
Música, saudade y morriña
El portugués y el gallego acapararán Buenos Aires, este fin de semana, con los shows de Mísia, María Gadú y cinco nuevas estrellas de Galicia
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"Las voces femeninas suelen expresar mejor los sentimientos que las de los hombres porque no tienen miedo de gritar. Las mujeres no cantan mejor, sino que expresan mejor el dolor -decía la cantante portuguesa Mísia, a fines de los noventa, durante su primera visita a la Argentina-. Quizá porque desde niñas somos las que lloramos... Si uno mira el pasado, son las grandes heroínas las que lloran. Y, desde los orígenes del mundo, las plañideras en los funerales son siempre mujeres. Esto, que no es casual, posee una carga muy fuerte. Tengo el más grande de los respetos por el dolor de los hombres, pero tal vez porque les enseñan a reprimir el llanto no son un vehículo ideal, como nuestra voz, para transmitir los grandes ciclos de la vida".
Para escuchar el dolor, el llanto o el grito cantados, este fin de semana habrá dos muy buenas oportunidades en lengua portuguesa. Mañana, María Gadú cantará en el Teatro Gran Rex, junto al cantautor Lenine. Y al día siguiente será el turno de Mísia, en el Teatro Coliseo, donde presentará su nuevo disco, Delicatessen Café Concerto, un álbum que transita por el fado, el tango y las canciones francesas, con varios invitados. Mientras que el domingo se presentará el espectáculo Atlánticas en el Teatro Sha, con voces referentes de la actualidad de la música gallega como Uxía.
Es verdad, que la que concita mayor atención es la joven cantautora María Gadú, uno de los últimos fenómenos de la música brasileña, protegida de Caetano Veloso y ahora de Lenine con la que comparte escenario. "Venimos de diferentes generaciones, pero transitamos el mismo universo".
Mísia se enfunda en un vestido negro, que combina con anteojos del mismo color, un pañuelo rojo sobre su cabeza y guantes al tono. Abre la puerta e invita a pasar a los invitados a la cena; es decir, a su nuevo disco. Ellos son Iggy Pop, Adriana Calcanhotto, el cantante lírico Ramon Vargas, Melech Mechaya, Legendary Tigerman y Dead Combo, entre otros. Con ellos comenzará la tertulia y la cena que luego se completará con el público que escuche las canciones. En la Argentina, eso sucederá pasado mañana, cuando suba al escenario del teatro Coliseo para presentar Delikatessen Café Concerto.
¿Una manera de afrontar la coyuntura? Seguramente. Mísia cree que frente a los años de crisis en varios países de Europa, un menú como el de Delikatessen... es una respuesta "con estilo". ¿Y de qué se trata? De eso que siempre ha rodeado su universo primario; el fado, por supuesto, con toques de tango y de bolero, más algunos desserts que terminan de darle color y sabor a su propuesta musical. "Estamos en crisis, por eso mismo voy a comer las mejores canciones", decía a fines del último año, cuando lanzó su álbum para el mercado europeo.
Es cierto que a esta cantante portuguesa se la sigue asociando con el fado, sindicando como embajadora de esta música, fronteras afuera de de su país, y como continuadora, de alguna manera, de la tarea emprendida por Amália Rodrigues. De hecho, el 19 del mes que viene ofrecerá una actuación en el Festival de Fado de Madrid que será un homenaje a Amália. Pero la música que pasó y sigue pasando por la voz de Mísia toma de muchas de las geografías por las que caminó y de los encuentros con colegas con los que se cruzó en escenarios o en otras situaciones que dispararon proyectos artísticos.
Como en sus primeros discos, en los que se la escuchó como una cantante diferente –esa que podía ir más allá de la tradición para darle colores actuales a un bello repertorio–, su nueva placa abre con un fado con toque tanguero.
Pronto el disco comienza a ganar matices con el aporte de los invitados, sin perder esa intimidad que está planteada desde la voz y el piano, con muy buenos arreglos de Fabrizio Romano. Ya en el segundo track convida con un cha cha cha. Todo los platos son exquisitos. ¿Cuáles son los mejores? Eso lo define el paladar de cada oyente. Tal vez la interacción con Adriana Calcanhotto en "Qué será". Tal vez "Rastros do infinito", donde la voz de Mísia surge apenas acompañada por el piano; o quizás la chaveliana "Esas lágrimas son pocas", o la cándida y a la vez triste "Nanas de la cebolla", con la excelsa pluma de Miguel Hernández y la música de Alberto Cortez. Tampoco son para despreciar las dos francofonías de su voz en "Oblivion", de Piazzolla, y "La chanson D’Heléne" (de la banda de sonido de Les choses la vie), con unas pocas frases pronunciadas por Iggy Pop, casi un Barry White con acento francés. Aunque no tenga a los invitados, el menú estará disponible en Buenos Aires.
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