Recordando a Pete Shelley: el máximo punk romántico

El cantautor, que falleció el jueves 6, le aportó una nueva honestidad emocional al género, y articuló el deseo queer en un momento en el que aún era tabú
El cantautor, que falleció el jueves 6, le aportó una nueva honestidad emocional al género, y articuló el deseo queer en un momento en el que aún era tabú Crédito: Andre Csillag/REX/Shutterstock
Rob Sheffield
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8 de diciembre de 2018  • 10:56

Rompan sus copas por el fallecido y genial Pete Shelley de los Buzzcocks, uno de los compositores más humanos, compasivos y emocionalmente crudos que jamás haya escupido el punk, por no mencionar el más gracioso. Dio vuelta todos los códigos de género del rock & roll, sacándose de encima con indiferencia los clichés masculinos heredados por el punk, y poniendo todo su corazón en viñetas de tres minutos. "Ever Fallen In Love", "Get on Our Own", "What Do I Get?", "I Don’t Know What to Do With My Life". Estas canciones eran tan emocionalmente urgentes que sus pares parecían caricaturas babeándose. Pete Shelley tenía su propia colección virtuosa de gritos, suspiros y gemidos -su jugada clásica era su "aaaoooooooow" para anunciar un estribillo o un solo de guitarra-. Hizo por los lloriqueos amorosos lo que Hendrix por la distorsión. Este tipo siempre supo cómo transformar la miseria romántica en una gran risotada.

Los Buzzcocks lanzaron tres discos entre 1977 y 1979 - Another Music in Another Kitchen, Love Bites, A Different Kind of Tension- y uno de los discos de grandes éxitos más perfectos de la historia, Singles Going Steady. El cuarteto de Manchester inventó un nuevo estilo de rasgueo de guitarra rítmica súper frenético y acelerado combinado con melodías estilo McCartney. Sus canciones eran tan cándidas y francas acerca de las frustraciones de sexualidad y espiritualidad extrañas como alegremente autoparódicas. Cuando los Buzzcocks tocaron en Top of the Pops, él miraba a la cámara con una mueca taciturna, disfrutando de lo poco cool que era. También podés escuchar el deseo queer que articuló en canciones como "Orgasm Addict", una época en la que era absolutamente tabú. Eligió su nombre artístico porque "Shelley" era como planeaban ponerle sus padres si hubiera nacido mujer -una jugada audaz en sí misma-.

El hit británico de 1978 "Ever Fallen In Love" es su canción más famosa, como se merece. Resume todo lo que los Buzzcocks tenían para decir, incluso en el astuto temblor en su voz cuando lanza con desdén la pregunta: "¿Alguna vez te enamoraste de alguien de quien no deberías haberte enamorado?". Shelley sonaba como si le estuviera advirtiendo a mi yo adolescente acerca de los desamores que se venían -y de manera muy acertada, como resultó ser-. Pero hay tanto humor y exuberancia en la música, que hacía que el desamor sonara como parte de una aventura, asegurándome que sería de tonto perdérmelo. En sus canciones, siempre está volviendo a su casa caminando solo, lamentándose por haberse ilusionado, y consolándose en el hecho de que aprendió la lección (no la aprendió) y que la próxima vez va a ser más fácil (no lo será).

Nacido en 1955, Shelley aprendió a tocar la guitarra con canciones de los Beatles, después incursionó en la psicodelia electrónica, eventualmente armando una banda en el Bolton Institute of Technology con su colega Howard DeVoto. Shelley y DeVoto leyeron la primera reseña de los Sex Pistols en la NME, y viajaron en auto a Londres para ser testigos de un show. Invitaron a los Pistols a Manchester -su primer recital fuera de Londres-. El show se convirtió en mito con los años, porque en el público había incontables futuras leyendas de Manchester -desde Morrissey, hasta Joy Division, pasando por el tipo de Simply Red-. La siguiente vez que los Pistols tocaron en Manchester, los Buzzcocks lograron ser sus teloneros -a pesar de que nunca antes habían tocado en vivo-.

