No Te Va Gustar: el dolor, las alegrías y los desafíos de la popular banda uruguaya, en un libro autobiográfico

Fuente: RollingStone - Crédito: Ignacio Arnedo
Sebastián Chaves
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1 de febrero de 2019  • 16:43

"Lo difícil no es llegar, lo difícil es mantenerse". El viejo proverbio que se repite como regla de oro en el mundo del espectáculo encuentra en No Te Va Gustar un caso de éxito. En sus 25 años de existencia, los formados en Uruguay lograron explotar como una de las bandas más convocantes a ambos costados del Río de La Plata en los años post Cromañón y desde entonces no han parado de llenar estadios. Tamaña odisea ahora puede leerse en las más de 450 páginas que conforman Memorias del olvido (Editorial Planeta), el libro que recorre desde la prehistoria hasta la actualidad de la banda más convocante del rock uruguayo.

Escrito por Mateo Crespo, Memorias del olvido es el resultado de un amplio trabajo de archivo (testimonial y fotográfico) y de más de 60 entrevistas que los músicos le concedieron al periodista a lo largo de dos años de trabajo conjunto. A continuación, algunos momentos destacados del libro:que LA NACION adelanta en exclusiva.

El ADN musical de Emiliano Brancciari

Tanto las melodías de adhesión instantánea como los coqueteos folclóricos han sido una marca registrada de No Te Va Gustar. En Memorias del olvido, Crespo logra rastrear el germen de esa fórmula en los primeros recuerdos musicales de Emiliano Branciari, líder del grupo.

Emiliano era un típico niño inquieto y molesto, criado en medio de una familia ruidosa. Iba al colegio caminando —quedaba a cuatro cuadras de su casa— y todas las tardes jugaba al fútbol con sus amigos en la vereda o con sus primos de a la vuelta, cuyas casas se conectaban por el fondo. Sus primeros recuerdos musicales se remontan a aquellos tiempos. "Siempre había algo con música sonando en la casa, y se hacían muchas juntadas con guitarreadas para festejar lo que fuera. Venía gran parte de mi familia uruguaya que vivía en Montevideo y se cantaba de todo. El repertorio era gigante, iba alternándose, desde Zitarrosa hasta Nino Bravo. Mi vieja y sus hermanos eran los que más tocaban. Me gustaba mucho todo eso; había un bombo legüero y me fascinaba tocarlo".

El nombre

Aunque ya pasaron 25 años, el nombre del grupo sigue siendo motivo de sorpresa para quienes lo escuchan por primera vez. En alguna oportunidad, de hecho, sus propios integrantes reconocieron no estar convencidos pero que ya era demasiado tarde para cambiarlo. Una fecha límite, la del primer show en vivo, el 24 de junio de 1994, fue determinante para que apuraran el bautismo. Así lo cuentan en el libro:

Se acercaba la fecha del festival, las canciones comenzaban a rodar lentamente y la banda todavía no tenía nombre. El Loche, en su rol paternal y su carácter de profesional, venía machacando para que se decidieran de una vez. Una tarde Emiliano y Mateo estaban en Av. Italia y Comercio, su punto de encuentro para ir a ensayar a lo del Loche. "Tenemos que conseguir un nombre", dijo Emiliano. "Urgente", respondió Mateo "y seguramente nos fumamos algo muy malo porque se nos ocurrió un nombre que no puedo decir por cábala. No tengo la menor idea de cómo generamos ese adefesio. Por suerte duró una caminata". Era un nombre complicado, tres palabras medio en inglés, medio en español. No estaban convencidos pero tampoco se les ocurría nada superador. Llegaron a lo del Loche, que los recibió en la puerta mientras despedía a un alumno. Antes de decirles hola, largó: "Bueno, ¡dale! ¿Cómo vamos a llamarnos para el show?". Empezaron a dudar, balbuceando y frotándose la pera. Se habían arrepentido rápidamente del nombre que habían elegido. "Pasa que… no te va gustar", dijo Mateo. "¡Ja! ¡Qué bueno!", contestó El Loche. "¿Qué?", preguntaron los dos juntos. "‘No te va gustar’. ¡Está bueno!". "No, pero el nombre es…", contraatacó Mateo. "Horrible", espetó El Loche. "‘No te va gustar’ está buenísimo. Es ese. A ensayar", sentenció. Había nombre. Polémico, provocativo, chocante. Pero un nombre, y quedaría para siempre.

