
Murió el compositor Karlheinz Stockhausen
Un pilar de la música electroacústica
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KURTEN, Alemania (DPA).- El compositor alemán Karlheinz Stockhausen falleció el último miércoles a la edad de 79 años, tras una enfermedad corta y grave, según informó ayer su ex esposa Mary Bauermeister, en la localidad de Kürten, cerca de Colonia.
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Karlheinz Stockhausen solía explicar que ciertos acontecimientos de su infancia habían tenido consecuencias indelebles en su vida y en su música. En una serie de conferencias que dictó en inglés a comienzos de los años setenta, el compositor alemán nacido en 1928 en Mödrath, localidad cercana a Colonia, dejó un relato desolador sobre su infancia en los tiempos del Tercer Reich. Contaba allí que, después de sufrir un colapso nervioso, su madre había sido internada en un asilo psiquiátrico y se había convertido en otra víctima del exterminio de enfermos mentales durante el nazismo. Tras esa pérdida, su padre se había lanzado, con voluntad casi suicida, a combatir en una guerra ya perdida.
Huérfano a los trece años, Stockhausen prestó servicios en los hospitales del frente, donde entretenía a los heridos tocando en el piano cualquier cosa que le pidieran, desde una sonata de Beethoven hasta canciones de comedias musicales.
De algún modo, esa experiencia temprana se perpetuó en dos de las líneas que definen su música: la imparcialidad respecto de los sonidos y una voluntad por la improvisación y el azar. Hacia 1952, tomó clases con Olivier Messiaen, quien lo introdujo en las técnicas serialistas, y con Pierre Schaeffer, a instancias de quien descubriría la música concreta (hecha con sonidos ajenos a los instrumentos musicales), una experiencia que resuena todavía en su Helikopter-Quartette (1995) pieza para dos violines, viola, chelo y cuatro helicópteros. Más allá de esa etapa, el itinerario musical de Stockhausen está marcado a fuego por los cursos de Darmstadt que definieron las estéticas vanguardistas de posguerra. Por esa época exploró el terreno de la incipiente música electroacústica, a la que le encontró una vuelta de tuerca: en lugar de trabajar con sonidos puramente electrónicos, procesó la voz humana. El resultado fue Gesang der Jünglinge (1956), uno de los momentos más conmovedores e imprescindibles de la música del siglo XX. Dos años después, en 1958, estrenó Gruppen , obra para tres orquestas que rodean al público y tocan con tempi diferentes, por lo cual cada grupo tiene su propio director. Según Stockhausen, la técnica de grupos se funda en "un número determinado de sonidos relacionados por proporciones entroncadas en una condición de experiencia superior". En la práctica, se trataba de aplicar los procedimientos seriales rotativamente a conjuntos de alturas, ritmos y timbres. Frente a la determinación de esta obra, Klavierstück XI (1956) pone el foco en la indeterminación y permite que el pianista decida el modo en que se suceden los eventos sonoros. En composiciones posteriores, como Kontakte (1958-1960), retomó la senda de la electrónica, y la profundizó, aunque ya con el filtro del pensamiento oriental que le deparó un viaje a Japón, con Prozession (1967) y Kurzwellen (1968). Aun poco antes de su muerte, seguía trabajando en Licht , un ciclo de óperas, colosal, místico y ahora inconcluso, del que llegaron a estrenarse algunos episodios.
A pesar de su complejidad, la figura de Stockhausen gozó de una relativa popularidad, conquistada cuando Paul McCartney decidió que su cara fuera una de las que aparecieran en la tapa del disco Sgt. Peppers , de los Beatles, un homenaje del que el compositor parecía sentirse orgulloso hasta el punto de que, aun ahora, su página web oficial reproduce esa imagen. Su última aparición masiva fue infeliz: inmediatamente después de los atentados del 11 de septiembre, Stockhausen declaró que el acontecimiento era una obra de arte. La frase fue quizá mal enunciada y peor comprendida. Sin embargo, esa opinión no opaca en modo alguno el juicio acerca de uno de los artistas más influyentes del siglo pasado. De Boulez a John Lennon, de Frank Zappa a Anthony Braxton, casi todos le deben algo. Tal vez porque la revolución de Stockhausen fue completa: cambió no sólo el modo de hacer música sino también, y acaso sobre todo, el modo de escucharla.


