Noches mágicas en el bar del Chino
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Un boliche perdido en el interior del barrio de Pompeya se transformó en uno de los más visitados de la noche porteña. El Chino -artífice, cantor, fanático de Huracán y dueño del mítico local de la calle Beazley- generó un ambiente ideal para toda clase de público.
Allí se mezclaron desde camioneros, viejos habitués de lo que comenzó como un almacén de despacho de bebidas heredado de su familia, hasta reconocidos actores, turistas, chicos modernos y snobs, que se autoconvocaban en esas madrugas mágicas que siempre tenían un sabor especial, cuando El Chino dejaba el mostrador y se ponía a cantar con los ojos entrecerrados y el alma desgarrada aquellos inolvidables valsecitos. Después le seguía, siempre sin sonido, a viva voz, un "elenco" informal que maravillaba a todos por igual.
En el último tiempo, la moda y los precios espantaron a muchos de sus clientes. Pero sus amigos defendían el templo tanguero a capa y espada. "Un boleto al pasado no tiene precio", decían. Y es así.
La personalidad del Chino -siempre dispuesto a la charla, a mostrar sus efectos personales más queridos como el banderín del Globito o la foto de Gardel- invitaba siempre a la vuelta, ya sea para probar sus jugosas empanadas, sus deliciosos pastelitos o para terminar rematando la noche de un viernes o un sábado cantando con el garguero mojado de vino.
Tras la triste pérdida de Jorge "Chino" Garcés, el 21 de agosto último, por un problema cardíaco, su familia seguirá adelante. "El Chino me pidió que esto tenía que seguir. Esto tiene que ser como una familia", dice Delfina, su mujer.
Con ese espíritu y el recuerdo de ese querible personaje de la noche porteña, el local reabrió sus puertas, proponiendo ese viaje al pasado y el encuentro informal con esos artistas que no tienen precio. Los aficionados al boliche los conocen bien: Omar Lauría, Julio César, Carlos "Morancito" Rago, Marcelo Muñoz, Horacio y Toto Acosta y la señora Inés. El local sigue con el lema pintado en sus desvencijadas paredes: "Abierto de 10 a 10". El ritual y los recuerdos de El Chino siguen vivos en el corazón de Pompeya. Allí donde el tango reza: "Sur, paredón y después...."