El debut

El 24 de junio de 1994, No te Va Gustar subiría por primera vez a un escenario en el marco de un festival solidario para la biblioteca del Liceo 10, colegio al que asistieron varios de sus miembros. Entre el frío de la noche y la noticia del doping positivo de Maradona en el Mundial de Estados Unidos, los músicos recuerdan aquel día fundacional:

Luego de dos meses de ansiedad y preparativos llegó por fin el día del debut, que fue el más frío del año. La de Alto Perú es una plazoleta irregular en la cima de una lomada, sobre una maraña de callecitas que suben y bajan; desde ahí puede verse el mar asomando entre los tejados y los edificios; a lo lejos, algún carguero cortando con su silueta el gris horizonte del invierno. Corría un viento helado que tajeaba la piel. Emiliano: "Es el día que a Maradona le da positivo el antidoping. Yo había llegado a Uruguay hacía relativamente poco y me importaba mucho lo que pasaba con la selección argentina. ¡Hacía frío, mucho frío! En ese momento tomábamos cantidades de vino cortado con gaseosa, en damajuana o rellenado en los bares. Ibas con una botella de lo que fuera, tenían unas canillitas y te la rellenaban con un vino nefasto. Bueno, entre el frío y los nervios de la espera se tomó mucho vino desde temprano, por eso es que no me acuerdo mucho del show en particular. Lo que más recuerdo es ir por la calle besándome con dos pibas que eran primas. Una cosa rarísima, un episodio extraño, todo muy loco". Se acercaba la hora de tocar, la banda anterior ya estaba en el escenario y El Loche no aparecía. Nunca apareció. Se concretaba la peor pesadilla, que no llegue el baterista. No existía el celular y era imposible comunicarse. Emiliano caminaba por las paredes. "¿Qué hacemos? No podemos tocar. Entonces lo agarramos al Chamaco, que estaba atrás del escenario, lo pusimos contra la pared y le dijimos: ‘¡Nos tenés que salvar! El Loche no viene’. Él tocaba más tarde con Cerrado por Duelo en el mismo festival. Le pasamos la lista de temas y tuvo que aceptar". Darío Prieto tuvo su paso fugaz por esta incipiente formación del primer show. A pesar del vino barato, recupera desde el fondo de su memoria algunos recuerdos. "Fue tremenda hippeada, bruta colgadera. Todavía no era NTVG, era el inicio, una barra del Liceo coqueteando con el arte. Aun así, lo vivíamos con los nervios de un primer show; era la primera vez que yo tocaba con público. Se respiraba gente queriendo hacer cosas, motivación artística. Yo cantaba y tocaba la guitarra pero me acuerdo que tenía los dedos duros por el frío. Envidiaba a los que escupían fuego. Había que tomar mucho vino. Esa noche Emi estaba nervioso porque el batero no llegaba. Decidimos subir con el Chamaco y tocamos siete u ocho temas en total. Tengo el recuerdo de que había mucha gente pero no sé, tal vez eran los nervios".

"El show era sobre el techo de la biblioteca, con una baranda y una mezcla de canteros, no era un escenario", completa Mateo con sus esporádicos flashes de aquella lejana noche. "A pesar del sonido de m,,, fue un show mágico, pero no lo recuerdo como ¡guau, qué bien que sonó, qué buenas luces había! Un recital de barrio organizado por un Liceo. Lo nuestro también era medio catrasca todavía. No entendíamos del todo bien la jugada del ensamble. Igual la pasamos divino porque era de las primeras cosas que estaban sucediendo. Te daban un espacio y podías hacer bardo de noche, con gente, equipos, luces. Eso no era común".

