Messiaen, la ubicuidad de Dios
Es natural que se echen a vuelo las campanas para celebrar el centenario del nacimiento de Olivier Messiaen, un grande de Francia, cuya vida transcurrió entre la enseñanza, la composición y la ejecución organística. De ahí que a medida que transcurre el año se multipliquen las ejecuciones de sus obras para piano, órgano, voces y conjuntos de cámara, y de sus monumentos orquestales. Y tampoco puede estar ausente, sin duda, su única ópera, Saint François d Assise , que el Palais Garnier de París estrenó el 28 de noviembre de 1983, hace 25 años. Es que más allá de los rechazos que reflejaron algunas críticas de la época, la obra ha alcanzado una atracción excepcional en el panorama de finales del siglo XX y, lo que es más notable aún, en esta primera década del XXI.
En el curso de los años que nos separan de su nacimiento, se la representó en dos temporadas del festival de Salzburgo, en tres de la Opera de París, y en ciudades tan diversas como Leipzig, Edimburgo, Berlín, San Francisco y Bochum. Además de las versiones escénicas reducidas que viajaron de Oriente a Occidente.
En esta historia, Ozawa y Nagano se situaron entre la primera promoción de grandes directores que la impulsaron, mientras la estrella por excelencia que fijó las pautas del protagonista fue José van Dam, que la cantó cinco veces, seguido por Fischer-Dieskau, Frode Olsen y David Wilson-Johnson, entre uno o dos más. Fue esta generación de directores y barítonos los que quedan ligados a la más profunda historia de la ópera de Messiaen, a la que suma su aporte la discografía.
¿Y las puestas? Aquí el terreno es más complejo. De la mise en scène inicial de Sandro Sequi, en el estreno, acusada por excesivo simplismo y carencia de imaginación, se pasó a la de Peter Sellars, que la instaló en Salzburgo en 1992 con dirección de Pékka-Salonen y en el mismo año, en la Bastille de París, con la batuta de Cambreling, y siempre con José van Dam. Ya para entonces la ópera arrasaba por una fuerza dramática irresistible, que valorizó el simbolismo universal del tema.
"Yo he nacido creyente", dijo muchas veces Messiaen, aclarando que sus obras no hacen referencia a la religión de manera directa, pues se trata en la mayoría de los casos de música organizada al margen de la liturgia. Vinculado con lazos muy fuertes con el Medievo, ninguna de ellas lo está tanto como su Saint François, ubicada, naturalmente, en el siglo XIII, en Italia. Sensible a la naturaleza, a las flores y, desde luego, al canto de los pájaros, que a partir del Cuarteto para el fin de los tiempos (1940-41) llegará a sustituir las vocalizaciones o melismas (tan humanas) de sus obras primeras, Messiaen ha logrado crear una visión totalmente despojada del personaje, con el solo relato del alma de un hombre en su camino hacia la estigmatización y la santidad. Para llegar a lo más profundo del santo de Asís, Messiaen se inspira en las biografías de Celano y de San Bonaventura , pero sobre todo en las anónimas Fioretti , las florecillas de los hechos y milagros del santo por los caminos de Umbría, y en los escritos del propio Francisco, particularmente su célebre Cantico de las criaturas .
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Pierre Boulez escribió que "como todo compositor, Messiaen nace de la historia y su padre directo fue el Debussy de Pelléas , mientras el segundo lo fue Stravinsky, el de los grandes ballets". El resto lo hicieron sus convicciones más íntimas, su búsqueda por las diversas culturas del mundo, su religiosidad esencial, su sentimiento del color como una dimensión espiritual y por encima de todo el canto de los pájaros que tanto conoció y amó el compositor, cantos que en fantásticos vuelos se insertan en un lenguaje armónico voluptuosamente refinado. Con motivo de la representación de la ópera en Salzburgo, en 1992, Messiaen declaró que buena parte de la crítica estaba furiosa con su obra. La religión debía quedar reservada a los lugares de culto y no a un teatro. A lo que él respondió que Dios está presente en todas partes, en el concierto, en el océano, en la cumbre de una montaña y aún en el métro de París.





