
Música en Plural, con original programa
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Conciertos de La Barroca del Suquía conformado por Manfredo Kraemer y Graciela Chamale (violines), Alberto Lepage (viola) y Nina Diehl (violonchelo) y Trío de Paraná con Graciela Reca (piano), Luis Orlando (violín) y Alberto Marullo (violonchelo) y la suma de Guillermo Sánchez (clarinete) y Marcelo Orlando Bertozzi (corno). Biblioteca Nacional.
Nuestra opinión: bueno
El ciclo Música en Plural que presenta la Secretaría de Cultura de la Nación el último domingo de cada mes, se ha constituido en un emprendimiento de singular calidad en razón de la jerarquía de los intérpretes y los programas que se ofrecen. Para ello contribuye la buena condición acústica de la Biblioteca Nacional donde se llevan a cabo. Asimismo y antes de referirnos a la música en esta segunda entrega, cabe señalar la importancia del aporte realizado por la Fundación Szterenfeld al restaurar el piano que se utilizará durante la temporada y que viene a paliar una necesidad imperiosa de Buenos Aires.
La primera parte estuvo a cargo de músicos cordobeses integrantes de La Barroca del Suquía, una de las primeras orquestas del país dedicadas al estilo barroco con criterio históricamente informado de la música de los siglos XVII y XVIII, que conduce el muy buen violinista Manfredo Kraemer especializado en el tema que difunde con devoción y marcado entusiasmo.
Referido a este asunto, en el que con frecuencia se anuncia la utilización de instrumentos de época en este tipo de conjuntos, para nosotros esos instrumentos "originales de época" no existen en la realidad ya que sería un despropósito que tantos cientos de violines en manos de los músicos de esos conjuntos posean esas reliquias del pasado. De ahí que nos parece más veraz hablar de "conjuntos con sonido de época" y en ese sentido se mantienen algunos interrogantes todavía no esclarecidos.
La parte musical
Pero dejando de lado estos temas propios de la investigación, cabe señalar que las obras ofrecidas fueron sumamente gratas y muy bien ejecutadas por los músicos de Córdoba, comenzando por una página de Haussmann, miembro de una gran familia de músicos de la época de Lutero y que fuera organista y autor fecundo e ingenioso. Se continuó con una Fantasía en arreglo de Mozart (¡qué demostración cabal de los conocimientos del prodigio!), escrita originalmente por Froberger, gran maestro del clavecín y quien diera a la suite clásica su forma más acabada.
Después, la delicia de un preludio de Buxtehude, uno de los más grandes maestros de la historia del órgano, de obras vocales y organizador de conciertos, el famoso ciclo "Música del atardecer" que tanto admiró Bach. Precisamente, el creador del siguiente acontecimiento de la historia musical que en este concierto se representó por una fuga a tres temas para dos violas, violín y chelo. Entonces, con la ejecución de la página de Bach, el cuarteto de músicos brilló por su buen sonido y musicalidad, con Manfred Kraemer dando demostración de su saber y Graciela Chamale (aquí con viola junto a Alberto Lapage) y Nina Diehl con solvencia en el chelo, lograron una sostenida muestra de aprobación del numeroso público que se reiteró luego del hermoso agregado que ofrecieron, una obra de Heinrich Ignaz von Biber que se distinguió en la literatura violinística austríaca por su empleo de las dobles cuerdas y de la scordatura. La pieza en tres partes sin solución de continuidad, un allegro chispeante, una danza amena y una especie de chacona para el final, fue objeto de eficiente ejecución.
En la segunda parte de la propuesta se escuchó el sexteto del húngaro Ernö Dohnanyi, figura multifacética que se destacó como director de orquesta, pianista y compositor, especialidad esta última en la que dejó buena cantidad de creaciones de cámara como la ofrecida en este concierto y que viviera en nuestro país, en Tucumán, donde dictó clases de piano y ocupara el cargo de titular de la Escuela de Música de Tucumán.
El sexteto fue objeto de una correcta versión como no podía ser menos con la presencia de los integrantes del Trío de Paraná y de buenos instrumentos de Bahía Blanca, pero el lenguaje del autor enrolado en una corriente posromántica donde sin embargo existe cierta influencia de Bartok, no fue logrado en plenitud, con mayor equilibrio y variedad de matices, una circunstancia que podría haber derivado del poco tiempo disponible para alcanzar esa íntima unidad espiritual y técnica que reclama la música de cámara.