El largo camino a la fama

La proyección internacional de No Te Va Gustar comenzó a vislumbrarse con la grabación de Este fuerte viento que sopla (2002), su segundo disco de estudio. Luego de firmar contrato discográfico con Warner, el grupo se fue a grabar a Chile. Y si bien el resultado fue el esperado, también tuvieron que aprender a lidiar con los tiempos de las grandes empresas. Del encanto al desencanto, en palabras de los músicos:

Para Emiliano, en términos musicales fue alucinante: "Estábamos enamorados del disco. Si bien no me gusta mucho el sonido porque es demasiado hi-fi, muy radial, está plagado de buenos temas que siguen vigentes. ‘No hay dolor’, ‘Te voy a llevar’, ‘No necesito nada’ o ‘Clara’, que tuvimos que grabarla en La Zapada, la sala de ensayo de Montevideo donde habíamos hecho el demo. En Chile no tenían coros de murga y tampoco entendían el concepto".

"Salir del país para grabar con un sello internacional fue una apuesta que no salió como queríamos pero que de alguna manera nos probó que teníamos acceso a ese tipo de negocios —analiza El Japo—. Creo que ahí se consolidaron un montón de cosas en cuanto a la parte artística. Se notó un cambio. Es, hasta el día de hoy, el disco de la banda que tiene más hits. Teníamos muchas canciones buenas, la energía justa, un poco de experiencia, más confianza, la cantidad exacta de ingredientes que se precisan para hacer un álbum más completo. Si bien Solo de noche tiene temas importantes que seguimos tocando, con Este fuerte viento que sopla, la cosa explota".

Fuerte abrazo: la banda en sus comienzos y el rito antes de la salir a escena que se renueva show a show
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Emiliano: "No teníamos comunicación con Chile. El único que hablaba era Andrés Sanabria, que se comunicaba por teléfono con el presidente de Warner. En la compañía estaba Luis Miguel, y de ahí para abajo había una cantidad de artistas que tenían prioridad. Nosotros éramos el grupo uruguayo desconocido que no les daba ninguna certeza, estábamos en el último cajón de los cajones. Pero para nosotros estábamos primeros, antes que Luis Miguel, ¡era nuestro proyecto de vida! Pasó mayo, pasó junio, julio… Llamábamos a Sanabria todos los días y nos decía: ‘Sí, hoy hablé con Alfonso, que está no sé dónde, cuando vuelve hablamos’. Era desesperante. Se desmoronaba todo. Siempre tuvimos la decisión artística pero en ese momento perdimos la decisión de los tiempos, que es vital para un grupo de rock. Es clave decidir cómo y cuándo hacer las cosas. Sentimos que la habíamos errado. Tá… Dimos el mal paso y para colmo estábamos agarrados por tres discos. Vimos un panorama realmente oscuro".

La muerte de Marcel Curuchet

2012 fue, sin dudas, el año más doloros para No Te Va Gustar. En plena gira por Estados Unidos, Marcel Curuchet, tecladista, murió en un accidente en moto mientras iba desde Washington a Nueva York. Así recuerdan ese momento sus compañeros de banda en algunos de los párrafos del capítulo que narra lo sucedido:

"Era un día hermoso en pleno Nueva York, con todo ese quilombo alrededor —rememora el percusionista Gonzalo Castex—. Cuando Nico atendió el teléfono vi claramente la cara que puso. Le cambió la expresión por completo. ‘Pasó algo con el Curucha’, pensé. Lo imaginé en ese momento. Cuando nos contó, nos quedamos congelados en medio de miles de personas que avanzaban por las calles de Manhattan. Sonaba ‘Imagine’, de Lennon, que salía de algún parlante por ahí cerca. No me lo olvido más." "Mi hermano estaba viviendo hacía un año en Nueva York y había ido para vernos —recuerda el Bambino—. Para mí iba a ser una fiesta. No lo veía hacía mucho y estaba emocionadísimo. Me encontré con él y nos fuimos juntos para la prueba. Llegamos al B.B. King y ahí nos enteramos de lo que había pasado. En veinte minutos pasé del pico de euforia de ver a mi hermano en Nueva York a enterarme lo de Curucha. El choque de emociones fue muy fuerte. Después no me acuerdo de mucho más, se ve que tengo un mecanismo en la mente."

