Morello, fiel al espíritu de Debussy
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Recital de la pianista Fernanda Morello. Programa: Toccata, de Francis Poulenc, y Preludios del Segundo Libro de Claude Debussy. En el auditorio del Museo Nacional de Bellas Artes.
Nuestra opinión: excelente.
No todos los pianistas jóvenes se atreven a asumir, en un concierto, una obra integral de Debussy. Para ello es preciso conocer a fondo el estilo y tener dedos flexibles y dóciles para hurgar minuciosamente en sus notas y plasmar sus proteicas atmósferas. Fernanda Morello (medalla de oro del Conservatorio Manuel de Falla) lo logra con refinamiento y garra.
Ya desde la Toccata de Poulenc, que abre el programa, saltan a la vista su pianismo de pasmosa soltura y su arrebatado élan. Alejada del protocolo, antes de iniciar su labor, la pianista traza someros pero interesantes comentarios sobre las obras del programa, con sencillez y simpatía.
El Debussy de los Preludios (más originales, si cabe, que los de Chopin), por su carácter experimental y sus atrevimientos melódicos, armónicos y rítmicos, empieza a desovillarse desde "Nieblas", con su carga onírica de bajos catedralicios y sus transiciones lúdicas, seguido por las esotéricas visiones de catacumbas solitarias en "Hojas muertas" y el sesgo habanero de "La puerta del vino" (así titulada en español) con sus ramilletes de notas que devienen, entre arpegios, en climas misteriosos.
Morello los ha desgranado fiel al espíritu de cada obra y del estilo de Debussy, es decir, con esa pátina sugerente de sonidos evocativos de sensaciones y esas notas evasivas, casi inasibles, que más que tocadas parecen prolongarse sólo en resonancias.
Pero no es mera sugerencia el arte pianístico de Morello, sino que sabe alternar delicadezas y sutilezas en el toque con esos arranques que sorprenden y desconciertan, como ocurre con "Las hadas son exquisitas bailarinas". Lo etéreo y refinado va y vuelve a través del discurso junto con lo incisivo y con las expansiones que acercan a Debussy a lo popular.
Después llegarán "Ondine", "Hommage a S. Pickwick", "Canope", "Las terceras alternadas" y la más conocida "Fuegos de artificio".
Explosiones y remansos son expuestos con autoridad y maestría por Fernanda Morello, mientras el ritmo se diluye y el ambiguo juego de tonalidades anticipa los rasgos del atonalismo. La feraz inventiva de Debussy atrapa. La intérprete ha logrado aquella máxima del maestro francés de que los pianistas debían imaginar un instrumento sin martillos para extraer de él lo esencial: los colores, los matices, los contrastes de un mundo complejo, originalísimo y riquísimo en sugestión.
Este concierto ha sido un regalo en la soleada tarde dominical de primavera en el Museo de Bellas Artes, donde se han dado cita muchos melómanos que saben disfrutar de un arte consumado y escasamente transitado.



