
Música de una región dividida
Goran Bregovic reúne todas las tradiciones y estilos sonoros de la zona balcánica
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La música balcánica está signada por la diáspora de un pueblo que se fue nutriendo de diversas culturas y ritmos de Europa del Este. Mucho se le debe al nomadismo de los gitanos y a las primeras bandas de metales usadas durante la guerra otomana. Esa historia trágica, hecha de enfrentamientos bélicos y persecuciones étnicas, impregnó los sonidos balcánicos de un carácter multicultural y explosivo: entre el drama y la alegría desenfrenada.
Goran Bregovic, uno de los artistas que mayor proyección le dio a estos ritmos balcánicos junto a Emir Kusturica, sintetiza ese espíritu en su nuevo disco, "Cuentos y sonidos de bodas y funerales", de Universal. Lo hace acompañado por una orquesta de cuerdas polaca, el grupo El Misterio de las Voces Búlgaras, el Coro Masculino de Belgrado y una banda de bronces gitanos, que bautizó para su gira mundial del año pasado como Orquesta para Bodas y Funerales, con la que visitó la Argentina.
Momentos importantes
El músico y compositor pasa su vida entre Belgrado y París. Se hizo mundialmente conocido por su trabajo en las bandas de sonido de las películas "Tiempo de gitanos", "Sueños en Arizona" y "Underground", de Emir Kusturica, y confirma aquí su necesidad de integrar los ritmos del folklore croata y zíngaro con la religiosidad serbia en un país virtualmente desaparecido del mapa político.
Como hijo de un padre croata y una madre serbia, Bregovic trata de unir los fragmentos de un pueblo compuesto por católicos, musulmanes y ortodoxos, con una musicalidad trashumante hecha de retazos de las culturas griega, italiana, turca y en permanente transformación. A través de sus composiciones logra contar la historia trágica de un pueblo que se escuda en el humor negro para soportar tantos muertos e intenta levantar ciudades de los escombros. De chico convivió con todo eso, como también con los músicos gitanos que trabajan en bodas que suelen durar varios días y en los funerales en los que se escucha la música favorita del muerto.
En una entrevista, Bregovic dijo: "En nuestra cultura hay tres momentos importantes en la vida de una persona: cuando se va al ejército, su casamiento y su muerte".
Todos esos elementos se integran en esta producción discográfica donde aparecen las influencias de un artista nacido en Sarajevo, que fue estrella de rock en la Yugoslavia de los 70, se cautivó con las voces y el frenético sonido de las fanfarrias gitanas, el dramatismo sinfónico de la escuela clásica, los coros de las iglesias y el pulso electrónico y los sonidos del pop tras su exilio en París, durante la guerra de Bosnia, en 1992.
El compositor y cantante exprime a fondo ese mestizaje cultural y consigue imprimir a sus canciones ese sentimiento en las quince composiciones que integran el álbum.
El director de esta orquesta multicultural recupera ese halo de realismo mágico de su viejo camarada Kusturica con una música que dispara en el inconsciente esas imágenes delirantes y desmesuradas de gitanos persiguiendo gansos, ejércitos circulando por túneles y orquestas que tocan atadas a los árboles.
Goran Bregovic exhibe la delicadeza de un encantador de serpientes para dominar el impulso de esos bronces gitanos que suenan temperamentales, envueltos en un compás de marcha y con cierta desafinación consciente, que aporta temperatura al disco. Canciones como "Hop-Hop-Hop", uno de los hits del disco, que produce un contagio desenfrenado parecido al que ocasionó en algún momento "Kalasnikov"; "Aven ivenda", con la increíble voz de Vaska Jankovska, y "Sex", con el solista Saban Bajramovic, llevan el sostenido ritmo de la tuba, las trompetas y el saxofón (tocado con la técnica que se usa en Oriente Medio) y otros instrumentos tradicionales, como el acordeón, el derbouka, la gaita y el tapán (que toca el recordado Zdravko Colic, coequiper de Goran en su recital porteño), de las culturas húngara, turca, rumana y germana.
El músico, que canta y toca la guitarra eléctrica, maneja un concepto sonoro mestizo, que alimenta con delicados arreglos de cuerdas y fusionando un lenguaje popular y académico con los samplers para lograr atmósferas dramáticas y pequeños interludios que cambian el aire del disco. Suenan así, con ambiente de réquiem, "Tale I", el adagio "Tale II" para vasos de vino y cuerdas, y "Tale III", con coros de la iglesia gregoriana. Las solistas búlgaras, ampliamente reconocidas en ese himno balcánico, "Ederlezi", que sonaba en "Tiempo de gitanos", también son parte de ese conjunto de música y voces con un gran poder hipnótico. Es capaz de lograr un clima trágico y abismal en "Tale VI" y de encender la chispa de la diversión en la envolvente potencia de los bronces en "Cocktail molotov". Síntesis de ese estado de ánimo que se vive en esa tierra donde las alegrías son pocas y se vive muy cerca de la muerte. Entre bodas y funerales.