Cuando se dieron cuenta de que la moda del punk en Londres nunca iba a hacer que tuvieran un contrato discográfico en Manchester, lanzaron su clásico EP debut, estilo Do It Yourself, titulado Spiral Scratch, en su propio sello New Hormones, con el himno "Boredom". Tres semanas después, DeVoto renunció, anunciando: "No me gusta la música. No me gustan los movimientos". (Empezó su gran grupo, la más arty Magazine). Shelley pasó a la voz principal y los Buzzcocks inmediatamente empezaron a lanzar un torrente de singles de pop punk perfectos, desde el desesperado yodel sexual de "Get on Our Own" hasta la desilusión de "I Don’t Mind". "Orgasm Addict" empieza sonando como una rareza acerca de la masturbación, hasta que toma un giro gay explícito hacia el final: "Estás buscando en un callejón, y tu voz no es firme/El mecánico es duro, y vos estás más que listo". Ni siquiera los punks estaban preparados para esto.

Como le dijo Shelley a Tony Wilson en 1978 en un capítulo de So It Goes: "A veces podés frustrarte cuando de hecho querés decir algo, pero no sabés cuáles son las palabras adecuadas, o no tenés la capacidad de hacerlo". Esa frustración era la especialidad de Shelley. Floreció en A Different Kind of Tension, el último disco de la primera serie de los Buzzcocks, en los desoladores siete minutos de "I Believe", donde Shelley aúlla la frase: "There is no love in this world anymooo-aaah [No hay amor en este mundo, ya noooo]", sobre la energía primal del guitarrista Steve Diggle, el bajista Steve Garvey, y el baterista adolescente y fornido John Maher.

Los Buzzcocks se desmoronaron, pero Shelley tenía una bomba solista para lanzar: su single de synth-pop de 1981 "Homosapien", alejándose del punk hacia una oda de Eurodisco estilo Bowie al callejeo queer. No hay nada de timidez en esta canción, no cuando Shelley lanza: "Un homo superior en mi interior". Fue un éxito de MTV, y no fue hasta que vi el video que entendí de lo que cantaba -demasiado claro para un americano suburbano sin idea de nada- y me di cuenta de que un rock star me miraba a los ojos y cantaba acerca de desear a un hombre: "Yo soy el que persigue, vos sos el perdedor, usted y yo, señor". "Homosapien" estaba adelantada por años a su época. Pero así fue siempre con Pete Shelley.

A finales de los ochenta, volvió a reunir a los Buzzcocks y siguió tocando grandes shows como si no hubiera pasado nada. Shelley vivió lo suficiente como para ver su música engendrar a incontables grupos en todo el mundo, desde The Go-Gos hasta Nirvana, Green Day, y Blink-182. También vivió lo suficiente como para ver cómo usaban "Everybody’s Happy Nowadays" en propagandas de televisión para AARP. El verano de 2017, tocando en el Webster Hall de Nueva York con The So So Glos, los Buzzcocks estuvieron más furiosos y graciosos que nunca, empezando con "Fast Cars" y no parando en ningún momento.

La canción de The Buzzcocks que más me pegó es una que nunca fue un éxito: "ESP", un tema desconocido de su Love Bites, de 1978. Shelley canta acerca de leer la mente -""Do you believe in ESP?/I do and I’m trying to get through to you" ["¿Creés en la percepción extrasensorial (ESP)?/Yo sí, y estoy tratando de llegar a vos"]- sobre un loop de guitarra atrapante que se construye durante cinco minutos. Es una canción sobre los rituales ocultos del cruising, una canción sobre la disfunción emocional masculina, una canción sobre un chico solitario buscando algún tipo de contacto humano con otro homo sapiens. A diferencia de sus singles de pop, no es una construcción estricta de estrofa-estribillo-estrofa -los cuatro Buzzcocks se detienen en el groove, revelando la influencia de art-rock alemana oculta en el clóset de Shelley. (Le gustaban Can y Tangerine Dream). La guitarra parece una señal en código Morse lanzada al vacío, en caso de que haya algún espíritu afín cerca. Pete Shelley hizo que muchos de nosotros nos sintiéramos como espíritus afines, y eso es precisamente por lo que se lo lamenta y celebra hoy.

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