Paralelo 33° desafía cualquier clasificación
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Concierto de Paralelo 33° (Martín Diez, Pablo La Porta, Gabriel Luchetti, Fabián Keoroglanian, percusionistas). Programa: obras de Piazzolla, Keoroglanian, La Porta, Luchetti, Frank Zappa y Torres. Ciclo "Una hora de buena música", temporada de verano del Teatro Colón.
Nuestra opinión: excelente
De acuerdo a los instrumentos que se observen sobre el escenario, sean los de una orquesta sinfónica, de un cuarteto de jazz, de un conjunto de música tropical, de una orquesta típica, de una banda de rock o de un trío de cámara, todos, en mayor o menor medida, pueden hacerse una idea bastante aproximada sobre el tipo de música que van a presenciar. Pero, ¿qué sucede si sobre el escenario el panorama es el de una treintena de instrumentos de percusión sin un aparente ordenamiento lógico? De izquierda a derecha y de adelante hacia atrás, ocupando casi toda la tarima del foso del Colón se encontraban tumbadoras, xilofones, metalofones, marimbas, un vibráfono, panderos y panderetas, cencerros, cajas, campanas, timbales, güiros, una batería convencional, platillos, tambores, un gong, instrumentos propios de etnias cercanas y lejanas y una larga serie de instrumentos informales.
Pues bien, la respuesta a aquel interrogante la podían tener sólo los que ya habían experimentado las maravillas de Paralelo 33°, una agrupación que desafía cualquier taxonomía. Durante una hora, ofrecieron un concierto de muy buena música, inclasificable y sorprendente, muy bien presentada y vertida a pura pasión y felicidad por unos músicos que estaban en estado de emoción profunda por estar tocando en el "gran coliseo".
Sin incluir las obras especialmente escritas para ensambles de percusión por compositores contemporáneos, que el conjunto, habitualmente, también toca, el programa de este concierto veraniego estuvo integrado por arreglos muy bien logrados de tres tangos de Piazzolla y de temas de Frank Zappa y una serie de piezas de ellos mismos. En realidad, las diferencias entre los arreglos y las obras de la propia cosecha fueron apenas perceptibles ya que unas y otras fueron el producto de un trabajo arduo, minucioso y muy bien planteado a partir del conocimiento profundo de las potencialidades de los instrumentos de percusión de los cuales disponen. El concierto, zigzagueante y versátil, comenzó con "Escualo", de Piazzolla, sólo con instrumentos de placa. Le siguió una fiesta percusiva: con los dedos, las manos y el alma, sin baquetas ni sonidos temperados, el cuarteto, desde el proscenio, con tres panderos de distintos tamaños y un durbake, un tambor de las culturas mediterráneas, interpretó "Aznahad", de Keoroglanian, y "La Porta", una pieza articulada en varias secciones, con multimetrías extrañísimas, con arreglos exactos y pasajes improvisados y entremezclados.
Fueron pasando las obras, sin reiteraciones ni redundancias, con pasajes de alto lirismo, con ritmos provenientes de diferentes fuentes, como el jazz o el candombe, con improvisaciones libres o bien acompasadas y siempre con alternancias y rotaciones de los músicos por diferentes instrumentos.
La insuperable actuación de Paralelo 33° tiene dos bases de sustentación. Por un lado, los cuatro son percusionistas consumados, con destrezas técnicas académicas y, al mismo tiempo, con un contacto fluido con la música popular. Y la segunda, es que cada uno de ellos aporta lo mejor de sí en función del conjunto.
Como las palabras nunca pueden reemplazar la vivencia sonora, aquellos que quieran saber cómo suena este cuarteto de percusión, pues deberán estar atentos a una próxima presentación de Paralelo 33°. Para esto, claro, tendrá que haber directores, managers, productores, empresarios y gestores culturales que decidan abrirles más frecuentemente sus puertas. Ojalá así sea. Nadie saldrá perdidoso.



