fiesta y juego en un tono elevado que se mantiene en todo el desarrollo de la función.
Sigue un trabalenguas, "Pablito", que comparten los músicos, y que seguirá apareciendo al estilo de rondó durante todo el recital. Pasa luego a "Barrilete de colores", una canción murga, a la que se agrega un atractivo aporte de coreografía con cintas de colores. Le siguen "Los sapitos copleros", que es una chacarera, y "El chamamé del piojo".
Adivinando canciones
En una especie de interludio, los músicos juegan con los chicos a adivinar temas, tocando frases musicales, hasta llegar a "Manuelita", coreada por todos. La canción "La luna y el río" también cuenta con un aporte escenográfico: una tela azul que mueven dos bailarinas. Luego hay un rap-carnavalito "Calle ocupa", que expresa el deseo de recuperar la calle para los vecinos y para jugar.
El repertorio del programa incluye un "Sanjuanito" ecuatoriano, murgas, blues, guarañas. También hay un videoclip sobre "El negrito José", con dibujos de Daniel Roldán.
Magdalena Fleitas también se interesa por incorporar a la platea en algunos juegos musicales, con palmas, estribillos y acompañamientos sonoros, e incluso los invita a bailar, al final.
El conjunto, bien integrado, logra una comunicación cálida y distendida con el público, que lo sigue interesado.
Es bueno destacar que las canciones se escuchan bien, las letras se entienden y los ritmos son pegadizos.
Lo que se podría señalar es la falta de variedad en los climas, el tono siempre fuerte que no les permite modular mejor el trabajo de las voces, como si todo fuera muy intenso y tiene que ser al unísono; falta la breve, mínima pausa que permite escuchar y escucharse, y apreciar otra clase de sonidos, más sutiles.
De todos modos es una presentación musical de muy buen nivel que tiene el mérito de acercar a los niños al mundo de los ritmos del folklore con canciones que dicen cosas que ellos pueden comprender y que los movilizan corporalmente.



