Los nuevos favoritos de los festivales de raíz

Manuel Orellana y Rodolfo Lucca, consagrados en Cosquín 2016 y ahora en Jesús María
Gabriel Plaza
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19 de enero de 2017  

No debe ser fácil para un grupo de Santiago del Estero que recién empieza a destacarse entre canciones folklóricas que trazaron el itinerario contemporáneo de esa provincia, como “Perfume de Carnaval” de Peteco Carabajal, “Te voy a contar un sueño”, de Jacinto Piedra, o “Chacarera del cardenal”, de Horacio Banegas. Los músicos Manuel Orellana y Rodolfo “Pelu” Lucca promediaban los veinticinco años cuando empezaron a surgir con un repertorio propio que se fue transformando en clásico. Había en el corazón de esas canciones criollas y contemporáneas –“Fantasía de mi cantar”, “Alma maternal” y “Soy del pueblo”– un pulso ancestral y una búsqueda de lo nuevo.

Pasaron casi dos décadas de ese disco debut, Alma maternal, cuando todavía se hacían llamar Presagio: grabaron un disco más bajo ese nombre, Tierra que espera (2005), que tenía la zamba “Milagro del tiempo”, un “hit” del grupo en los festivales. Después se renombraron Dúo Terral para el disco Presagio (2007), donde participa León Gieco; y finalmente se rebautizaron Orellana-Lucca, a partir del álbum Habitantes de mi tierra (2010). El grupo santiagueño está finalmente cosechando lo sembrado durante tantos años de festivales y peñas alternativas.

En 2015, el grupo lanzó un disco doble de edición independiente llamado Hermanos, masterizado por “el Portugués” Da Silva, que supo captar la esencia y la alquimia de esa energía que se produce entre las voces y las guitarras de Manuel Orellana y Rodolfo “Pelu” Lucca. En ese disco pusieron toda la carne al asador en términos económicos y artísticos. En 25 canciones agruparon ritmos folklóricos con un temple más urbano y otros con espíritu de patio de chacarera. El año pasado se llevaron el premio Consagración en Cosquín. Cuando menos se lo esperaban volvieron a ganar el premio Consagración este año, en la última edición del Festival de Doma y Folklore de Jesús María.

Rodolfo “Pelu” Lucca está en la veterinaria que tiene con su hermano desde hace un año. Vive en Santiago con su mujer y sus cuatro hijos: Lisandro, Isabela, Carola y Cayetano. Después de la efervescencia que despertó el premio de Jesús María entre sus seguidores, el dúo Orellana-Lucca mantiene su rutina. De lunes a jueves están en Santiago del Estero con sus familias. Los viernes y sábados salen de gira por los festivales. Por delante tienen una agenda cargada, en la que sobresalen la actuación en Cosquín, pasado mañana, en el día de la apertura y el Festival de la Salamanca, en La Banda, el 5 de febrero.

“La verdad es que hace muchos años que venimos cantando y remando para tratar de que nuestra música llegue a todo el país. Nosotros siempre tocamos durante el año en peñas y no teníamos mucha entrada en los festivales del verano. Por eso, no nos esperábamos las consagraciones. Estas premiaciones son importantes porque nos abren puertas.”

El dúo Orellana-Lucca viene haciendo un trabajo sostenido y de hormiga apostando por un repertorio nuevo; rescatando a letristas santiagueños de su generación, como Marcelo Mitre y Enrique Marqueti, y formando parte de una camada de recambio, entre artistas como Rally Barrionuevo, Ramiro González, Bruno Arias, Gustavo Chazarreta y Emiliano Zerbini. “A todos nos une la idea de componer. Ahí tenés un poeta como Ramiro González, que es uno de los mejores de esta generación. Está bueno que las comisiones den la oportunidad al recambio generacional, si no siempre están sólo los artistas que venden más entradas”, apunta Lucca, letrista del grupo con Orellana.

La trayectoria del dúo es larga. Para Rodolfo “Pelu” Lucca, el camino recién está empezando. “Siento que todavía nos faltan años luz de andar y cantar. Es verdad que hay chicos de entre 17 y 20 años que están armando sus grupos en Santiago y cantan nuestras canciones o suenan parecido a nosotros. Ellos están tomando la influencia nuestra, como nosotros la tomamos de Los Santiagueños de Jacinto Piedra y Peteco Carabajal. Pero el tiempo dirá. A nosotros nos falta recorrer toda una vida, como Los Manseros Santiagueños, que son muy grosos, y quizá ni siquiera así logremos lo que ellos lograron. Cuando seamos viejos y miremos para atrás veremos si hemos dejado algo o no para la música santiagueña.”

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