Mike Mills: el extraño mundo de R.E.M.
En Nueva York, mano a mano con el bajista del grupo norteamericano que acaba de editar su nuevo álbum
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En 2008, los integrantes de R.E.M. empezaron a ver que cada vez que tocaban en vivo "Orange Crush", los adolescentes del público reaccionaban con excitación y cantaban la letra de principio a fin. Al comienzo, los sorprendió la nueva popularidad de esta canción, que en sus dos décadas de vida habían tocado pocas veces. "Después, nos dimos cuenta de lo que estaba pasando", explicó a LA NACION Mike Mills, bajista y cocompositor de R.E.M. "La canción había sido incluida en Guitar Hero el exitoso videojuego en el que los usuarios tocan, con guitarras y baterías de juguete, los clásicos del rock. "Así es como estos chicos están redescubriendo nuestra música", dijo Mills, un simpático cincuentón de anteojos redonditos y pelo rubio y ondulado. Después agregó, sonriendo: "Vivimos en un mundo cada vez más extraño".
En este mismo mundo extraño, donde el rock ya no ocupa los primeros lugares de los rankings y las bandas nuevas se abren paso en Internet sin preocuparse por conseguir una discográfica, R.E.M. editó Collapse Into Now ("Colapsar en el ahora"), su décimo cuarto disco de estudio. Y lo hará usando las técnicas artísticas y comerciales del siglo veinte -una docena de canciones homogéneas, discográfica multinacional, videoclips de alto presupuesto dirigidos por un director famoso- con las que empezaron a sacar discos a mediados de los 80 y les permitieron convertirse después en una de las dos o tres bandas de rock más populares del planeta.
Durante mucho tiempo, R.E.M. fue un grupo que se renovaba y cambiaba de cara en cada disco. Podían ser saltarines e irónicos, como en Out of Time (1991), en el que estaba "Losing My Religion", el hit más importante de su carrera, o acurrucarse, melancólicos y acústicos, en el disco siguiente, Automatic for the People (1992), en el que estaba "Everybody Hurts", otras de sus canciones más conocidas. Collapse I nto Now es distinto, porque suena más como una colección de temas que como una obra conceptual. "Tiene lo mejor de cada uno de nuestros géneros", explicó Mills, sentado en la habitación de su hotel frente a Gramercy Park, en el este de Manhattan. "Hay dos o tres canciones lentas realmente muy lindas, tres o cuatro que son fuertes y gritonas y tres o cuatro temas mid-tempo que también están muy buenos."
¿Cómo elige R.E.M. la atmósfera que va a tener un disco? Aparentemente es un proceso más intuitivo de lo que parece. "No hablamos mucho sobre el tema", dijo Mills, bebiendo de su botella de agua mineral. "Escribimos las canciones y después elegimos las que más nos gustan. Le permitimos al disco convertirse en lo que quiere ser, lo tratamos casi como a un ser vivo." El disco se grabó el año pasado en cuatro sesiones de tres semanas cada una: las primeras dos en Nueva Orleáns, la tercera en Berlín ("Teníamos ganas de grabar en los legendarios estudios Hansa, y también conocer mejor una ciudad donde están pasando cosas interesantes", dijo Mills) y la cuarta en Nashville, la capital de la música country. El proceso de composición fue igual que siempre: Mills y el guitarrista Peter Buck armaron las bases instrumentales, el cantante Michael Stipe eligió las que más le gustaron y, sobre ellas, escribió las letras y melodías y, finalmente, volvieron a grabar todo con la nueva información. "Siempre lo hicimos así y nos ha funcionado", agregó Mills, encogiéndose de hombros.
Durante mucho tiempo, cada disco nuevo de R.E.M. fue una noticia importante en el mundo del rock. No sólo porque eran una banda popular, sino también porque eran una banda influyente, favorita de muchas otras bandas. Aunque muchos de los grupos de la actual escena independiente -formados por pibes que apenas habían nacido cuando salió "Losing My Religion"- mencionan a R.E.M. entre sus bandas favoritas, los discos nuevos de Stipe, Mills y Buck ya no generan la expectativa de otros años.
"Creo que nos hemos ganado un lugar, que es nuestro", dijo Mills. "Nosotros prácticamente inventamos el estándar de como ser una banda durante mucho tiempo, desde los ochenta para acá. Estamos nosotros, U2 y pará de contar." ¿Eso qué quiere decir? "Eso quiere decir que, de todas maneras, seguimos desafiándonos a nosotros mismos, a hacer los mejores discos posibles y a hacer canciones distintas. Porque eso es lo más difícil: no copiarnos a nosotros mismos." Más fácil es que los copiaran sus fans adolescentes, en los sótanos de sus casas de los suburbios, sacudiendo las guitarritas de plástico de Guitar Hero , tocando "Orange Crush".