"Llegué al B.B. King con el Bambino y el hermano —retoma el relato Emiliano—. Como ya sabíamos dónde era, fuimos caminando cada uno por su cuenta; no había camioneta y quedamos en vernos ahí a la hora de la prueba. Aparecimos unos minutitos tarde, entramos al camarín y me encontré con todos sentados, en silencio. Japo me miró, y con cara de preocupado me dijo: ‘Parece que Marcel tuvo un accidente en la moto’. Todavía no teníamos demasiada información. De hecho, estábamos por probar sonido y yo todavía pensaba: ‘Ojalá no se haya quebrado las manos, así puede tocar’. No sabíamos nada. Al ratito nos contaron que se había golpeado la cabeza. Él chocó en la Kawasaki del amigo, porque en el medio del viaje cambiaron de moto. Además fue a poca velocidad, saliendo del peaje, un lugar donde de repente se te aparece Manhattan en todo su esplendor. Marcel estaba todo el día con la cámara, registrando imágenes para NTVG TV. Mi teoría es que quiso sacar fotos o filmar algo y ahí perdió el control de la moto. El amigo no vio el accidente porque iba adelante. Lo perdió de vista, y cuando volvió se encontró con el desastre."

"Quedamos en una burbuja de dolor espantoso —describe Emiliano—. O sea, era como estar drogado en un estado de aturdimiento tal que no llegaba a comprender lo que nos había pasado. Llegamos a Montevideo con un par de días de diferencia y fuimos a buscar el cuerpo a la parte vieja del aeropuerto, el sector militar. Había prensa, gente, y nosotros en una nube de angustia tremenda".

Sentir el presente

Sobre el final del libro, los músicos miran en perspectiva y hacen un balance de pasado, presente y futuro de No Te Va Gustar. Disfrutar y seguir parece ser la conclusión grupal:

"Creo que estamos en un momento de madurez, tanto en lo personal como en lo artístico, ideal para disfrutar del presente y del camino recorrido —reflexiona Mauricio Ortiz—. Hay que seguir trabajando y compartiendo experiencias, respetándonos y tratando de que ese granito de arena que ponemos todos quede plasmado en nuestra música y en lo que hacemos por muchos años más".

"Hace un tiempo caí en la cuenta de que estuve más de la mitad de mi vida en NTVG —calcula Emiliano Brancciari—. Sacrifiqué cosas importantes, tuve que ver a mi hijo dar sus primeros pasos a través de una computadora y me perdí alguno de sus cumpleaños. De alguna manera di la vida por esta banda y hoy llego a la conclusión de que volvería a hacerlo, porque en definitiva es mi vida."

"Siempre hay que recordar que tenemos un propósito —agrega Martín Gil—. Más allá de todas las complicaciones que hemos tenido siempre hablamos de la longevidad, de perdurar y trascender. El deseo que tenemos es seguir haciendo lo que nos gusta, y para eso tenemos que saber qué somos, quiénes somos, cuidarnos entre nosotros y potenciarnos, y tener una vida positiva en la banda y en nuestras familias porque eso redunda en No Te Va Gustar, que es lo que somos todos juntos. Aprendimos a disfrutarlo con sus cosas buenas y sus cosas malas, y a entender que la que nos tocó es una enorme buena fortuna. Un proyecto entre compañeros y amigos, un sueño, una locura. Tocar en tantos lugares, viajar por el mundo, el contacto con el público, conocer tanta gente. Es una vorágine y una aventura magnífica. Y siempre con el sostén de la familia acompañando. Ojalá podamos seguir haciéndolo de por vida."

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