
Oscar Brown Jr. entretenía e inspiraba
Sin haber alcanzado nunca la consideración que merecía en algunas de las zonas de la música popular en las que sobresalió, Oscar Brown Jr. murió el martes último en Chicago, a los 78 años, despedido apenas como el hombre que le puso letra a "All blues", de Miles Davis, probablemente porque las grandes canciones por las que debería ser recordado han caído en el olvido junto con los grandes ideales de solidaridad y justicia que expresaban.
Cuando apareció su primer disco, en 1961, ya era conocido como un compositor identificado con los movimientos reivindicativos de los derechos civiles de los negros, capaz de formular sus demandas con inteligencia, sensibilidad y gran sentido del humor. Mahalia Jackson, que rara vez se apartaba del repertorio religioso, le había grabado el arrullo "Brown baby", y eran suyos los versos cantados por Abbey Lincoln en "¡Insistimos! Libertad ya", la combativa suite de Max Roach.
Pero "Sin and Soul", título de aquel álbum inicial que Brown nunca logró superar, reveló que la denuncia política redactada con ironía era sólo un aspecto del talento de este autor muy versátil, dotado también para la sátira costumbrista, la balada folklórica y el riesgoso arte de crear versos dignos para instrumentales del jazz, con aciertos como "Dat Dere", de Bobby Timmons; "Afro blue", de Mongo Santamaría, y el enorme éxito que fue "Work song", con música de Nat Adderley.
Lo que no se sospechaba y el disco puso en evidencia es que Oscar Brown era un intérprete espectacular -Miles Davis decía que tocar a continuación de él era como hacerlo después de la Tercera Guerra Mundial-, una especie de Harry Belafonte con menos glamour y más cinismo tan difícil de encasillar como cantante de blues, jazz o rock que sólo se podía explicar comparándolo con un fenómeno similar de ductilidad y dominio escénico que también utilizaba Junior al final del nombre: Sammy Davis.
Había cumplido treinta y cuatro años cuando la fama, que no iba a ser enorme ni duradera, le llegó inesperadamente, poco después del fracaso de "Kicks and company", una ambiciosa revista con canciones comprometidas que llegó a estrenarse en Chicago, pero que, no obstante el momento político favorable y el apoyo del mismísimo Martin Luther King, nadie quiso producir en Broadway.
Establecido como un número favorito de los ámbitos progresistas con "Oscar Brown Jr. Entertains", un espectáculo unipersonal que cambiaba de contenido pero no de título -el escándalo Profumo era el tema cuando lo presentó en Londres-, siguió creando canciones que habitualmente otros convertían en hits, como ocurrió con "Fruto prohibido", insuperablemente cantada por Nina Simone, y "La serpiente", otra alusión a la pérdida del Paraíso que sirvió para consagrar a Al Wilson.
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Sin alcanzar nunca la popularidad de Ray Charles o James Brown, Oscar fue tan importante como ellos para consagrar el soul como estilo independiente y una influencia extraordinaria en la generación siguiente de compositores negros con intenciones testimoniales. "What´s going on", "Mercy, mercy me" y "The world is rated X", del gran Marvin Gaye, podrían haber sido escritas por él, lo mismo que "Superfly" o "Pusherman", de Curtis Mayfield.
Lo paradójico es que, por su manera más informal y agresiva de presentar las canciones, esa corriente de nuevos autores que inspiró fue la misma que mató su posibilidad de convertirse alguna vez en un ídolo masivo, y lo dejó encerrado para siempre en el circuito de clubes similares al Village Gate y centros universitarios de izquierda, escuchado no como el gran cancionista testimonial de la década del sesenta, sino como una curiosidad más de los tiempos de Malcolm X.
Alcanzó a grabar once álbumes -"Sin and Soul" volvió a ser una sensación cuando lo reeditaron en 1996- y se dio el gusto de estrenar en Broadway "Buck White", que a pesar de ser elogiado como un modelo de nuevo teatro musical negro y de tener a Cassius Clay interpretando el rol principal no llegó a durar una semana, un fracaso que no le impidió seguir ligado al teatro por el resto de una vida que acaba de concluir.


